Por Michael Pakaluk
Los obispos estadounidenses en el Tercer Concilio Plenario de Baltimore en 1884 no dijeron, en su Carta Pastoral, que los Fundadores “construyeron mejor de lo que sabían”. El padre John Courtney Murray y muchos otros afirmaron esto. Pero la afirmación es falsa.
Enseñen a sus hijos a tener un interés especial en la historia de nuestro propio país. Consideramos el establecimiento de la independencia de nuestro país, la configuración de sus libertades y leyes como una obra de la Providencia especial, sus redactores “construyendo más sabiamente de lo que sabían”, la mano del Todopoderoso guiándolos.
Sus palabras fueron “más sabiamente de lo que sabían”, no “mejor de lo que sabían”. ¿Cuál es la diferencia? La frase “mejor de lo que sabían” era, en ese momento, una alusión muy conocida a un poema de Emerson. Se usaba ampliamente para describir la Fundación: por eso nuestros obispos pusieron la frase entre comillas; no estaban inventando la frase sino repitiéndola.
Como se usaba popularmente, significaba que las cosas salieron incluso mejor de lo esperado. Sin embargo, nuestros obispos se cuidaron de cambiar “mejor” por “más sabiamente”, precisamente para otorgar una interpretación sobrenatural a la Fundación, como obra de la divina providencia. Por supuesto, todos los que participan de la sabiduría divina hacen cosas que son “más sabias” de lo que saben.
Detengámonos a considerar que no es compatible con esta visión, de la Fundación providencial, que la Fundación haya estado viciada desde el principio por una filosofía implícita de egoísmo hobbesiano.
Nuestros obispos, reunidos en Baltimore en 1884, solo estaban repitiendo lo que los primeros obispos estadounidenses creían cien años antes, los que estuvieron presentes en la Fundación. Poco después de la elección de George Washington como nuestro primer presidente, esos obispos le escribieron para expresarle sus buenos deseos: “Sus exaltadas máximas y su incansable atención al mejoramiento moral y físico de nuestro país produjeron ya los más felices efectos”.
Agregaron:
Tanto por el ejemplo como por la vigilancia, usted extiende la influencia de las leyes sobre las costumbres de nuestros conciudadanos; fomenta el respeto por la religión e inculca, con palabras y acciones, ese principio del que tanto depende el bienestar de las naciones: que una Providencia supervisora gobierna los acontecimientos del mundo y vela por la conducta de los hombres.
Describen a Washington como “el instrumento principal” de esta providencia y opinan: “concebimos que ningún medio humano está tan disponible para promover el bienestar de los Estados Unidos como la prolongación de su salud y de su vida, en las que se incluyen la energía de su ejemplo, la sabiduría de sus consejos y la elocuencia persuasiva de sus virtudes”.
Los que están ciegos deben confiar en los que pueden ver. Si la corrupción de nuestros políticos desde entonces, la codicia y la autoafirmación de nuestros conciudadanos, y las interpretaciones erróneas de nuestra Constitución por parte de juristas insensatos nos cegaron ante la sabiduría y la bendición divina sobre la Fundación, debemos mirar a los católicos de una época anterior para ver correctamente y, viendo, como católicos, enamorarnos de nuestro país otra vez.
Sobre el autor:
Michael Pakaluk, especialista en Aristóteles y ordinario de la Academia Pontificia de Santo Tomás de Aquino, es profesor de Economía Política en la Busch School of Business de la Universidad Católica de América. Vive en Hyattsville, MD, con su esposa Catherine, también profesora en la Busch School, y sus hijos. Su colección de ensayos, The Shock of Holiness (Ignatius Press), ya está disponible. Su libro sobre la amistad cristiana, The Company We Keep, está disponible por Scepter Press. Fue colaborador de Natural Law: Five Views, publicado por Zondervan el pasado mayo, y su libro de los Evangelios más reciente salió con Regnery Gateway en marzo, Be Good Bankers: The Economic Interpretation of Matthew’s Gospel. Podés seguirlo en Substack en Michael Pakaluk.