El obispo auxiliar emérito de Coira (Suiza), monseñor Marian Eleganti, considera que la marginación de la Misa tradicional dentro de la Iglesia «se ha institucionalizado» y advierte de que el crecimiento de los movimientos de fieles, especialmente jóvenes, vinculados a la liturgia tradicional «no puede ser detenido desde arriba». En una entrevista concedida este miércoles a AdVaticanum, el prelado reclama que Roma reabra el debate sobre la reforma litúrgica, aunque mantiene su rechazo a las consagraciones episcopales realizadas por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) y sostiene que esta se encuentra en situación de cisma.
La entrevista retoma varias cuestiones sobre las que Eleganti se ha pronunciado durante los últimos meses: las restricciones al Vetus Ordo, la situación de la FSSPX después de las consagraciones del 1 de julio, la continuidad del proceso sinodal bajo León XIV y el modo contemporáneo de ejercer el ministerio petrino. Sobre este último asunto, InfoVaticana publicó el pasado 11 de agosto una amplia reflexión del propio obispo acerca de lo que considera una excesiva personalización mediática del papado.
«Ignorar las críticas no es una solución»
Eleganti lamenta que la cuestión litúrgica no haya ocupado un lugar relevante en los consistorios extraordinarios celebrados este año y considera necesario que los cardenales examinen las críticas formuladas a la reforma posterior al Concilio Vaticano II.
«Creo que deberíamos tomarnos en serio las críticas a la reforma litúrgica y volver a examinar la cuestión», afirma. A su juicio, los cardenales deberían comenzar ese análisis en un próximo consistorio en lugar de continuar aplazándolo: «Ignorar las críticas y fingir que todo está bien no es una solución».
El prelado vincula la situación actual con Traditionis custodes, el motu proprio promulgado por Francisco en 2021 que restringió la celebración según los libros litúrgicos anteriores a la reforma. Eleganti sostiene que existe una voluntad de no modificar esas restricciones y vuelve a cuestionar la interpretación que se hizo de la consulta previa realizada a los obispos.
Según el obispo suizo, la encuesta no mostró que el episcopado mundial reclamara medidas más severas contra la liturgia tradicional, sino que la mayoría de los prelados estaba satisfecha con la situación establecida por Benedicto XVI mediante Summorum Pontificum.
«Los movimientos desde abajo no pueden ser detenidos desde arriba»
Preguntado por el interés que sigue despertando la Misa tradicional entre los jóvenes, Eleganti responde afirmativamente cuando AdVaticanum le plantea si la marginación del antiguo rito ha terminado institucionalizándose.
El obispo considera, sin embargo, que esa política encontrará una respuesta: «Habrá una reacción. Los movimientos de base que surgen desde abajo no pueden ser detenidos desde arriba».
Para Eleganti, la jerarquía debe ofrecer una respuesta pastoral y teológica a quienes encuentran en la liturgia tradicional el silencio, la reverencia y la solemnidad que buscan. «No dar una respuesta es una mala respuesta», resume.
Su posición mantiene la línea que ya expresó en abril, cuando describió la reforma litúrgica posconciliar como una reconstrucción que había supuesto importantes pérdidas y defendió que el rito tradicional y el reformado pudieran coexistir sin convertirse en campos de batalla ideológicos.
La FSSPX «no es la solución»
La defensa de una revisión de la política litúrgica de Roma no lleva a Eleganti a respaldar el camino seguido por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X.
Tras las consagraciones episcopales realizadas por la FSSPX el pasado 1 de julio sin mandato pontificio, el obispo mantiene el juicio que había expresado antes de que se celebraran. Eleganti considera que la Fraternidad se encuentra en situación de cisma y rechaza que pueda convertirse en una alternativa para los católicos descontentos con la reforma litúrgica.
«La FSSPX no es la solución», afirma. Al mismo tiempo, dirige una advertencia a la jerarquía: «No deberíamos empujar a sus brazos a los fieles que están descontentos con la reforma litúrgica o con lo que frecuentemente ven en las parroquias».
El argumento de Eleganti establece así una distinción entre ambas cuestiones. Por un lado, considera legítimas y necesitadas de respuesta las críticas a la reforma litúrgica y a las restricciones del Vetus Ordo. Por otro, rechaza las consagraciones episcopales sin mandato pontificio y la constitución de una estructura episcopal al margen de Roma.
Eleganti tampoco aprecia una corrección de la sinodalidad bajo León XIV
La entrevista aborda igualmente el proceso sinodal y su continuidad durante el pontificado de León XIV. Preguntado sobre si observa alguna rectificación respecto al modelo desarrollado durante el pontificado de Francisco, Eleganti responde: «No, lamentablemente no».
El obispo sostiene que los sínodos convocados bajo Francisco introdujeron una forma de participación que no encuentra equivalente en la tradición anterior de estas asambleas. Su objeción se concentra especialmente en la incorporación de laicos a funciones de decisión junto a los obispos.
A su juicio, el problema aparece cuando la sinodalidad deja de consistir en consultar y escuchar para trasladarse al ámbito del gobierno eclesial. Eleganti considera que ese proceso «socava el liderazgo sacramental de la Iglesia» y afirma que no observa que esté produciendo una verdadera renovación espiritual.
Sus declaraciones se producen mientras León XIV continúa respaldando expresamente la sinodalidad. La semana pasada, el Pontífice afirmó ante religiosas de Estados Unidos que los miembros de la vida consagrada están llamados a convertirse en «expertos en sinodalidad» y valoró los métodos de escucha, diálogo y discernimiento empleados en sus asambleas.
«Más enseñanza, menos declaraciones informales»
Eleganti también desarrolla en la entrevista su reciente crítica a la creciente exposición pública de los pontífices, aunque se trata de una cuestión sobre la que ya se había pronunciado ampliamente.
El prelado resume ahora su propuesta para el ministerio petrino en una fórmula: «Más enseñanza, menos declaraciones informales; más gobierno tranquilo de la Curia, menos audiencias públicas y menos viajes; más dignidad del oficio, menos estilo personal».
Considera que el Papa debería disponer de más tiempo para la oración, el estudio, la reflexión y el gobierno efectivo de la Curia y reducir aquellas actividades públicas que no estén directamente relacionadas con esas responsabilidades.
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«La unidad de la Iglesia está en la unidad de la fe»
Al final de la entrevista, Eleganti sitúa la cuestión doctrinal como la prioridad para la Iglesia occidental. «La unidad de la Iglesia está en la unidad de la fe», afirma.
Desde esa premisa, reclama que el Papa ejerza de manera clara su función de custodiar y enseñar la fe, intervenga frente a las herejías y los abusos y evite incrementar la burocratización de la Iglesia mediante nuevos procedimientos y documentos.
Eleganti concluye sintetizando lo que, a su juicio, debería ocupar el centro de cualquier reforma eclesial: «Debe enseñar el Evangelio sencillo, proclamar a Jesucristo y nada más». Y añade: «Jesucristo es la solución. Esto es lo que debemos ofrecer al mundo».