Después de más de un siglo de presencia en Alepo, las Misioneras Franciscanas de María pondrán fin a su misión en la ciudad siria, cerrando una de las obras religiosas femeninas más emblemáticas del país. La congregación cederá durante un periodo inicial de tres años su convento y la escuela del barrio de Sabil a los Salesianos, poniendo fin a una presencia que comenzó en 1914 y que marcó profundamente la vida educativa, sanitaria y pastoral de la segunda ciudad más importante de Siria.
La decisión, explicada por la congregación como una reorganización interna motivada por la disminución de las vocaciones y el envejecimiento de sus comunidades, ha sido recibida con preocupación por numerosos cristianos de Alepo. Aunque las religiosas insisten en que la marcha no responde a motivos políticos ni de seguridad, diversos miembros de la comunidad consideran que simboliza también el progresivo debilitamiento de la presencia cristiana en una ciudad profundamente transformada por la guerra y la emigración.
Una reorganización por falta de vocaciones
La hermana Pierrette Jabbour, consejera regional de las Misioneras Franciscanas de María para Oriente Medio, explicó a ACI MENA que la decisión fue adoptada durante el capítulo regional de la congregación celebrado en 2018 y forma parte de un proceso de reorganización que también afecta a comunidades de Egipto y Líbano.
Según indicó, el descenso del número de religiosas, el envejecimiento de las comunidades y la escasez de nuevas vocaciones han obligado a redistribuir la presencia de la congregación. Además, las constituciones del instituto establecen que cada comunidad debe contar con al menos cuatro hermanas.
El vicario apostólico para los católicos de rito latino en Siria, monseñor Hanna Jallouf, explicó que las religiosas han decidido reforzar su presencia en Hasaka, en el noreste del país, donde constituyen la única congregación femenina católica que presta servicio de forma estable, así como en Damasco.
Por el contrario, Alepo sigue contando con diversas comunidades religiosas masculinas y femeninas, por lo que, en coordinación con la Santa Sede, serán los Salesianos quienes asumirán la continuidad de la misión en el convento y en la escuela del barrio de Sabil durante un periodo inicial de tres años.
Tanto sor Pierrette Jabbour como monseñor Jallouf rechazaron además las especulaciones que vinculaban la decisión con la reciente visita del presidente francés, Emmanuel Macron, a Siria, insistiendo en que se trata exclusivamente de una reorganización interna.
Una presencia que marcó la historia de Alepo
Las Misioneras Franciscanas de María llegaron a Alepo en 1914 invitadas por el obispo maronita de la ciudad. Aunque tuvieron que abandonar el país durante la Primera Guerra Mundial, regresaron en 1919 para reanudar una labor que acabaría convirtiéndose en una referencia para generaciones de cristianos y musulmanes.
Primero abrieron un colegio en el barrio de Aziziyah y, posteriormente, fundaron el convento y la escuela franciscana de Sabil, inaugurados en 1929. Con el paso de las décadas, el centro educativo se convirtió en una de las instituciones escolares más prestigiosas de Alepo.
Su misión fue mucho más allá de la enseñanza. Las religiosas atendieron a huérfanos, asistieron a familias necesitadas y refugiados, promovieron el escultismo femenino y desarrollaron numerosas iniciativas destinadas a favorecer la convivencia entre cristianos y musulmanes.
También desempeñaron una destacada labor sanitaria y asistencial. Durante décadas administraron el Hospital Al Razi y dirigieron el orfanato Sheibani, que acogió a numerosos niños huérfanos tras las matanzas perpetradas durante los últimos años del Imperio otomano.
Tras la nacionalización de la escuela en 1967, la congregación continuó desarrollando su apostolado mediante la catequesis, la pastoral con niños y universitarios, la acogida de grupos eclesiales y diversos programas de formación profesional en el barrio de Sheikh Maqsoud.
El declive de la presencia cristiana
La despedida de las religiosas ha reabierto el debate sobre el futuro del cristianismo en Alepo. Para muchos fieles, el cierre de una comunidad con más de un siglo de historia constituye un nuevo reflejo del profundo cambio demográfico experimentado por la ciudad durante los últimos años.
El intelectual cristiano Fadi Hallisso, fundador de la organización humanitaria Basmeh wa Zeitooneh y antiguo miembro de la Compañía de Jesús, afirmó a ANSA que la salida de las religiosas debería servir para abrir «un debate serio sobre el futuro de la presencia cristiana en Siria».
«La comunidad cristiana de Alepo está muriendo», advirtió, al tiempo que expresó su preocupación por la posibilidad de que otras comunidades religiosas puedan verse obligadas a abandonar la ciudad en los próximos años.
Las cifras reflejan la magnitud del éxodo. Antes del inicio de la guerra civil, en 2011, Alepo contaba con alrededor de 250.000 cristianos. En la actualidad permanecen entre 20.000 y 25.000, en su mayoría personas de edad avanzada.
La reducción afecta a todo el país. Según un informe de la fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), la población cristiana siria ha pasado de superar los dos millones de personas antes del conflicto a situarse hoy en torno a las 300.000.
En este contexto, diversos miembros de la comunidad cristiana manifiestan su preocupación por el futuro del país y consideran que la persistencia de la incertidumbre política, la crisis económica y las consecuencias de más de una década de guerra siguen impulsando la emigración de numerosas familias.
Pese al cierre de la comunidad de Alepo, las Misioneras Franciscanas de María han reiterado que no abandonan Siria y que continuarán desarrollando su labor en Damasco y Hasaka. Sin embargo, para muchos cristianos de Alepo, el final de esta presencia centenaria representa mucho más que el traslado de una comunidad religiosa: simboliza la pérdida de una institución que acompañó la vida de la ciudad durante más de un siglo y el progresivo retroceso de una de las comunidades cristianas históricas de Oriente Próximo.