Burke pide detener la sinodalidad, revisar Traditionis Custodes y crear un dicasterio para la Misa tradicional

Burke pide detener la sinodalidad, revisar Traditionis Custodes y crear un dicasterio para la Misa tradicional

El cardenal Raymond Leo Burke ha reclamado que se detenga el actual proceso de la sinodalidad para someterlo a un estudio teológico e histórico en profundidad y ha propuesto la creación de un dicasterio de la Santa Sede dedicado a los fieles vinculados a la liturgia tradicional. En una entrevista concedida a The College of Cardinals Report, el purpurado estadounidense amplía las reflexiones que ya había expresado tras el consistorio de finales de junio y aborda además cuestiones como el informe del Grupo de Estudio 9 del Sínodo y el futuro de Traditionis Custodes.

Para Burke, la sinodalidad, tal como se está desarrollando actualmente, carece de una definición clara y de un fundamento consolidado en la tradición de la Iglesia. «Tenemos que insistir en que todo este asunto de la sinodalidad se detenga y se lleve a cabo un estudio muy serio, porque estamos hablando de la vida misma de la Iglesia y de la salvación de las almas», afirma.

Críticas al informe del Grupo de Estudio 9

Uno de los aspectos centrales de la entrevista es la valoración que hace del informe elaborado por el Grupo de Estudio 9 del Sínodo sobre la Sinodalidad, documento que será remitido nuevamente a las diócesis durante la fase de aplicación del proceso sinodal.

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Burke considera que ese informe contiene planteamientos incompatibles con la doctrina católica sobre la moral sexual y criticó especialmente las referencias dirigidas al apostolado Courage, dedicado al acompañamiento de personas con atracción hacia el mismo sexo que desean vivir la castidad conforme a la enseñanza de la Iglesia.

Según el cardenal, las afirmaciones recogidas en el documento sobre este apostolado no fueron debidamente verificadas antes de su publicación. «¿Cómo es posible que la Iglesia publique un informe para toda la Iglesia sin comprobar si lo que se afirma sobre Courage era cierto?», se preguntó.

A su juicio, este tipo de planteamientos favorecen que algunos obispos presenten la impresión de que la Iglesia estaría modificando su doctrina sobre la homosexualidad. Burke calificó además de «completamente irresponsable» que se atribuya al papa León XIV una supuesta intención de cambiar la enseñanza moral de la Iglesia simplemente porque no haya abordado públicamente determinadas cuestiones.

El purpurado se mostró especialmente crítico con la decisión de volver a enviar el informe del Grupo de Estudio 9 a las diócesis durante la fase de implementación del Sínodo. «Eso es inicuo; no debería ocurrir», afirmó.

Una revisión de Traditionis Custodes

Burke volvió también sobre una cuestión que considera prioritaria: la situación de los fieles vinculados a la liturgia tradicional.

El cardenal reiteró sus críticas a las restricciones introducidas por Traditionis Custodes, que volvió a calificar de «persecución» hacia quienes encuentran alimento espiritual en la forma más antigua del rito romano.

Recordó que Benedicto XVI había definido esta forma litúrgica como un bien permanente para la Iglesia y manifestó su esperanza de que León XIV pueda revisar la legislación vigente, recordando que los documentos pontificios pueden ser modificados por sus sucesores.

«Es una forma del rito romano que se celebró durante más de quince siglos. Es sencillamente tan hermosa, y los fieles se han alimentado espiritualmente de esta forma del rito latino. Debería permitirse libremente», afirmó.

Como respuesta estable a esta situación, Burke propuso la creación de un dicasterio específico dentro de la Curia Romana que atienda a los fieles ligados a la liturgia tradicional y garantice el acceso a los sacramentos conforme a los libros litúrgicos anteriores a la reforma posconciliar.

«La Iglesia no tiene cambios de paradigma»

En sus declaraciones, Burke insistió asimismo en que la Iglesia no puede asumir la lógica de los llamados «cambios de paradigma» que, a su juicio, aparecen con frecuencia en algunos debates sinodales.

Apelando a la enseñanza de san Pablo sobre la transmisión de la fe recibida, sostuvo que la continuidad doctrinal constituye un elemento esencial de la vida de la Iglesia y advirtió del riesgo de adaptar excesivamente la misión eclesial a las categorías culturales contemporáneas.

Pese a sus críticas, el cardenal concluyó manifestando su confianza en la asistencia de Cristo a su Iglesia. «Nuestro Señor es siempre la cabeza de la Iglesia. Debemos permanecer con Él y tener el valor de afrontar estas cuestiones para llegar a la verdad», señaló.

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