León XIV en el Ángelus: «La verdadera sabiduría de Dios se revela en la humildad»

León XIV en el Ángelus: «La verdadera sabiduría de Dios se revela en la humildad»

El papa León XIV centró la reflexión previa al rezo del Ángelus de este domingo en la verdadera sabiduría cristiana, contraponiéndola a la soberbia intelectual y recordando que Cristo revela el rostro del Padre precisamente a los pequeños y a los humildes. Comentando el Evangelio del XIV Domingo del Tiempo Ordinario (Mt 11,25-30), el Pontífice afirmó que «la sabiduría que el Señor nos dona es un anuncio de salvación» y que «su yugo nos levanta en cada caída».

Ante los fieles reunidos para la oración mariana, el Papa explicó que la acción de gracias elevada por Jesús al Padre manifiesta el estilo propio de Dios, que se revela a quienes acogen el Evangelio con sencillez. En cambio, advirtió del riesgo de una sabiduría puramente humana que termina convirtiéndose en orgullo.

«La sabiduría humana se convierte entonces en arrogancia y la doctrina degenera en soberbia. La verdadera sabiduría de Dios se revela, en cambio, en la humildad de la carne», afirmó León XIV, recordando la invitación de Cristo: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados».

El yugo de Cristo es la entrega por amor

El Pontífice explicó que el «yugo» del que habla Jesús en el Evangelio no es una carga opresiva, sino la entrega de la propia vida por amor. «La entrega de sí mismo por amor es el «yugo» de Jesús, es decir, la síntesis de su enseñanza y el corazón de su sabiduría», señaló.

León XIV respondió también a la pregunta de cómo puede resultar ligero el peso de la cruz. Según explicó, la razón es que Cristo carga primero con ella y nunca abandona al hombre en medio del sufrimiento.

«La sabiduría que Él nos dona es un anuncio de salvación, y su yugo nos levanta en cada caída», afirmó.

Una escuela de libertad

El Papa insistió en que seguir a Cristo no significa abrazar una espiritualidad de mera mortificación, sino recorrer un camino auténtico de libertad.

«Al seguir a Cristo, nuestro camino no es una ascética que mortifica: es una escuela de libertad, que toma en serio el drama de la historia y siempre ilumina su sentido, sobre todo en los momentos más oscuros», dijo.

En la parte final de su reflexión, León XIV resumió el núcleo del mensaje cristiano con una serie de afirmaciones que relacionan la obra redentora de Cristo con las heridas del mundo actual: «En la esclavitud, Cristo es liberación. Bajo el azote de la guerra, Cristo es esperanza. En la hora del pecado, Cristo es perdón».

Antes de concluir, el Santo Padre invitó a encomendar a la Virgen María las necesidades de la Iglesia y del mundo, pidiendo «la intercesión de María, Reina de la Paz, por el bien de la Iglesia y del mundo entero».

A continuación reproducimos íntegramente la catequesis pronunciada por León XIV antes del rezo del Ángelus.

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

El Evangelio de la liturgia de hoy (Mt 11,25-30) nos invita a compartir la alabanza que Jesús eleva al Padre, «Señor del cielo y de la tierra» (v. 25). El Hijo de Dios, hecho hombre, manifiesta su amor implicando a toda criatura en esta acción de gracias.

La sencillez de un gesto tan espontáneo y alegre corresponde al estilo de Dios, que ama revelarse «a los pequeños», mientras permanece oculto «a los sabios y entendidos» (cf. v. 25). Estos, en efecto, están tan llenos de sus propias ideas que no reconocen la presencia de Cristo, el Mesías que visita a su pueblo. La sabiduría humana se convierte entonces en arrogancia y la doctrina degenera en soberbia. La verdadera sabiduría de Dios se revela, en cambio, en la humildad de la carne, y su enseñanza se dirige a quienes más sufren: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados» (v. 28), dice el Señor. Ir a Jesús significa corresponder a su amor y compartir su vida hasta la cruz, como Él mismo nos explicó: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga» (Mt 16,24). Precisamente la entrega de sí mismo por amor es el «yugo» de Jesús (cf. Mt 11,29), es decir, la síntesis de su enseñanza, el corazón de su sabiduría, ardiente de caridad hacia todos.

Hermanos y hermanas, ¿cómo puede ser «ligero» y «suave» el peso de la cruz (cf. v. 30)? Solo por una razón: porque el Señor la lleva primero y con todos nosotros, sin dejarnos nunca solos ante aquello que nos derrumba. Como verdadero Maestro, Jesús carga sobre sí a la humanidad herida por el mal para cuidar de ella. La sabiduría que Él nos dona es, por tanto, un anuncio de salvación, y su yugo nos levanta de toda caída. Siguiendo a Cristo, nuestro camino no es una ascesis que mortifica: es una escuela de libertad, que toma en serio el drama de la historia y siempre ilumina su sentido, especialmente en los momentos más oscuros. En efecto, solo en la cruz de Jesús el mal es redimido; solo en su pasión nuestro cansancio mortal encuentra consuelo y redención.

En la esclavitud, Cristo es liberación. Bajo el azote de la guerra, Cristo es esperanza. En la hora del pecado, Cristo es perdón. Esta es la verdadera sabiduría, es decir, el camino que queremos recorrer juntos, unidos como discípulos en su nombre. Jesús nos la enseña como Hijo, haciéndose nuestro hermano: con la fuerza del Espíritu Santo, Él mismo revela a la Iglesia la verdad de Dios y del hombre, porque «nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar» (v. 27).

Queridos hermanos y hermanas, mientras damos gracias al Señor por esta confianza llena de amor, pidamos la intercesión de María, Reina de la Paz, por el bien de la Iglesia y del mundo entero.

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