Vender la «sinodalidad» radical como «profecía social»

Vender la «sinodalidad» radical como «profecía social»
Sr. Nathalie Becquart [Vatican News]

Por P. Gerald E. Murray

La reciente asamblea anual de la Conferencia de Liderazgo de Mujeres Religiosas recibió un mensaje en video del Papa León XIV, en el cual afirmó:

Todos los cristianos están llamados a ser constructores de la comunión de Cristo, formados en una Iglesia sinodal en la que todos cooperen en la misma misión según su propio carisma y ministerio. De manera especial, quienes integran la vida religiosa están llamados a convertirse en expertos en sinodalidad debido a las oportunidades que la vida comunitaria les brinda para practicarla, así como por la estructura misma en que están organizadas sus congregaciones.

Sin embargo, ¿qué es «una Iglesia sinodal» en la que las religiosas están «llamadas a convertirse en expertas en sinodalidad»?

Una respuesta a esta pregunta fue ofrecida por la hermana Nathalie Becquart, XMCJ, subsecretaria del Sínodo de los Obispos, quien se dirigió a la asamblea en persona:

La sinodalidad no es un programa que deba implementarse, ni un proyecto con fecha límite en 2028, ni una reunión más. Se trata de nuestra identidad profunda como Iglesia, enraizada en el misterio de la Trinidad. No se trata de ser otra Iglesia, sino de ser la Iglesia de una manera diferente… pasar de una cultura a otra: de una cultura de clericalismo, jerarquicismo y autosuficiencia institucional a una cultura de escucha, corresponsabilidad, discernimiento e intercambio genuino.

Continuó describiendo la sinodalidad como una «profecía social» y una «gramática de la paz». También agregó: «Lo que aprendí en estos años acompañando el proceso sinodal de la Iglesia Universal es esto: el Espíritu Santo no está esperando a que estemos listos. El Espíritu ya está actuando».

Los comentarios de la hermana Becquart resultan opacamente reveladores: la sinodalidad se presenta como una innovación necesaria, una cultura distinta, un esfuerzo de reforma indispensable para recuperar la verdadera identidad y vitalidad de la Iglesia. La sinodalidad implicaría el nacimiento de un nuevo estilo de «ser Iglesia», pero no sería «otra Iglesia» en contradicción con la Iglesia presinodal. Tranquilizaciones incoherentes como estas son una cortina de humo que oculta lo evidente: el proyecto sinodal es un intento de remodelar la Iglesia Católica para convertirla en una entidad nueva, afín a diversas iglesias protestantes.

Un examen detenido de las declaraciones de la hermana Becquart pone en evidencia que se trata de un simple ejercicio de propaganda. Las consignas son útiles en la publicidad. La sinodalidad es un producto nuevo y desconocido en el mercado. Hay que convencer a clientes cautelosos para que lo compren.

Pero surgen varias preguntas:
  • Si la sinodalidad «no es un programa que deba implementarse», ¿por qué el sitio web de la Secretaría del Sínodo la presenta como un programa que debe implementarse?
  • En 2028 la Secretaría del Sínodo celebrará una Asamblea Eclesial. Si la sinodalidad «no es un proyecto con fecha límite en 2028», ¿significa eso que la Asamblea Eclesial es simplemente la primera de una serie interminable de Asambleas Eclesiales?
  • Si la sinodalidad «no es una reunión más», ¿por qué se programan más reuniones?
  • ¿Cuál es la «identidad profunda de la Iglesia»? ¿Acaso esta identidad era desconocida hasta que el Papa Francisco inventó la sinodalidad? ¿Quién identificó esta identidad profunda y cómo lo hizo?
  • ¿Cuál es la diferencia entre ser «otra Iglesia» y «ser la Iglesia de una manera diferente»? ¿Qué significa «ser la Iglesia de una manera diferente»? ¿Diferente de qué?
  • ¿Qué significan «clericalismo, jerarquicismo y autosuficiencia institucional»? ¿Qué es el clericalismo y quiénes son los clericalistas? ¿Qué diablos es el jerarquicismo? ¿Acaso la Iglesia Católica no es jerárquica por naturaleza, lo que significa que está gobernada por jerarcas ordenados? ¿Acaso Dios no le da a la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, lo suficiente para llevar a cabo su misión de predicar el Evangelio, santificar a la humanidad mediante la administración de los sacramentos y proporcionar pastores para el sabio gobierno de la grey de Cristo? ¿De qué carece la Iglesia y quién puede suplir esa necesidad?
  • ¿Por qué se plantea que la Iglesia carece en la actualidad de «una cultura de escucha, corresponsabilidad, discernimiento e intercambio genuino»? ¿Qué significa corresponsabilidad? ¿Significa que la toma de decisiones por parte de la jerarquía sola debe dejarse de lado en favor de una toma conjunta de decisiones en la que la jerarquía y los laicos gobiernen juntos la Iglesia?
  • ¿Qué es la profecía social? ¿Quién ejerce esa profecía? ¿Quién decide que es una profecía verdadera y no una falsa profecía, es decir, la opinión de alguien presentada erróneamente como la voluntad de Dios?
  • ¿Qué es la gramática de la paz? ¿Acaso la paz tiene una gramática?

El Espíritu Santo siempre está actuando dentro de la Iglesia de Dios. ¿Cómo sabe la hermana Becquart que Él está actuando ahora para llamarnos a aceptar el surgimiento de una «Iglesia de una manera diferente» sinodal?

Las observaciones de la hermana Becquart son la confirmación de que la sinodalidad es una palabra prácticamente vacía de contenido, utilizada por los responsables del proceso sinodal para promover una serie de ideas de naturaleza escandalosamente revolucionaria, y que por lo tanto necesitan de camuflaje semántico.

Los encargados del Sínodo crearon un blindaje semántico para su proyecto. Intentan ocultar la verdad pura y simple: quieren crear una nueva Iglesia con una nueva doctrina, en la cual la jerarquía comparta la autoridad de gobierno con los laicos y donde las imposiciones heterodoxas sean presentadas como el discernimiento comunitario de hacia dónde conduce el Espíritu Santo a la Iglesia.

Se presentan a sí mismos como reformadores, no como revolucionarios. Simplemente dicen querer eliminar una cultura clericalista y «jerarquicista» caduca, remanente de un pasado lamentable, que habría apartado a la Iglesia de su verdadera naturaleza sinodal; naturaleza que ahora sería restaurada por el esfuerzo común de todos los fieles, guiados por el Espíritu Santo (y por la Secretaría del Sínodo) para sacudirse esa cultura obsoleta.

La aplanadora de la sinodalidad constituye un peligro para la Iglesia. Debe ser reconocida por lo que es y detenida antes de que cause más estragos en la Iglesia.

Sobre el autor

El Rev. Gerald E. Murray, J.C.D., es canonista y párroco de la Iglesia de San José en la ciudad de Nueva York. Su nuevo libro (escrito junto a Diane Montagna), Calming the Storm: Navigating the Crises Facing the Catholic Church and Society, ya se encuentra disponible.

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