Con motivo del Año Jubilar sanjuanista, que conmemora el tercer centenario de la canonización de san Juan de la Cruz y el primer centenario de su proclamación como Doctor de la Iglesia, monseñor Alberto José González Chaves ha concedido una entrevista a María Rabell García para El Debate, en la que reflexiona sobre la vigencia del pensamiento del Doctor Místico y sostiene que la gran crisis espiritual de nuestro tiempo no es tanto la falta de fe como la escasez de esperanza.
A juicio de González Chaves, la enseñanza de san Juan de la Cruz continúa siendo profundamente actual porque sitúa en el centro la llamada universal a la santidad. «Dios quiere darse enteramente al hombre y este solo será plenamente feliz cuando se deje poseer enteramente por Dios», afirma, recordando que el Doctor Místico no escribió para una minoría de contemplativos, sino para enseñar «el camino de la unión con Dios, que es la vocación de todo bautizado».
«Esperamos poco de Dios»
González Chaves considera que la expresión habitualmente utilizada —«La esperanza tanto alcanza cuanto espera»— está incompleta, ya que san Juan de la Cruz hablaba de la «esperanza de cielo», es decir, de una esperanza orientada plenamente hacia Dios.
Según explica, el hombre contemporáneo ha reducido la esperanza al optimismo o a la expectativa de que todo saldrá bien. Sin embargo, la doctrina del santo apunta en una dirección muy distinta: la esperanza alcanza su mayor plenitud cuando desaparecen los apoyos humanos y el alma aprende a abandonarse por completo en Dios.
«Quizá el mayor drama espiritual de nuestro tiempo no sea la falta de fe, sino la pequeñez de nuestra esperanza: oramos poco porque esperamos poco», sostiene el teólogo.
Una espiritualidad centrada en Dios
Durante la entrevista, González Chaves contrapone la enseñanza de san Juan de la Cruz a determinadas tendencias pastorales actuales que, en su opinión, corren el riesgo de centrarse excesivamente en la actividad humana.
Frente a una espiritualidad basada en «hacer muchas cosas para Dios», el santo propone el camino del desprendimiento interior y de la acción de la gracia. «Nosotros acumulamos actividades; él habla de vaciamiento. Nosotros buscamos controlar; él enseña a abandonarse», resume.
En esa misma línea, recuerda que la santidad no consiste simplemente en mejorar moralmente, sino en dejarse transformar por el amor de Dios, una transformación que exige libertad respecto a los propios apegos.
La «Noche Oscura» no es un fracaso
Sobre la interpretación de la «Noche Oscura», una de las enseñanzas más conocidas de san Juan de la Cruz, González Chaves sostiene que hoy existe una tendencia a identificar la vida espiritual con el bienestar interior, de modo que la sequedad o la ausencia de consuelos se interpretan como un fracaso. Frente a ello, recuerda que para el santo carmelita la purificación espiritual forma parte del camino ordinario hacia la unión con Dios.
«No debemos tener miedo cuando Dios parece callar. Muchas veces calla porque está trabajando más hondamente que nunca», afirma.
A su juicio, el hombre contemporáneo teme esa experiencia porque ha perdido el sentido sobrenatural del sufrimiento y busca una espiritualidad «siempre luminosa, emocionalmente satisfactoria y psicológicamente confortable», mientras que san Juan de la Cruz enseña que el camino hacia la unión con Dios pasa necesariamente por la purificación y la configuración con Cristo.
Un maestro para el presente
A lo largo de la entrevista, el sacerdote insiste en que la figura de san Juan de la Cruz no pertenece únicamente a la historia de la espiritualidad, sino que ofrece respuestas a cuestiones muy actuales como la esperanza, el sufrimiento, la libertad interior o la búsqueda de Dios.
Para González Chaves, el Doctor de la Iglesia sigue recordando a los cristianos que la meta de la vida espiritual no es una existencia cómoda o libre de dificultades, sino la plena unión con Dios, horizonte al que está llamado todo bautizado.