Masip emerge como el sucesor de Bullón en unas elecciones sin debate real sobre el futuro de la ACdP

Masip emerge como el sucesor de Bullón en unas elecciones sin debate real sobre el futuro de la ACdP

Un mes después de que este medio adelantara el movimiento interno en la Asociación Católica de Propagandistas para suceder a Alfonso Bullón de Mendoza, el panorama empieza a aclararse. Y la conclusión, según fuentes conocedoras del proceso, es menos épica de lo que algunos pretendían: no hay una gran batalla de modelos, ni una disputa doctrinal decisiva, ni una alternativa nítida sobre el futuro de la ACdP. Hay, sobre todo, una pelea por nombres, equilibrios internos y reparto de poder.

La sucesión de Bullón llega obligada. El actual presidente no puede volver a presentarse tras haber agotado los dos mandatos estatutarios. La Asamblea General Extraordinaria está convocada para el próximo 18 de julio y, salvo sorpresa, deberá elegir entre cuatro candidatos: José Masip, Rafael Rodríguez-Ponga, Juan Carlos Hernández Boades y Raúl Mayoral.

La clave, según las fuentes consultadas, está en que José Masip sería el candidato elegido por Alfonso Bullón para garantizar una transición ordenada. No habría sido, sin embargo, la primera opción ideal del presidente saliente. En el entorno de la ACdP se señala que Bullón habría preferido inicialmente a Elío Gallego, pero que Bullón pensó, quién sabe si acertadamente, que éste no contaba con posibilidades reales de ganar. Ante ese escenario, Masip se habría convertido en el candidato viable para preservar la continuidad de la etapa que ahora concluye.

Masip aparece así como el hombre de la sucesión posible. No necesariamente como el candidato de un proyecto nuevo, sino como la fórmula para que el sistema construido durante estos años no salte por los aires. Su candidatura transmite continuidad, conocimiento de la casa y capacidad para agrupar apoyos suficientes en una elección que, por ahora, no parece marcada por grandes debates de fondo.

El caso de Rafael Rodríguez-Ponga confirma esa impresión. Aunque en un primer momento pudo presentarse como una alternativa de perfil más político e institucional, fuentes internas rebajan mucho esa diferencia. “Son lo mismo”, resume una voz conocedora del proceso. La disputa entre Masip y Rodríguez-Ponga no sería, por tanto, una confrontación sobre qué debe ser la ACdP en los próximos años, sino sobre quién debe presidirla.

La idea es relevante porque desactiva la lectura de una elección ideológica. Masip y Rodríguez-Ponga no representarían dos modelos incompatibles sobre el CEU, la presencia pública de la Asociación o El Debate. La diferencia estaría más en las personas, en las redes de apoyo y en las ambiciones de cada sector que en una verdadera alternativa de rumbo.

Distinto es el caso de Juan Carlos Hernández Boades, sevillano y antiguo director general del CEU en Andalucía. Su candidatura sí es leída en sectores internos como una opción de ruptura, o al menos como un intento de giro brusco. Las fuentes consultadas lo vinculan con la posibilidad de regresar a etapas anteriores de la ACdP, las de Romero y Caramelo, interpretadas por esos sectores como un tiempo mucho más escorado hacia posiciones de izquierda interna y de pérdida del perfil actual.

Pero Boades, según esas mismas fuentes, no tendría apenas posibilidades de ganar. Su candidatura sirve para agitar el tablero, recordar agravios y expresar un determinado malestar, pero no parece contar con fuerza suficiente para hacerse con la presidencia. En la práctica, su papel puede acabar siendo más testimonial que decisivo, salvo que un resultado muy fragmentado le permita condicionar alguna negociación posterior.

El cuarto candidato, Raúl Mayoral, sigue ocupando una posición peculiar. Ya circuló documentación de su candidatura en la que se presentaba con un fuerte acento asociativo y espiritual, insistiendo en la necesidad de recuperar el “espíritu sobrenatural” de los propagandistas. Pero en la ACdP son varios los que interpretan su candidatura no tanto como una operación para ganar, sino como una maniobra para estar presente en el reparto posterior.

Según fuentes internas, Mayoral estaría “enredando” para hacerse valer en una eventual segunda vuelta o en una negociación posterior con el candidato que tenga más opciones. El objetivo, según esa lectura, sería lograr una posición relevante en la nueva etapa, especialmente la secretaría general. No se trataría tanto de alcanzar la presidencia como de demostrar fuerza suficiente para que el futuro presidente tenga que contar con él.

El cuadro general deja unas elecciones más aburridas de lo previsto. Hay cuatro candidatos, pero no cuatro proyectos. Hay movimientos internos, pero no una discusión profunda sobre el papel de la ACdP en la Iglesia y en la sociedad española. Hay ambiciones legítimas, cálculos personales, viejas heridas y equilibrios territoriales, pero poca sustancia programática visible.

Y en medio de todo ello aparece la gran cuestión que más preocupaba fuera y dentro de la Asociación: El Debate. La cabecera relanzada bajo el mandato de Bullón se ha convertido en una de las piezas centrales de la presencia pública de la ACdP. Su futuro era, en teoría, uno de los grandes interrogantes de la sucesión. En la práctica, según las fuentes consultadas, Bieito Rubido puede estar tranquilo.

La impresión dominante es que, gane quien gane entre los candidatos con opciones reales, el proyecto de El Debate no está amenazado. Ni Masip ni Rodríguez-Ponga parecen representar una ruptura con la cabecera. Y Boades, que sí podría suponer un cambio de orientación más profundo, no tendría fuerza suficiente para imponerse. El resultado es claro: El Debate seguiría teniendo garantizada su posición, su presupuesto y su papel dentro del entramado de la ACdP.

La sucesión de Bullón puede alterar nombres, cargos y equilibrios internos, pero no parece poner en cuestión el proyecto periodístico que se ha consolidado en estos años. Dicho de otro modo: la batalla puede ser intensa dentro de la Asociación, pero no amenaza los pilares materiales del periódico.

La elección del 18 de julio apunta así a una continuidad con matices. Masip sería la continuidad orgánica bendecida por Bullón ante la falta de viabilidad de otros perfiles. Rodríguez-Ponga competiría en un terreno muy similar, más por liderazgo que por modelo. Mayoral buscaría fuerza para negociar su lugar en la nueva etapa. Boades encarnaría un posible pendulazo, pero sin opciones reales de consumarlo.

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