Mons. Eleganti cuestiona la deriva mediática del papado: «La personalidad, no el oficio, ocupa el centro»

Mons. Eleganti cuestiona la deriva mediática del papado: «La personalidad, no el oficio, ocupa el centro»

El obispo auxiliar emérito de Coira (Suiza), monseñor Marian Eleganti, ha cuestionado la creciente exposición mediática de los últimos pontífices y advierte de que la multiplicación de audiencias, entrevistas, viajes y apariciones públicas puede terminar desplazando las tareas esenciales del Sucesor de Pedro: enseñar con claridad, gobernar la Iglesia y custodiar la fe.

La reflexión parte de la audiencia privada que León XIV mantuvo el pasado 31 de julio con la cantante, poeta y artista estadounidense Patti Smith en el Palacio Apostólico. Eleganti resta importancia al encuentro en sí, pero lo utiliza para plantear una cuestión más amplia: «¿Realmente no tiene nada más importante que hacer que conceder este tipo de audiencias privadas?».

Cuando la imagen del Papa se convierte en el mensaje

Eleganti considera que el fenómeno no comenzó con León XIV. Sitúa su desarrollo desde el pontificado de san Juan Pablo II y sostiene que, con el paso de las décadas, los papas han intervenido cada vez más de manera informal, concedido entrevistas espontáneas y multiplicado encuentros con personalidades del mundo político, cultural y mediático.

A su juicio, esa dinámica puede presentar al Papa ante la sociedad como «simplemente otro miembro del establishment internacional» y convertir su personalidad en protagonista. «Creo que, como resultado, los últimos papas han perdido autoridad y capital espiritual», afirma.

El problema adquiere una dimensión doctrinal cuando las audiencias se conceden a personas conocidas por defender posiciones contrarias a la enseñanza de la Iglesia. Eleganti recuerda los encuentros de Francisco con Emma Bonino, sus conversaciones con Eugenio Scalfari y las audiencias concedidas al jesuita James Martin.

El obispo advierte de que una fotografía con el Papa puede adquirir un significado que excede el carácter privado del encuentro, especialmente cuando posteriormente es utilizada para promover determinadas causas. Si no existe al mismo tiempo una defensa pública e inequívoca de la doctrina, sostiene, «el propio Papa oscurece la posición de la Iglesia» y puede incluso provocar escándalo entre los fieles.

Las prioridades del Sucesor de Pedro

La crítica de Eleganti no se dirige a las obligaciones diplomáticas, institucionales o protocolares propias del pontificado, que deja expresamente fuera de su reflexión. La singular condición del Papa reúne en una misma persona el gobierno pastoral de la Iglesia universal y las responsabilidades derivadas de la soberanía de la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano.

Esta dimensión temporal está precisamente al servicio de la independencia necesaria para el ejercicio del ministerio petrino. Como ha explicado recientemente EWTN News al analizar las distintas funciones del pontífice, la soberanía de la Santa Sede garantiza la libertas Ecclesiae: la libertad de la Iglesia frente a cualquier poder político.

La objeción de Eleganti se centra, por tanto, en aquellas actividades que considera accesorias. Frente al tiempo destinado a audiencias, saludos, viajes y apariciones, se pregunta si queda suficiente espacio para «reflexionar sobre los asuntos en la oración», estudiar documentos y preparar intervenciones en las que el Papa «enseñe con autoridad y sin ambigüedades».

También señala otras responsabilidades menos visibles: dirigir la Curia, coordinar los dicasterios, reunirse con quienes deben asesorar al pontífice y afrontar cuestiones pendientes en la vida de la Iglesia.

Eleganti advierte del peligro del «activismo»

El prelado considera que la acumulación de actos públicos puede desembocar en un «activismo» que distraiga de problemas doctrinales y de gobierno. Cita las posiciones heterodoxas defendidas por determinados obispos, con especial referencia al Camino Sinodal alemán, y sostiene que deberían ser identificadas claramente y sus responsables amonestados o, cuando corresponda, apartados de sus cargos.

También lamenta que cuestiones como la liturgia queden relegadas y considera insuficiente el papel efectivo de los cardenales como consejeros del pontífice, un asunto sobre el que Eleganti ya se ha pronunciado anteriormente. InfoVaticana recogió en enero su petición de que el Colegio Cardenalicio abordara la crisis litúrgica y las cuestiones pendientes sobre la reforma del rito romano.

Su crítica alcanza igualmente a la progresiva personalización del papado. Eleganti menciona las grandes apariciones públicas de san Juan Pablo II, las entrevistas y libros de Benedicto XVI y, especialmente, la exposición de numerosos aspectos personales durante el pontificado de Francisco.

«Los papas se han vuelto demasiado humanos en el ejercicio de su oficio. Su personalidad, no su oficio, ocupa el centro», sostiene.

«Él debe crecer y yo disminuir»

Eleganti no reclama un Papa distante de los fieles, sino una mayor conciencia de la dignidad y singularidad del ministerio petrino. A su juicio, la cercanía no exige convertir cada aspecto de la personalidad del pontífice en parte de su mensaje público.

Por ello reivindica también el valor del silencio: hablar cuando sea necesario, con pocas palabras, claras e inequívocas, y permitir que la persona quede en segundo plano frente al oficio que desempeña.

El obispo resume su planteamiento recurriendo a las palabras de san Juan Bautista: «Él debe crecer y yo disminuir» (Jn 3,30). Para Eleganti, el principio debería aplicarse también al Sucesor de Pedro: no es la personalidad del Papa la que debe ocupar el centro, sino Cristo, de quien es servidor y representante.

 

Nota: El artículo completo de monseñor Marian Eleganti puede leerse en inglés en la publicación difundida por Edward Pentin y en Per Mariam, donde fue publicado a petición expresa del propio obispo.

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