Cobo preside la bendición del nuevo abad del Valle de los Caídos

Cobo preside la bendición del nuevo abad del Valle de los Caídos
Foto: Archidiócesis de Madrid

La Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos acogió este miércoles la bendición abacial de fray Alfredo Maroto Herranz, OSB, elegido abad por la comunidad benedictina el pasado 13 de mayo. La ceremonia, presidida por el cardenal José Cobo, se celebró mientras continúan abiertos los procedimientos judiciales relacionados con las actuaciones impulsadas por el Gobierno en el recinto después del acuerdo suscrito entre el Ejecutivo y el Arzobispo de Madrid.

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Con la bendición abacial culmina el proceso iniciado hace casi tres meses con la elección de Maroto y el Valle vuelve a contar con un abad elegido conforme a las constituciones benedictinas tras más de doce años de gobierno mediante priores administradores.

La celebración reunió a una amplia representación del mundo benedictino, con la presencia de los abades de Solesmes, Fontgombault, Leyre, Quarr, Ganagobie, Donezan, Santo Domingo de Silos, Ligugé, Triors, Kergonan, Poblet y Santa María de Huerta, además del prior administrador de La Oliva y del abad presidente de la Congregación de Santa Otilia. También participaron representantes de diversas órdenes religiosas, sacerdotes, autoridades civiles y familiares del nuevo abad.

Una nueva etapa para la comunidad benedictina

La elección de Alfredo Maroto puso fin el pasado mes de mayo a una situación excepcional iniciada en 2014, cuando la renuncia de dom Anselmo Álvarez por motivos de salud dejó la abadía sin un abad elegido por la comunidad.

Durante esos años, el monasterio estuvo gobernado por priores administradores, primero por el padre Santiago Cantera y, desde marzo de 2025, por el propio Alfredo Maroto, mientras la comunidad afrontaba algunos de los episodios más complejos de su historia reciente.

«En la Iglesia seguimos necesitando paternidad»

Durante la homilía, Cobo insistió en que el ministerio abacial «no es un honor ni una dignidad, sino una paternidad y un servicio».

«En un tiempo en el que abundan los políticos, los gestores y los técnicos, en la Iglesia seguimos necesitando paternidad», afirmó el arzobispo de Madrid, quien recordó que el abad «hace las veces de Cristo en el monasterio» y está llamado a gobernar «con prudencia y misericordia».

El cardenal añadió que quien recibe la bendición abacial «recibe también una cruz», aludiendo a la responsabilidad de sostener la unidad de la comunidad, mantener la esperanza en los momentos de dificultad y favorecer la reconciliación.

En otro momento de la homilía definió a los monasterios benedictinos como «artesanos de paz en un mundo fragmentado, polarizado y herido» y exhortó al nuevo abad a no anteponer «absolutamente nada al amor de Cristo».

Maroto recuerda la misión espiritual de la abadía

Tras recibir la Regla de san Benito, el anillo, la mitra y el báculo pastoral, fray Alfredo Maroto dirigió unas palabras de agradecimiento en las que evocó la historia de la abadía desde su fundación en 1958.

El nuevo abad afirmó que la comunidad ha querido ser desde sus orígenes un lugar «donde la cruz de Cristo se contempla siempre desde la luz de la Pascua», sosteniendo mediante la liturgia, la oración y la vida fraterna un servicio constante a la Iglesia.

Asimismo, agradeció la presencia de los abades, sacerdotes y fieles asistentes, recordó a su familia y a quienes han acompañado la vida del monasterio durante estos años y encomendó su ministerio y el futuro de la comunidad a la protección de la Santísima Virgen María.

La Archidiócesis evita mencionar el Valle de los Caídos

La información difundida por la Archidiócesis de Madrid sobre la bendición abacial evita en todo momento tanto la denominación histórica de Valle de los Caídos como la oficial de Valle de Cuelgamuros. La crónica publicada por el Arzobispado identifica el lugar únicamente como la «Abadía de la Santa Cruz», sin mencionar expresamente el enclave donde tuvo lugar la ceremonia.

La circunstancia no pasa inadvertida al producirse en un momento en que el futuro del conjunto monumental continúa siendo objeto de controversia política, eclesial y judicial, y cuando la comunidad benedictina afronta una nueva etapa bajo el gobierno de un abad elegido por sus propios monjes.

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