El arzobispo de Tánger, Emilio Rocha, ha descartado que las mafias estén detrás de la entrada masiva de inmigrantes ilegales desde Marruecos a Ceuta y ha reclamado un «pacto de sensatez» que evite utilizar la crisis migratoria como instrumento de confrontación política.
En una entrevista emitida el sábado 1 de agosto en el programa La Linterna de la Iglesia, de COPE, el prelado sostuvo que quienes han cruzado la frontera no están pagando a organizaciones dedicadas al tráfico de personas y atribuyó la movilización principalmente a la difusión de mensajes a través de las redes sociales y a las expectativas generadas por las dificultades para ejecutar repatriaciones inmediatas.
«Yo creo que aquí las mafias no están actuando, porque las mafias actúan por dinero y los jóvenes que están saltando ni pagan», afirmó Rocha, quien también rechazó que la mayoría de ellos esté huyendo del hambre. «Marruecos no es un país pobre, no es un país en el que los jóvenes vayan huyendo del hambre», señaló.
Desigualdad y expectativas de prosperidad
El arzobispo explicó que muchos de los jóvenes que intentan llegar a España buscan «alternativas más exitosas» ante las desigualdades existentes en Marruecos y la imagen de prosperidad que asocian con Europa. Según indicó, en algunas familias marroquíes la llegada de uno de sus miembros a territorio español es recibida como una oportunidad de progreso económico.
«Cuando un joven lograba llegar a España y comunicaba “estoy en España”, era una fiesta familiar», relató. Esa percepción, añadió, convive con una visión crítica de Europa, a la que algunos marroquíes atribuyen una mayor riqueza material, pero también una «pérdida de valores éticos y morales».
Desde Tánger, Rocha describió una reacción desigual ante lo ocurrido. Mientras los medios oficiales marroquíes han tratado la crisis con cautela y como una situación en cierto modo previsible, parte de la población ha mostrado preocupación y, en algunos casos, satisfacción por la posibilidad de que familiares o conocidos hayan alcanzado España.
El impacto humano a ambos lados de la frontera
El prelado expresó su preocupación tanto por las personas que han cruzado la frontera como por los habitantes de Ceuta, donde la llegada masiva ha provocado una sensación de inseguridad e indefensión.
Rocha pidió que la crisis no se reduzca a cifras y recordó que «detrás de cada rostro hay una persona con proyectos, con sueños, con ilusiones». Al mismo tiempo, reconoció el impacto que la situación ha tenido sobre la población ceutí y la necesidad de atender las consecuencias sociales y de seguridad derivadas de una llegada de estas dimensiones.
Según las estimaciones citadas durante la entrevista, alrededor de 60.000 personas habrían entrado en Ceuta desde Marruecos y se habrían registrado 57 fallecidos.
Un «pacto de sensatez» entre los partidos
Ante la confrontación política generada por la crisis, el arzobispo reclamó a los partidos españoles que eviten convertir a los inmigrantes en «mercancía de intercambio político» o en «armas arrojadizas».
«Necesitamos un pacto de sensatez donde no utilicemos a los migrantes como mercancía de intercambio político», afirmó. A su juicio, las fuerzas parlamentarias deberían rebajar la tensión y buscar una respuesta coordinada que combine el control de la frontera con una gestión ordenada de la inmigración.
Rocha pidió también una mayor interlocución entre los gobiernos de España y Marruecos y propuso «trabajar más en la formación, menos en la represión», con el objetivo de favorecer procesos migratorios regulares e integrados. En este sentido, recordó que España necesita mano de obra, aunque insistió en que la llegada de trabajadores debe producirse de forma organizada.