El sujeto tácito

El sujeto tácito

Lo más revelador de las palabras que León XIV dedicó este domingo a Ceuta no está en lo que dicen, sino en su sintaxis.

«Sigo con preocupación la alarmante situación en Ceuta, pidiendo a Dios, por medio de la intercesión de Nuestra Señora de África, que se puedan encontrar soluciones de paz, de estabilidad y de justicia».

Treinta y tres palabras, tres sustantivos abstractos y ni un solo nombre propio que pertenezca a la política: los únicos que hay son Dios, una ciudad y su patrona.

Marruecos no aparece. España tampoco.

Lo ocurrido en la frontera del Tarajal queda archivado como «situación», categoría que comparte con las borrascas la propiedad de carecer de causante. Y las soluciones ni se exigen ni siquiera se piden: se pide «que se puedan encontrar», el subjuntivo de un subjuntivo, la posibilidad de una posibilidad.

Una «situación» sin sujeto

Conviene recordar qué cabe dentro de esa palabra.

Entre cincuenta y setenta mil personas entraron en Ceuta en cuestión de dos días, en una ciudad de poco más de ochenta mil habitantes. Más de setenta personas murieron en el intento. Italia suspendió Schengen con España y los ministros del Interior de la Unión Europea se reúnen de urgencia este martes.

Nada de esto es un fenómeno natural.

El método está documentado desde mayo de 2021, cuando el Parlamento Europeo condenó a las autoridades marroquíes por el uso de menores en la crisis migratoria de Ceuta, desatada tras la relajación deliberada de los controles fronterizos.

Entonces fueron nueve mil; el mecanismo era idéntico y la escala, un ensayo.

Quienes cruzaron esta semana, movilizados a través de redes sociales y devueltos ya en su inmensa mayoría, son la munición, no el ejército; el ejército es el Estado que abre la puerta.

Hasta eldiario.es, poco sospechoso de alarmismo fronterizo, ha escrito estos días que «Marruecos no es un país amigo» y que Rabat emplea a su propia población como instrumento de su aspiración sobre la ciudad.

La sintaxis de la diplomacia

Nadie puede alegar que el Papa ignora qué ciudad es esa.

Habló en español, dirigiéndose a España sin nombrarla. Invocó a la patrona de Ceuta, único gesto no neutral del texto, porque rezar a la patrona de una ciudad es reconocer de quién es la ciudad.

Y Robert Prevost caminó por Ceuta en 2007, como prior general de los agustinos, visitando el colegio de su orden. Conoce el lugar, su convivencia y su frontera.

Robert Prevost, el Papa León XIV, durante su visita a Ceuta en 2007 / Colegio San Agustín

Precisamente por eso la sintaxis no admite la excusa de la distracción.

Es el registro de una diplomacia que mantiene con Rabat un expediente propio —el socio del islam «moderado», el viaje de Francisco en 2019— y que no piensa gastarlo en el espigón del Tarajal.

No hace falta atribuir intenciones: basta leer la construcción.

El contraste dentro de la propia Iglesia

El contraste, además, no lo ha puesto la prensa hostil, sino su propio episcopado.

El mismo día, el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, escribía que «la demografía es un arma» y denunciaba la instrumentalización de las personas migrantes como presión política.

Un arzobispo de Valladolid nombrando el mecanismo que el Obispo de Roma deja en elipsis.

Mientras, Vatican News titulaba la crónica de su propio jefe centrando la preocupación en los miles de migrantes que intentaron llegar a España: la misma frase, leída desde la ciudad desbordada o desde quienes la desbordan.

El Papa que en junio, en Canarias, se reunió con migrantes y organizaciones humanitarias sabe pronunciar los nombres cuando el sujeto es el que cruza; la reserva aparece cuando el sujeto es el que empuja.

Cuando un texto de treinta y tres palabras sirve simultáneamente a dos lecturas opuestas, la ambigüedad no es un accidente: es el género.

El nombre que falta

Lo que se pide a Dios merece el mismo rigor que lo que se pide a los hombres.

La paz exige saber entre quiénes; la estabilidad, de qué; la justicia, para quién y frente a quién.

Las tres cosas que el Papa solicita empiezan por un nombre propio que el texto retiene.

A Nuestra Señora de África, que vela por Ceuta desde hace siglos, se le puede encomendar la intercesión; lo que no se le puede encomendar es que supla el silencio de quien sí tiene voz en las cancillerías.

En Ceuta, según Roma, no ha pasado nada: ha ocurrido algo. Y mientras el sujeto siga tácito, las soluciones seguirán en subjuntivo.

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