El arzobispo de Tánger pide vías legales de inmigración tras la invasión de Ceuta

El arzobispo de Tánger pide vías legales de inmigración tras la invasión de Ceuta

El arzobispo de Tánger, monseñor Emilio Rocha Grande, ha vuelto a pronunciarse sobre las consecuencias de la entrada masiva de inmigrantes desde Marruecos a Ceuta registrada a finales de julio y ha defendido la creación de vías regulares de inmigración vinculadas al empleo y a la formación. En una entrevista concedida a la agencia SIR, el prelado ha puesto el acento en los fallecidos durante los intentos de alcanzar territorio español y en la situación que continúa atravesando la ciudad autónoma.

Las declaraciones llegan tres semanas después de una crisis migratoria sin precedentes en Ceuta. El Gobierno español ha situado posteriormente en torno a 80.000 el número de personas que entraron desde Marruecos durante los días 30 y 31 de julio, aunque la mayoría regresó posteriormente al país vecino. La presencia de miles de personas y de numerosos menores no acompañados continúa ejerciendo presión sobre los recursos de la ciudad.

Rocha pone el foco en los fallecidos

El arzobispo comienza su análisis por quienes perdieron la vida tratando de llegar a España. «Mi pensamiento va sobre todo a los chicos y chicas que han perdido la vida. Para mí es la situación más dolorosa», afirma Rocha, antes de señalar que las valoraciones políticas, sociales y económicas deben hacerse sin perder de vista el coste humano de lo ocurrido.

«Cada uno de ellos es un hijo de Dios, aunque muchos no lo sepan. Cada uno tenía proyectos, sueños, esperanzas y también decepciones», señala el prelado, que recuerda que muchos pusieron en peligro su vida esperando encontrar un futuro mejor en Europa.

Rocha también pide oraciones por los muertos y heridos y por los habitantes de Ceuta, que siguen afrontando las consecuencias de la crisis.

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Miles de personas permanecen todavía en Ceuta

Según explica el arzobispo a SIR, la situación en la localidad marroquí de Fnideq, próxima a la frontera, se ha tranquilizado después de las jornadas de finales de julio. La situación es diferente en Ceuta, donde permanecen miles de personas y existe una presencia significativa de menores no acompañados.

Rocha señala las limitaciones de una ciudad de reducidas dimensiones para asumir semejante presión migratoria y advierte de las dificultades sanitarias, alimentarias y de seguridad que aparecen conforme se prolonga la situación.

Las cifras sobre las personas que todavía permanecen en la ciudad varían según las fuentes. RTVE señalaba esta semana que las estimaciones oscilaban entre unas 5.000 y más de 8.000 personas, mientras las autoridades trabajan para ampliar los espacios temporales de acogida.

El espejismo de una Europa sin dificultades

El arzobispo insiste en un diagnóstico que ya había planteado públicamente durante los primeros días de agosto: Marruecos no es un país pobre, sino una nación en desarrollo que presenta importantes desigualdades y donde numerosos jóvenes aspiran a mejorar sus condiciones de vida.

A su juicio, las redes sociales desempeñan un papel importante al transmitir una imagen de Europa que no corresponde completamente con la realidad: salarios elevados, prosperidad generalizada y ausencia de desempleo o dificultades.

A ello se sumaría la imagen que transmiten algunos marroquíes residentes en países europeos cuando regresan temporalmente a su país. Según Rocha, con frecuencia presentan una situación más favorable que aquella en la que realmente viven.

InfoVaticana ya recogió este análisis del prelado a comienzos de agosto, cuando Rocha advirtió a los jóvenes marroquíes frente a las ilusiones que presentan Europa como «un paraíso en la tierra».

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El riesgo de lanzarse al mar sin saber nadar

Rocha llama además la atención sobre las circunstancias concretas en las que numerosos jóvenes intentaron llegar a Ceuta. Algunos, explica, procedían de zonas interiores de Marruecos y ni siquiera sabían nadar.

La corta distancia que separa determinados puntos de la costa marroquí de Ceuta puede generar la impresión de que alcanzar territorio español por mar es relativamente sencillo. Sin embargo, las corrientes pueden arrastrar a quienes intentan mantenerse a flote con medios precarios hacia aguas abiertas.

«Han muerto muchas personas y de muchísimas nunca se encontrará el cuerpo», lamenta el arzobispo, que describe la situación como de «gran desesperación».

La labor de la Iglesia en Marruecos

El arzobispo explica también el trabajo desarrollado por la Iglesia ante el fenómeno migratorio. La archidiócesis de Tánger cuenta desde hace unos quince años con una Comisión Diocesana de Migraciones que desarrolla su actividad principalmente en Tánger, Tetuán y Nador, esta última próxima a Melilla.

Durante la actual crisis, un equipo se ha desplazado también hacia la frontera de Ceuta.

La asistencia, según Rocha, no se limita a proporcionar ayuda material. La Iglesia ofrece apoyo psicosocial y ayuda con la documentación, tanto a quienes pretenden permanecer legalmente en Marruecos como a quienes desean regresar a sus países de origen.

«No es cuestión de construir muros»

Preguntado por la respuesta europea a la inmigración, Rocha reconoce que la Comisión Diocesana recibe también financiación de la Unión Europea, por lo que rechaza hablar de abandono por parte de Bruselas. Sí cuestiona, sin embargo, el enfoque general de la política migratoria.

«No es cuestión de prohibir el acceso, construir muros o poner más alambre de espino», sostiene.

El arzobispo propone realizar un trabajo más intenso de «promoción y formación» y establecer mecanismos que permitan una inmigración regular vinculada directamente a puestos de trabajo.

Rocha pone como ejemplo España, donde recuerda el descenso de la natalidad y la necesidad de trabajadores en determinados sectores. A su juicio, muchos de los jóvenes marroquíes que aspiran a emigrar tienen capacidad para aprender el idioma y adquirir una profesión.

Su propuesta pasa por que quienes lleguen a Europa puedan hacerlo «con un contrato de trabajo, de manera regular» y posteriormente integrarse «en la sociedad y en la cultura».

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