Robert Sarah: «Lo que León XIV ha pedido a Francia debe valer para todos los obispos»

Robert Sarah: «Lo que León XIV ha pedido a Francia debe valer para todos los obispos»

El cardenal Robert Sarah ha pedido que la apertura mostrada por León XIV hacia los sacerdotes y comunidades vinculados a la Misa tradicional no quede limitada a Francia, sino que se extienda a todos los obispos del rito romano. En una entrevista concedida a la periodista Diane Montagna, el prefecto emérito de la Congregación para el Culto Divino sostiene que la carta enviada por el Papa a los obispos franceses debe convertirse en un criterio pastoral para toda la Iglesia.

«Lo que se escribió a los obispos franceses debe aplicarse a todos los obispos», afirma Sarah, quien considera que no existe razón para mantener una actitud de hostilidad hacia una liturgia celebrada durante siglos, santificada por generaciones de fieles y vinculada a la vida de numerosos santos. La entrevista, realizada el 29 de junio, al término del segundo consistorio extraordinario del pontificado de León XIV, aborda también la sinodalidad, el informe del Grupo de Estudio número 9 sobre homosexualidad, la crisis litúrgica, la presencia de la Pachamama en el Vaticano y el futuro de la Iglesia.

«Lo escrito a los obispos franceses debe aplicarse a todos»

Sarah valora positivamente que León XIV haya alentado a los obispos franceses a mostrar una mayor apertura hacia el vetus ordo. A su juicio, la Misa tradicional no puede ser tratada como una realidad ajena o dañina para la Iglesia.

«Es una Misa que hemos celebrado durante siglos», recuerda el cardenal, antes de citar el principio defendido por Benedicto XVI según el cual aquello que fue sagrado para las generaciones anteriores continúa siéndolo hoy.

El purpurado sostiene que no es posible «borrar» una liturgia que ha alimentado la fe de la Iglesia durante siglos y que ha dado frutos de santidad. «Esta Misa ha sido celebrada por los santos, ha producido tantos santos. ¿Por qué hoy no sería posible?», se pregunta.

Sarah pide por ello a los obispos una actitud «más paternal» y abierta. Recuerda que en la Iglesia latina conviven distintos ritos, como el mozárabe o el ambrosiano, y cuestiona que se pretenda impedir una forma litúrgica que forma parte de la tradición romana.

«No sé qué autoridad tenemos para impedir una liturgia que se ha celebrado durante siglos», afirma. Para el cardenal, la aplicación de la carta de León XIV no debería limitarse al episcopado francés: «Lo escrito a los obispos franceses debe aplicarse a todos los obispos: ser más abiertos, para no crear divisiones sin motivo».

También señala que numerosos jóvenes se sienten atraídos por esta liturgia porque encuentran en ella «algo positivo», especialmente silencio, recogimiento y sentido de lo sagrado. «¿Por qué crear división por la liturgia? Eso no agrada al Señor», añade.

Sarah espera que Traditionis Custodes desaparezca gradualmente

Preguntado por las restricciones impuestas por Traditionis Custodes, Sarah evita plantear la cuestión únicamente como una confrontación entre pontificados. Recuerda que Benedicto XVI amplió la celebración de la liturgia tradicional mediante Summorum Pontificum, que Francisco introdujo posteriormente restricciones y que León XIV está ahora animando a una mayor apertura.

Ante ese escenario, considera que los obispos deben seguir la orientación del actual Pontífice y dejar de mostrarse contrarios a «algo santo, algo bello, algo que favorece el recogimiento».

Sarah expresa su deseo de que Traditionis Custodes sea superado, pero no considera imprescindible que León XIV publique un documento formal de derogación. A su juicio, el Papa puede favorecer una apertura pastoral que haga que las restricciones pierdan progresivamente su aplicación.

«Quizá, aunque no haya un documento que derogue Traditionis Custodes, podría desaparecer poco a poco, día tras día, año tras año», explica.

El cardenal muestra además sus reservas ante la práctica de que un Papa anule lo establecido por otro. «No soy realmente partidario de que un Papa diga una cosa y otro la cancele: la Iglesia es continuidad», afirma.

Para Sarah, no existe motivo para cancelar una disposición anterior si no están en juego cuestiones doctrinales o morales. Su propuesta es que León XIV permita continuar y que, en la práctica, el texto restrictivo termine desapareciendo: «Dejémoslo y digamos: “continúen”, y este texto desaparecerá poco a poco».

La liturgia, una cuestión urgente para la Iglesia

La defensa de la Misa tradicional forma parte de una preocupación más amplia de Sarah por el estado de la liturgia. El cardenal lamenta que este asunto no fuera tratado en el reciente consistorio, pese a que había sido previsto anteriormente entre los posibles temas de discusión.

En su opinión, la liturgia debería ocupar un lugar central en los próximos encuentros del Colegio Cardenalicio porque expresa la relación del hombre con Dios y condiciona la vida de fe de la Iglesia.

«Si no vivimos bien la liturgia, no podemos tener una fe sólida», sostiene, recordando el principio lex orandi, lex credendi. Para Sarah, la prioridad de la Iglesia no puede reducirse a los problemas sociales o políticos del mundo, sino que debe incluir el examen de su misión, la evangelización, el sacerdocio, los sacramentos y la transmisión de la fe.

El cardenal insiste en que la liturgia debe conducir al hombre a arrodillarse ante Dios, adorarlo, escucharlo y someterse a su voluntad. Cuando esa relación se debilita, explica, también se deterioran las relaciones humanas.

Por ello advierte contra una liturgia convertida en «juego» o «entretenimiento». «Una liturgia sagrada, no un juego, no un espectáculo», afirma al defender que el culto divino debe mantener a Dios en el centro.

«Nunca he entendido» la Iglesia sinodal

La entrevista aborda también el proceso sinodal y su fase de aplicación. Sarah reconoce que nunca ha comprendido el cambio de lenguaje que lleva a hablar de una «Iglesia sinodal».

A su juicio, la tradición ha definido a la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo, Madre, Maestra y Esposa, expresiones que reflejan su verdadera naturaleza. «No entiendo por qué debemos darle otro nombre», afirma.

El purpurado sostiene que el término «sinodalidad» no aparece con ese significado en la tradición de la Iglesia ni en los documentos del Concilio Vaticano II. Recuerda que históricamente se hablaba del Sínodo de los Obispos y advierte contra la transformación del sínodo en una asamblea general en la que la doctrina o la moral puedan someterse a votación.

«La doctrina no es algo que se vote», afirma. «Una enseñanza moral no puede votarse; es una enseñanza recibida de Dios».

Sarah considera que la sinodalidad es un término abstracto y carente de una definición suficientemente clara. Añade que resulta difícil traducirlo a numerosas lenguas africanas y pregunta qué significa realmente una «Iglesia que camina», cuando la identidad propia de la Iglesia es ser enviada y misionera.

En declaraciones complementarias a la entrevista, reclamó una definición precisa de su significado, competencias, límites y misión, sin que ello altere la doctrina, la moral, la naturaleza o la estructura de la Iglesia.

Pide que León XIV examine el informe sobre homosexualidad

Sarah se refiere igualmente al informe elaborado por el Grupo de Estudio número 9, vinculado a la aplicación del Sínodo sobre la Sinodalidad y a cuestiones relacionadas con la homosexualidad.

El cardenal considera que León XIV debería estudiar personalmente el documento antes de permitir su difusión en las diócesis. A su juicio, cualquier propuesta debe mantenerse fiel a la Revelación, al Catecismo de la Iglesia Católica y a la ley natural.

También advierte contra la posibilidad de que una perspectiva específicamente occidental se imponga al conjunto de la Iglesia universal. Sarah compara ese riesgo con las tensiones provocadas por Fiducia Supplicans y pide que no se repita una situación semejante.

«El Santo Padre debería examinar realmente este documento antes de permitir que sea publicado para todo el mundo», afirma. Sarah sostiene que el texto debería ser revisado por personas competentes, fieles a la doctrina y conscientes de la diversidad cultural de la Iglesia.

El purpurado se muestra confiado en la prudencia de León XIV y considera que no permitirá la difusión de un documento que no haya sido previamente examinado y aprobado con atención.

La Pachamama y «el paganismo que entra en la Iglesia»

En la parte final de la entrevista, Sarah presenta algunas de las preocupaciones desarrolladas en su nuevo libro, 2050, publicado en francés. La obra analiza la crisis de fe, el sacerdocio, la liturgia, la familia y la capacidad de la Iglesia para continuar siendo una luz para el mundo dentro de veinticinco años.

Al hablar de la inculturación, el cardenal advierte que ninguna cultura puede abarcar o dominar el misterio de la Eucaristía. No es el Evangelio el que debe someterse a las culturas, sostiene, sino que estas deben ser purificadas por Cristo.

En ese contexto, denuncia la entrada de elementos paganos en la vida de la Iglesia y recuerda la presencia de la Pachamama durante el Sínodo para la Amazonía de 2019.

Sarah afirma que se preguntó entonces por qué no se había elegido una imagen de la Virgen venerada en Hispanoamérica, como Nuestra Señora de Guadalupe, para presidir el sínodo. En su lugar, sostiene, «trajeron un ídolo inca» que entró en la basílica de San Pedro y fue llevado en procesión hasta el Aula Pablo VI.

«La Pachamama permaneció allí durante todo el sínodo», recuerda. El cardenal compara esta escena con la experiencia de los misioneros en África, que pedían a los nuevos cristianos abandonar y destruir los ídolos asociados a sus antiguas creencias.

«Y ahora llevamos la Pachamama a la basílica», lamenta. Para Sarah, estos hechos reflejan el riesgo de que el paganismo penetre en la Iglesia bajo la apariencia de adaptación cultural.

«La Iglesia pertenece a Cristo; no es nuestra»

Pese a la gravedad de su diagnóstico, Sarah rechaza una visión desesperanzada del futuro. La Iglesia, afirma, continuará siendo luz en 2050 porque no pertenece a los hombres, ni a los obispos, ni siquiera al Papa, sino a Cristo.

El cardenal critica la tendencia a imaginar una Iglesia fabricada según las categorías de cada época: una «Iglesia sinodal», una «Iglesia para los pobres» o cualquier otra fórmula que pretenda redefinir su identidad.

«La Iglesia no es mía», afirma. «Ningún Papa puede decir: “Quiero una Iglesia así”, porque el Papa es únicamente la roca sobre la que Cristo edifica su Iglesia. La Iglesia pertenece a Cristo; no es nuestra».

Sarah asegura que la Iglesia seguirá siendo la luz de Jesucristo, pero añade que esto exige la conversión de los hombres a Cristo, y no la adaptación de Cristo a las ideas contemporáneas.

«Debemos convertirnos nosotros a Cristo; no es Cristo quien debe convertirse a nosotros, a nuestras ideas, a nuestro cambio de paradigma», afirma.

El cardenal concluye con una afirmación de confianza: «Cristo no abandonará a su Iglesia. Permanecerá con ella hasta el fin del mundo».

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