Monseñor González Chaves: la actualidad de san Juan de la Cruz pasa por volver a Cristo y aprender a amar con libertad

Monseñor González Chaves: la actualidad de san Juan de la Cruz pasa por volver a Cristo y aprender a amar con libertad

Monseñor Alberto José González Chaves considera que la espiritualidad de san Juan de la Cruz conserva una plena actualidad para el cristiano del siglo XXI y ofrece respuestas a algunos de los principales desafíos de la vida espiritual contemporánea. En la segunda parte de una entrevista con María Rabell García publicada por El Debate, el sacerdote profundiza en cuestiones como la vocación universal a la santidad, la centralidad de Jesucristo frente a la búsqueda de experiencias extraordinarias y el verdadero sentido del desapego cristiano.

Tras advertir en la primera entrega del riesgo de una pastoral excesivamente centrada en el hombre, González Chaves sostiene que la doctrina del Doctor Místico no está reservada a religiosos o especialistas en espiritualidad, sino que constituye un camino para cualquier bautizado que aspire a vivir con fidelidad su vocación en medio de las circunstancias ordinarias de la vida.

La santidad se construye en la vida cotidiana

Uno de los principales equívocos sobre san Juan de la Cruz, afirma el sacerdote, consiste en pensar que su doctrina pertenece únicamente a monasterios o a personas llamadas a experiencias místicas extraordinarias. A su juicio, el santo carmelita describe, en realidad, «el camino normal del crecimiento de toda vida cristiana».

«Se comete una injusticia con fray Juan convirtiéndolo en un autor para especialistas», afirma González Chaves, quien recuerda que toda su enseñanza desemboca en aprender «a amar a Dios en cualquier estado de vida».

En este contexto, cita una conocida carta del santo en la que resume el servicio a Dios como «andar en sus cosas como pudiéremos», expresión que interpreta como una llamada a descubrir la santidad en la fidelidad cotidiana. «Dios no nos pide hacer cosas extraordinarias, sino hacer extraordinariamente bien las cosas ordinarias», señala.

Según explica, la unión con Dios no exige abandonar las responsabilidades familiares, profesionales o sociales. Por el contrario, «la contemplación auténtica no nos aleja de las responsabilidades, sino que nos hace vivirlas con mayor libertad, serenidad y entrega». Desde esta perspectiva, la mística sanjuanista no consiste en huir del mundo, sino en vivirlo «con el corazón libre».

«En Cristo Dios ya nos lo ha dicho todo»

Otro de los aspectos abordados en la entrevista es la tendencia de algunos fieles a buscar constantemente revelaciones privadas, fenómenos extraordinarios o nuevas experiencias espirituales.

Para González Chaves, san Juan de la Cruz respondería a esta actitud recordando que la plenitud de la Revelación ya ha sido dada en Jesucristo. Citando la Subida al Monte Carmelo, recuerda las palabras del santo: «En darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra».

A partir de ese texto, sostiene que quien vive buscando continuamente novedades espirituales «todavía no ha descubierto toda la riqueza contenida en Cristo». Aunque la Iglesia reconoce la posibilidad de gracias extraordinarias, insiste en que estas no pueden convertirse en el fundamento de la vida espiritual.

En este sentido, subraya que el camino ordinario del cristiano sigue siendo la «fe oscura y verdadera», una fe que no depende de visiones ni de emociones, sino de la confianza en la Palabra de Dios.

«El gran problema no es que Dios haya dejado de hablar; es que nosotros hemos perdido la capacidad de escuchar», afirma, recordando otra expresión de san Juan de la Cruz: «Una palabra habló el Padre, que fue su Hijo, y ésta habla siempre en eterno silencio; y en silencio ha de ser oída del alma».

El desapego como libertad para amar

En la última parte de la entrevista, González Chaves aborda uno de los conceptos más característicos de la espiritualidad sanjuanista: el desasimiento.

Lejos de interpretarlo como un rechazo del mundo o de los afectos humanos, explica que san Juan de la Cruz propone ordenar el amor para que ninguna realidad creada ocupe el lugar que corresponde únicamente a Dios.

«El santo no enseña a amar menos las criaturas, sino a amarlas mejor», afirma. Recuerda además que el autor del Cántico espiritual contemplaba la creación como un reflejo de la belleza del Creador, razón por la que su poesía está llena de referencias a montañas, bosques, ríos, jardines y amaneceres.

Por ello, interpreta el conocido lema sanjuanista —«olvido de lo criado, memoria del Criador»— no como una invitación a despreciar el mundo, sino a evitar convertir las realidades temporales en absolutos.

A su juicio, el desapego no empobrece el amor, sino que lo purifica. «Lo contrario del amor no es el desasimiento, sino la idolatría», afirma, porque únicamente quien no necesita poseer a las personas o a las cosas puede entregarse con verdadera libertad.

Desde esa perspectiva, concluye que la propuesta espiritual de san Juan de la Cruz mantiene una especial actualidad para el hombre contemporáneo. «Quien pone a Dios por encima de todo descubre que, lejos de perder el mundo, lo recibe de nuevo, transfigurado por la luz del Creador», sostiene, resumiendo así una doctrina que considera plenamente vigente para la vida cristiana de hoy.

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