José Masip ha ganado con una mayoría aplastante las elecciones a la presidencia de la Asociación Católica de Propagandistas. El candidato señalado desde hace semanas como favorito para suceder a Alfonso Bullón de Mendoza se ha impuesto con 248 votos, muy por delante de Rafael Rodríguez-Ponga, que ha obtenido 60; Juan Carlos Hernández Buades, que se ha quedado en 36; y Raúl Mayoral, que apenas ha sumado 29. Además, se han registrado cinco votos en blanco y un voto nulo.
El resultado deja poco margen para la discusión política. Sobre un total de 379 votos emitidos, Masip ha logrado el 65,4% de los apoyos. Si se cuentan sólo los votos a candidatos, su victoria alcanza el 66,5%. La suma de sus tres rivales llega a 125 votos, prácticamente la mitad de los obtenidos por el candidato ganador. La mayoría no es ajustada, ni interpretable, ni dependiente de equilibrios de segunda vuelta: es una victoria clara, directa y difícilmente contestable.
La jornada confirma lo que se venía apuntando en las últimas semanas. Masip era el candidato de continuidad, el hombre elegido para garantizar una sucesión ordenada tras la salida obligada de Bullón, que no podía volver a presentarse al haber agotado los dos mandatos previstos. La ACdP ha optado por una transición sin ruptura, por el mantenimiento del rumbo general y por evitar cualquier salto al vacío en una institución que controla un entramado educativo, cultural y mediático de primer nivel.
La amplitud de la victoria no ha impedido, sin embargo, que el ambiente interno se haya tensado. Según fuentes presentes en la Asamblea, entre algunos de los candidatos derrotados y sus entornos hay malestar por el desarrollo del proceso y no se descarta una intervención de queja. La lectura interna es que varios de los aspirantes esperaban un resultado menos contundente y una capacidad mayor para condicionar el día después.
Pero los números reducen mucho el recorrido político de cualquier protesta. Rafael Rodríguez-Ponga, que aparecía como la alternativa más seria a Masip, ha quedado a 188 votos del ganador. Juan Carlos Hernández Buades, cuya candidatura era leída por algunos sectores como un posible intento de giro hacia etapas anteriores de la Asociación, no ha llegado ni al 10% de los votos emitidos. Raúl Mayoral, que durante la campaña trató de hacerse visible con un discurso de recuperación espiritual y vida asociativa, ha quedado último entre los candidatos.
El resultado también debilita cualquier intento de convertir la elección en una impugnación del modelo de los últimos años. La candidatura continuista no sólo ha ganado: ha ganado de forma abrumadora. La ACdP ha votado nombres, pero al hacerlo ha ratificado también una línea general. No ha habido rebelión interna, ni pendulazo, ni castigo serio al esquema heredado de Bullón.
La consecuencia inmediata es que El Debate queda fuera de peligro. La cabecera dirigida por Bieito Rubido, una de las apuestas más visibles de la etapa de Bullón, no verá amenazada su continuidad por el cambio de presidente. Durante las semanas previas, distintos sectores internos habían especulado con la posibilidad de que una victoria de alguno de los candidatos alternativos pudiera abrir una discusión sobre el futuro del periódico, su financiación o su orientación. El resultado de hoy despeja esa incógnita.
Masip llega a la presidencia con un mandato fuerte. No dependerá de pactos precarios ni de apoyos prestados. Esa es la principal diferencia entre una victoria cómoda y una victoria aplastante: la primera obliga a negociar; la segunda permite gobernar. Otra cosa es cómo gestione ahora la relación con los derrotados, especialmente si estos intentan convertir su malestar en una queja formal o en una presión sobre los primeros nombramientos.
El nombre clave a partir de ahora será el del secretario general. Durante la campaña se daba por hecho que algunos candidatos no jugaban sólo a ganar, sino también a hacerse valer para el reparto posterior. La debilidad de sus resultados complica mucho esa estrategia. Quien obtiene 29, 36 o 60 votos puede hacer ruido, pero no imponer condiciones a un presidente elegido con 248.
La Asamblea cierra así una sucesión que parecía más abierta en los papeles que en la realidad. Había cuatro candidatos, pero sólo uno ha demostrado tener una mayoría real dentro de la Asociación. Masip sucede a Bullón con una victoria que desactiva el relato de crisis y deja a sus rivales ante una evidencia incómoda: pueden estar molestos, pero han perdido por mucho.