El arzobispo de Tánger desmonta el mito de Europa como paraíso para miles de jóvenes marroquíes

El arzobispo de Tánger desmonta el mito de Europa como paraíso para miles de jóvenes marroquíes

La invasión vivida en los últimos días en la frontera entre Marruecos y Ceuta ha dejado ver la permeabilidad de la frontera sur de Europa. Habiendo pasado ya unos días, el arzobispo de Tánger, monseñor Emilio Rocha Grande, analiza en una entrevista a Vatican News, las causas de este fenómeno y advierte del espejismo que lleva a miles de jóvenes marroquíes a jugarse la vida para alcanzar territorio europeo.

«Marruecos no es un país pobre, en el sentido de que la gente esté muriendo de hambre. Es un país en pleno crecimiento, pero ese crecimiento económico no beneficia a todos, especialmente a muchos jóvenes», explica el prelado. A su juicio, esa frustración se une a la imagen idealizada que muchos tienen del continente europeo.

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«Europa representa actualmente un paraíso para muchos de ellos», afirma. Según explica, esa percepción se alimenta tanto por las redes sociales como por los propios emigrantes que regresan temporalmente a Marruecos durante las vacaciones y transmiten una imagen de éxito que no siempre corresponde con la realidad.

El arzobispo reconoce que la mayoría de quienes lograron cruzar a Ceuta ya han regresado a Marruecos, pero recuerda que la tragedia continúa para numerosas familias. «Muchas no tienen ninguna información: no saben si sus familiares están vivos o muertos», lamenta.

Rocha explica que la Iglesia en Marruecos trató de responder a la emergencia ofreciendo agua y alimentos, aunque reconoce que «la crisis fue tan grave y se produjo en tan poco tiempo que los recursos que podemos poner a su disposición son limitados».

El prelado acogió también con satisfacción las palabras pronunciadas por León XIV tras el Ángelus del pasado domingo, cuando el Papa pidió afrontar esta situación desde la paz, la estabilidad y la justicia. «Las recibimos como palabras proféticas», asegura.

Para el arzobispo, la solución pasa por abandonar la instrumentalización política de la inmigración. «Los migrantes, al igual que quienes no emigran, no son objetos de comercio político o ideológico», afirma.

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Al mismo tiempo, dirige un mensaje claro a los jóvenes marroquíes tentados por la emigración irregular:

«Marruecos es un país donde se puede vivir, donde se puede trabajar. No se dejen llevar por las ilusiones difundidas por los medios de comunicación y las redes sociales, que presentan Europa como un paraíso en la tierra».

Finalmente, monseñor Rocha defiende que Europa y Marruecos deben reforzar su cooperación para favorecer cauces legales de movilidad y promover el desarrollo de África, pero insiste en que cualquier política migratoria debe partir de un principio irrenunciable: «La persona debe estar en el centro», porque «cada persona es un hijo de Dios, profundamente amado por el Señor».

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