13 de julio de 1917: la visión del infierno y el anuncio sobre Rusia que marcaron el mensaje de Fátima

13 de julio de 1917: la visión del infierno y el anuncio sobre Rusia que marcaron el mensaje de Fátima

El 13 de julio de 1917 tuvo lugar la tercera aparición de la Virgen María a los pastorcillos de Fátima, considerada una de las más importantes de toda la serie de apariciones. Aquel día, ante Lucía dos Santos y sus primos Francisco y Jacinta Marto, la Virgen confió el llamado secreto de Fátima, compuesto por tres partes: la visión del infierno, el anuncio de la futura expansión de los «errores de Rusia» y una tercera parte que permanecería reservada hasta su publicación por la Santa Sede en el año 2000.

La aparición estuvo precedida por momentos de incertidumbre. Según el relato de sor Lucía, las advertencias del párroco, que temía que los hechos pudieran ser obra del demonio, hicieron que la niña llegara incluso a plantearse no acudir a Cova da Iria. Sin embargo, cuando llegó el 13 de julio, sus dudas desaparecieron y, junto a Francisco y Jacinta, acudió al lugar habitual del encuentro con la Virgen.

«Solo ella puede obtener la paz»

Tras aparecer sobre la encina, la Virgen pidió nuevamente a los niños que regresaran el día 13 del mes siguiente y que continuaran rezando diariamente el Rosario «para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra».

Cuando Lucía le preguntó quién era y le pidió un milagro para que todos creyeran en las apariciones, la Virgen respondió que revelaría su identidad en octubre y que entonces realizaría un signo visible para todos.

Durante el diálogo, Lucía transmitió también diversas peticiones que le habían confiado los peregrinos. La Virgen respondió que algunas personas serían curadas, mientras que otras no, e insistió en la necesidad de la oración en familia y de ofrecer sacrificios por la conversión de los pecadores.

La visión del infierno

El momento central de la aparición llegó cuando la Virgen abrió nuevamente las manos.

Los tres niños contemplaron una visión que sor Lucía describiría años después como «un mar de fuego», donde se encontraban demonios y almas condenadas entre gritos y sufrimientos. Aquella experiencia, explicó la vidente, les produjo un profundo temor y solo la presencia de la Virgen les permitió no sucumbir al espanto.

Tras la visión, María les dijo:

«Habéis visto el infierno, adonde van las almas de los pobres pecadores.»

A continuación, explicó que Dios quería establecer en el mundo la devoción a su Inmaculado Corazón para la salvación de las almas.

Rusia y el Inmaculado Corazón de María

La Virgen anunció que la Primera Guerra Mundial terminaría, pero advirtió que, si los hombres no dejaban de ofender a Dios, comenzaría otra guerra aún peor.

Asimismo, pidió la consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón y la práctica de la Comunión reparadora de los primeros sábados de mes.

Según el mensaje transmitido a los pastorcillos, si estas peticiones eran atendidas, Rusia se convertiría y habría paz. En caso contrario, «esparciría sus errores por el mundo», provocando guerras, persecuciones contra la Iglesia y el martirio de numerosos cristianos.

El mensaje concluye con una promesa de esperanza:

«Al final, mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo un tiempo de paz.»

La Santa Sede publicó íntegramente esa tercera parte el 26 de junio de 2000 por decisión de san Juan Pablo II, acompañada de un comentario teológico del entonces cardenal Joseph Ratzinger. Posteriormente, Benedicto XVI afirmó que no existía ninguna parte oculta del secreto distinta de la ya publicada por el Vaticano.

Una prueba para los tres pastorcillos

Después de esta aparición, los tres niños soportaron una creciente presión para revelar el contenido del secreto. Familiares, vecinos, autoridades civiles e incluso miembros del clero intentaron conocer lo que la Virgen les había confiado.

La situación alcanzó un momento crítico pocas semanas después, cuando las autoridades republicanas portuguesas, abiertamente anticlericales, detuvieron a los pastorcillos e intentaron obligarlos a revelar el secreto, sin conseguirlo. Aquellos acontecimientos precedieron a la célebre aparición del 13 de octubre de 1917, en la que tuvo lugar el llamado milagro del sol, presenciado por decenas de miles de personas.

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