La vitalidad del catolicismo en Nigeria no garantiza que la Iglesia africana esté a salvo del proceso de secularización que ha vaciado iglesias en buena parte de Europa. Así lo advierte Mathew Hassan Kukah, obispo de Sokoto, quien señala la pérdida de autoridad moral, el acercamiento al poder secular, el relativismo y la deficiente formación de las nuevas generaciones como amenazas que África debe evitar.
En una amplia entrevista concedida a Catholic World Report, Kukah analiza el crecimiento de la Iglesia nigeriana, la persecución que sufren los cristianos y las razones que, a su juicio, explican el debilitamiento del catolicismo europeo. El prelado conoce de cerca esta realidad: Sokoto se encuentra en el noroeste de Nigeria, una región de mayoría musulmana donde la violencia y la inseguridad han afectado durante años a las comunidades cristianas. InfoVaticana ya recogió anteriormente sus advertencias sobre la pérdida del fervor cristiano en Occidente.
Una Iglesia en crecimiento
Nigeria cuenta con unos 35 millones de católicos y, según los datos citados durante la entrevista, registra una asistencia semanal a Misa cercana al 94%, una de las cifras más elevadas del mundo.
Kukah atribuye esta vitalidad, en primer lugar, al trabajo realizado por los misioneros que implantaron la Iglesia en el país. Destaca sus sacrificios, las instituciones educativas y sanitarias que fundaron y «la vida de virtud que el catolicismo propugnaba».
A ello suma el testimonio de la primera generación del clero autóctono, con figuras como los cardenales Dominic Ekandem, Francis Arinze, Anthony Okogie y John Onaiyekan, cuya autoridad, según explica, sirvió de referencia para numerosos jóvenes.
Sin embargo, el obispo pide no quedarse únicamente con las cifras. Ante el crecimiento del catolicismo africano —que habría pasado de unos dos millones de fieles en 1900 a 281 millones en la actualidad—, Kukah sostiene que la cuestión decisiva son «los frutos de esta fe», porque serán estos los que permitan sostenerla en el tiempo.
«La Iglesia abrazó al mundo»
Uno de los pasajes más significativos de la entrevista llega cuando se le pregunta por la crisis de la Iglesia en Europa. Kukah contrapone la actitud de los primeros apóstoles, perseguidos por el Imperio romano y apoyados únicamente en el Espíritu Santo, con la posterior cercanía de la Iglesia al poder político.
«Creo que lo que erosionó la autoridad moral de la Iglesia fue el cálido romance y abrazo del poder secular», afirma.
El obispo nigeriano sostiene que cuando la Iglesia abandona el lugar donde se encuentra el pueblo para ascender «a las cámaras superiores del poder», pierde progresivamente su fuerza moral.
Su diagnóstico va todavía más lejos: «El secularismo se aprovechó de esto; la Iglesia abrazó al mundo y se convirtió en el mundo que debía cambiar».
Para Kukah, la experiencia europea constituye una advertencia directa para África. La respuesta no consiste en rechazar la modernidad, sino en evitar que esta conduzca a aquello frente a lo que advirtieron san Juan Pablo II y Benedicto XVI: «la cultura del relativismo».
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África tampoco es inmune al secularismo
Preguntado precisamente por la posibilidad de que África termine recorriendo el mismo camino, Kukah rechaza cualquier sensación de seguridad.
«No hay inmunidad contra este virus. La única inmunidad es aprender de la historia de los demás», sostiene.
Entre los riesgos menciona especialmente la situación de las élites africanas y la educación de los jóvenes en el extranjero. El obispo, que recuerda haber recibido él mismo formación fuera de Nigeria, no cuestiona esos estudios, pero sí advierte del peligro de enviar a jóvenes lejos de sus familias cuando todavía carecen de suficiente madurez «emocional, física y espiritual».
Por ello, considera que la formación sólida de niños y jóvenes debe convertirse en una prioridad para padres y pastores. «Es la única garantía del futuro de la Iglesia», asegura.
El problema no afecta únicamente a las nuevas generaciones. Kukah reconoce que, aunque «la fe de nuestro pueblo es fuerte», parte de las élites africanas «están cayendo víctimas y ocasionalmente derivando hacia el neopaganismo».
Una fe probada por la persecución
A la amenaza cultural se suma en Nigeria una realidad mucho más inmediata: la violencia contra los cristianos. El país continúa siendo uno de los principales focos mundiales de persecución anticristiana. El World Watch List 2026 de Open Doors contabilizó 3.490 cristianos asesinados por su fe en Nigeria durante el periodo analizado, alrededor del 72% del total mundial.
Kukah relata en la entrevista el asesinato de un seminarista de 18 años que había sido secuestrado junto con otros tres jóvenes. Sus compañeros fueron liberados después de negociaciones y del pago de un rescate, pero él fue asesinado.
Según el relato del obispo, cuando los secuestradores fueron detenidos un año después confesaron que habían matado al seminarista porque este, pese a encontrarse amenazado por hombres armados, insistió en pedirles que se arrepintieran de sus crímenes y volvieran a Dios.
«No podemos temerlos porque nuestra fe está construida sobre la sangre de los mártires», afirma Kukah.
El prelado rechaza además que la respuesta pastoral ante los atentados consista en reducir la asistencia de los fieles a las iglesias. Recuerda que, durante una reunión de obispos de África occidental, otro prelado explicó que había recomendado acudir a Misa en grupos más pequeños para limitar el número de posibles víctimas en caso de ataque.
Kukah defendió la postura contraria: «No podemos rendirnos al miedo». A su juicio, además de exigir al Estado que cumpla su responsabilidad de proteger a los ciudadanos, la Iglesia debe impedir que el terror termine apartando a los fieles de la práctica religiosa.
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Más allá del crecimiento demográfico
El crecimiento numérico del catolicismo africano tampoco basta, según Kukah, para garantizar su futuro. Durante la entrevista se le plantea que entre el 85% y el 90% del aumento de católicos en África procedería del crecimiento de las propias familias católicas, mientras que las conversiones de adultos y la evangelización representarían una proporción considerablemente menor.
El obispo relativiza esas estadísticas y asegura que en numerosas diócesis observa un fuerte entusiasmo entre los jóvenes y también conversiones procedentes de otras religiones. Pero admite el principio de fondo: ninguna institución puede mantenerse fuerte si deja de cultivar aquello que le da vida.
La cuestión que plantea Kukah es, por tanto, más profunda que el contraste estadístico entre una África católica en expansión y una Europa secularizada. Para el obispo de Sokoto, el futuro dependerá de que el crecimiento numérico vaya acompañado de formación, evangelización, independencia frente al poder y una fe capaz de resistir tanto las seducciones del relativismo como la violencia de la persecución.