«Así hice caer a Adán y Eva, así estoy haciendo caer a tu Iglesia, así derribé a tu gobierno»: un demonio revela al exorcista Ripperger cómo destruye el sacrificio

«Así hice caer a Adán y Eva, así estoy haciendo caer a tu Iglesia, así derribé a tu gobierno»: un demonio revela al exorcista Ripperger cómo destruye el sacrificio

El P. Chad Ripperger, exorcista tradicional y fundador de los Padres Doloranos, concede casi tres horas de entrevista al Shawn Ryan Show —uno de los pódcast más vistos de Estados Unidos— y firma una catequesis magistral sobre angelología tomista, guerra espiritual y el poder del Santo Sacrificio.

Pocas veces la televisión secular estadounidense abre sus puertas de par en par a la doctrina católica sin rebajas. Lo ha hecho esta semana el Shawn Ryan Show, el pódcast del ex Navy SEAL y ex contratista de la CIA que ha entrevistado a presidentes y jefes de Estado, con el P. Chad Ripperger como invitado (episodio #324, publicado el 23 de julio, más de dos horas y cuarenta minutos de conversación). El resultado es una de las exposiciones más serias de teología católica —Santo Tomás en mano— que se hayan visto ante una audiencia de millones.

La entrevista arranca con una confesión sorprendente del anfitrión: «Voy a ser honesto. Vine originalmente con una agenda completamente distinta: destripar a dos políticos de la actual administración que van a exagerar su lealtad a la Iglesia católica para arañar el voto católico. Y no voy a hacerlo. Estas últimas semanas he comprendido que la batalla no es por el país, ni siquiera por el mundo: es por nuestras almas y por nuestra mente».

Ripperger asiente: «Hace unos diez años dije en una conferencia pública que esto ya no es una batalla de ideas. Es una batalla del bien contra el mal. Muchos de los patrones psicológicos que vemos en personas bajo influjo diabólico se ven en quienes dirigen el gobierno». Y remata con una imagen que no necesita traducción: «Puedes recolocar las sillas en la cubierta del Titanic, pero se va a hundir igual si la gente no afronta esto de manera espiritual».

La confesión de Beelzebú durante la Santa Misa

El momento que da título al episodio llega cuando Ripperger relata un caso que giraba en torno a Nuestra Señora bajo el título de Espejo de Justicia. El exorcista explica primero, con precisión escolástica, la estructura del sacrificio —ofertorio, inmolación de la víctima y consumación— tal como Dios la enseñó a Israel y como Cristo la consumó en la Cruz, y recuerda que bajo la virtud de la justicia está la virtud de la religión, uno de cuyos actos es ofrecer sacrificio a Dios: darle lo mejor que tenemos, como Abel y a diferencia de Caín.

Y entonces cuenta lo ocurrido. Las sesiones de exorcismo comenzaban siempre con la Santa Misa: «Cada vez que el demonio se manifestaba mientras yo celebraba la Misa era porque Dios le había dicho que tenía que revelarme algo». Tras cuarenta y cinco minutos de oraciones imprecatorias —«primero bombardeas, luego mandas la infantería», explica el exorcista con lenguaje castrense—, Beelzebú confesó su naturaleza:

«Convenzo a las personas de que no pueden separarse de un bien particular».

Es decir: el demonio destruye el ofertorio, el momento en que el alma debe estar dispuesta a desprenderse del bien menor para alcanzar el mayor. Y el demonio remachó:

«Así hice caer a Adán y Eva. Así estoy haciendo caer a tu Iglesia. Así derribé a tu gobierno. Está en la raíz de cada pecado y de cada defecto de todo ser humano».

Más tarde añadiría que es «la causa de la mediocridad en cada hombre». Quien haya intentado alguna vez ayunar en serio sabe que el demonio, por una vez, no mentía.

Una lección de angelología que ya no se predica

Buena parte de la entrevista es, sencillamente, el tratado de los ángeles de Santo Tomás explicado a un ex Navy SEAL: los nueve coros creados instantáneamente y en jerarquía; el conocimiento infuso; los tres «instantes» de la prueba angélica; la caída «como un rayo» de un tercio de los ángeles; la voluntad angélica fijada para siempre en su elección. «Incluso en sesión los demonios dicen: sí, fue una mala elección, pero lo volvería a hacer», relata Ripperger.

No falta la doctrina —tan tradicional y tan olvidada— de que los santos superan en jerarquía a los ángeles: «Es tradición de la Iglesia católica que, bajo Cristo, la primera es Nuestra Señora; luego los apóstoles… y están por encima incluso de los serafines». Los hombres, explica, pueden ocupar por santidad los puestos que dejaron vacantes los ángeles caídos.

Sobre el ángel custodio, Ripperger regala perlas de teología práctica: la implicación del ángel en nuestra vida «se basa sobre todo en que se lo pidamos», y su acción ordinaria es tan discreta que «cuanto más normal parece nuestra vida, más señal es de que los ángeles están actuando». Y cuenta el caso de una posesa inmovilizada por el demonio a la que liberó enviándole, mentalmente y desde la cola de embarque de un aeropuerto, al ángel de su sacerdocio: «Después me preguntó: «¿Enviaste al ángel custodio de tu sacerdocio? Se me apareció y me sostuvo la mano»».

OVNIs: la operación para suplantar el Génesis

Ryan pone sobre la mesa la acelerada cronología de la «revelación OVNI» de 2026: las declaraciones del vicepresidente Vance («los OVNIs son demonios»), la desclasificación gubernamental, la fulminante destitución del exorcista de Washington tras afirmar que la mayoría de avistamientos son demoníacos, y el estreno hollywoodiense que calcaba los acontecimientos reales. La tesis de Ripperger es nítida: «Mi sospecha es que mucha de la gente que está en el gobierno es anticristiana, y su objetivo es suplantar el cristianismo con una explicación alternativa de nuestros orígenes». Las supuestas comunicaciones alienígenas, señala, ofrecen siempre lo mismo: una salvación para la humanidad al margen de Cristo y una enmienda a la totalidad del relato del Génesis.

Su refutación de la vida extraterrestre no es un exabrupto sino un argumento en toda regla: el principio de la jerarquía del ser, la transmisión del pecado original por la línea de Adán —cuya sangre derramada en el Calvario, sobre la tumba del primer hombre según los Padres, redime precisamente a esa estirpe— y el consenso de los mejores astrofísicos sobre la imposibilidad energética del viaje interestelar. «La gente no sigue el principio de la evidencia», sentencia el exorcista.

«A veces ser misericordioso con alguien es malo para él»

Preguntado por qué el cristianismo es la única religión que se puede vilipendiar impunemente, Ripperger no se esconde: «Satanás es el príncipe de este mundo» y los demonios «saben, ya no por fe sino por deducción, que esta es la religión verdadera: ninguna otra fue fundada por Dios mismo». Pero la otra mitad de la culpa es nuestra: «Hemos sido condicionados a creer que poner la otra mejilla significa dejar que la gente haga lo que quiera». Y despacha el buenismo con Santo Tomás: hay que perdonar siempre, pero «eso no significa extender los efectos de ese perdón a alguien si eso lo confirma en su pecado. A veces ser misericordioso con alguien es malo para él».

Su receta para los católicos de hoy suena a llamada a filas: conocer la fe («muchos cristianos pelean mal porque no saben de qué hablan»), estar dispuestos a «empuñar el hacha» y a «romper el hielo»: «Hasta que un hombre no se levanta y dice «esto es una patraña, y os explico por qué», nadie más se atreve a hablar. Hay que estar dispuesto a ser ese hombre. Pero asegúrate de tener la virtud para aguantar la paliza… y de saber realmente de lo que hablas».

El Rosario, «el arma», y la oración que obtiene lo que pide

El tramo final es un pequeño manual de combate espiritual: el Rosario —«el arma», como lo llamaba el Padre Pío—, con el recordatorio de Lepanto y de San Pío V; las oraciones de liberación para laicos (Ripperger es autor del conocido Deliverance Prayers for Use by the Laity); el principio de que «la oración engendra lo que significa: lo que pides es lo que vas a obtener», con el consejo de pedir cosas concretísimas; y hasta la recomendación —que hará sonreír a más de un empresario— de pedir a los ángeles que «mantengan oculta» la propia obra de las personas equivocadas.

Hay también momentos de una crudeza conmovedora: Ryan relata en directo un intento de suicidio de hace una década del que salió con vida de forma inexplicable, y un encuentro en Sedona con un anciano que «leyó su mente de principio a fin» y lo condujo a Cristo. «¿Pudo ser mi ángel custodio?». «Sí, puede ser», responde el exorcista, «y una de las señales es que nunca volverás a encontrar a ese hombre».

La entrevista se cierra como empezó: con oración. Ripperger da gracias por «todo el conocimiento comunicado por la revelación divina, que nos ha llegado a través de la tradición de la Iglesia católica», y pide la gracia de «seguir la verdad sin importar el coste personal».

Casi tres horas que valen por un curso de teología. Y una constatación esperanzadora: cuando la doctrina católica se expone entera, sin complejos y con Santo Tomás como guía, millones de personas escuchan.

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