El Vaticano aplicará los principios de la denominada «ecología integral» al histórico huerto situado junto al monasterio Mater Ecclesiae, en los Jardines Vaticanos. La parcela, cultivada desde hace siglos y destinada actualmente al abastecimiento de las religiosas, pasará a gestionarse íntegramente con métodos ecológicos, en una nueva aplicación práctica de la agenda medioambiental impulsada por Francisco a partir de Laudato si’ y mantenida durante el pontificado de León XIV.
Según informó Vatican News, el objetivo no será maximizar la producción, sino preservar el suelo y las plantas, respetar los ciclos naturales de crecimiento y cosecha y reducir al mínimo el empleo de productos fitosanitarios. El terreno ocupa cerca de 400 metros cuadrados distribuidos en cuatro terrazas.
Cultivos ecológicos y fertilizantes a base de algas
La gestión corresponde al Servicio de Jardines y Medio Ambiente de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano. Un jardinero experimentado trabaja junto a empleados más jóvenes, mientras que las religiosas de Mater Ecclesiae participan indicando qué productos necesita la comunidad.
La fertilización se realizará exclusivamente mediante productos certificados en forma de pellets. También se recurrirá a la rotación de cultivos y a técnicas agronómicas destinadas a conservar la fertilidad del terreno. Entre ellas figura la plantación de leguminosas para favorecer la fijación de nitrógeno en el suelo.
Actualmente se está probando además un fertilizante elaborado a base de algas en las plantas de tomate. El riego, pese a la introducción de estos nuevos criterios, continúa realizándose completamente a mano.
Dependiendo de la época del año, en el huerto se cultivan ajos, albahaca, guindillas, tomates, berenjenas, pimientos, calabacines, pepinos y calabazas. A finales de agosto comenzará la siembra correspondiente a la temporada de invierno, con coles, brócoli, espinacas y lechugas.
La agenda medioambiental de Laudato si’
La transformación del huerto está ligada a los principios de Laudato si’, la encíclica sobre el cuidado de la «casa común» publicada por Francisco en 2015 y convertida durante su pontificado en referencia para numerosas iniciativas medioambientales de la Santa Sede.
León XIV ha mantenido esta línea. En una intervención dirigida a agrónomos y profesionales forestales italianos, el Papa presentó su trabajo como una forma concreta de responsabilidad hacia la tierra y las generaciones futuras y recordó que la tierra «no es una posesión, sino un don».
La continuidad quedó también reflejada en julio de 2025, cuando León XIV celebró en Castel Gandolfo la primera Misa con el nuevo formulario Pro custodia creationis, incorporado al Misal Romano para pedir por el cuidado de la creación.
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La iniciativa de Mater Ecclesiae traslada ahora esa orientación medioambiental a una escala mucho más doméstica: un huerto destinado principalmente al consumo de una comunidad religiosa.
Cítricos de 150 años y productos elaborados por las religiosas
Uno de los elementos más singulares del terreno son sus cítricos, algunos de los cuales tienen alrededor de 150 años. Sus frutos se utilizan sin tratamientos y las religiosas los aprovechan para elaborar mermeladas, cáscaras confitadas y galletas.
Las cosechas del huerto sirven principalmente para las necesidades de las propias monjas y una parte puede destinarse también a fines caritativos.
Mater Ecclesiae volvió a albergar una comunidad contemplativa en enero de 2024, cuando llegaron seis benedictinas procedentes de la Abadía de Santa Escolástica de Victoria, en Argentina. Francisco había dispuesto que el edificio recuperase así la finalidad para la que fue concebido por san Juan Pablo II.
Un huerto con ocho siglos de historia
La historia agrícola de esta zona del Vaticano es muy anterior al actual monasterio. Sus orígenes se remontan a finales del siglo XIII, cuando el papa Nicolás III, después de trasladar la residencia pontificia desde Letrán al Vaticano, mandó crear en los terrenos un huerto y un jardín de árboles frutales destinados a abastecer la casa pontificia.
La tradición agrícola del lugar cuenta así con unos 800 años de historia, aunque los terrenos y sus usos hayan experimentado numerosas transformaciones desde entonces.
El monasterio Mater Ecclesiae, por su parte, fue establecido por san Juan Pablo II en la década de 1990 para acoger sucesivamente a comunidades femeninas contemplativas dedicadas de manera particular a rezar por el Papa y por la Iglesia.
El último hogar de Benedicto XVI
El lugar adquirió una especial relevancia después de la renuncia de Benedicto XVI. Tras abandonar Castel Gandolfo, Joseph Ratzinger se instaló en Mater Ecclesiae el 2 de mayo de 2013 y convirtió el antiguo monasterio en su residencia.
Allí transcurrieron sus últimos años, marcados por la oración, el estudio y una vida retirada de la actividad pública, hasta su muerte el 31 de diciembre de 2022.
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Con la llegada de las religiosas argentinas, Mater Ecclesiae recuperó su función contemplativa original. Su antiguo huerto conserva también su finalidad más elemental —proporcionar alimentos a quienes viven allí—, aunque ahora el Vaticano lo incorpora expresamente a las iniciativas inspiradas en la «ecología integral» de Laudato si’.