León XIV pide a la Fraternidad San Pío X que abandone el camino del cisma y regrese a la comunión con Roma

León XIV pide a la Fraternidad San Pío X que abandone el camino del cisma y regrese a la comunión con Roma

El Papa ha dirigido una carta al superior general de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, don Davide Pagliarani, en la que reconoce el apego a la Tradición de sus miembros pero les advierte con firmeza de que un «acto cismático» les privaría de la recepción lícita —y en algunos casos válida— de los sacramentos. La misiva, fechada el 29 de junio de 2026, solemnidad de los santos Pedro y Pablo, constituye el primer pronunciamiento directo de León XIV sobre la situación canónica de la Fraternidad.

El documento, redactado en italiano y dirigido personalmente a Pagliarani, se extiende por medio suyo «a los obispos, a los sacerdotes, a los seminaristas y a los fieles ligados a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X». El Pontífice afirma escribir «con ánimo paterno» y «consciente de la responsabilidad que el Señor me ha confiado como Sucesor del Apóstol Pedro».

León XIV reconoce expresamente lo que Roma rara vez ha admitido con tanta claridad: «La Iglesia reconoce el apego a la vida litúrgica, el empeño en la formación sacerdotal, el celo apostólico y el deseo de fidelidad a la Tradición que caracterizan a muchas personas y comunidades ligadas a esa Fraternidad». Este reconocimiento, señala, ha motivado «la actitud de atención y de benevolencia» que sus predecesores —Benedicto XVI y Francisco— mantuvieron hacia el instituto fundado por monseñor Marcel Lefebvre.

Una advertencia inequívoca

Sin embargo, el tono paternal da paso a una advertencia sin ambigüedades. El Papa ruega y pide «con todo el corazón: ¡volved sobre vuestros pasos!», exhortando a Pagliarani a «considerar atentamente el bien espiritual de los fieles».

«El acto cismático que cometeríais os privaría de la recepción lícita y en algunos casos incluso válida de los Sacramentos que ellos aman y buscan para su propia santificación»

La referencia a la validez sacramental resulta especialmente significativa. Hasta ahora, Roma había mantenido que las ordenaciones de la FSSPX, aunque ilícitas, eran válidas, y que los fieles podían acudir a sus confesiones en caso de necesidad. Una ruptura formal —un «acto cismático», en palabras del Papa— alteraría este delicado equilibrio canónico.

Diálogo abierto, pero sin recibirles

León XIV insiste en que «la Iglesia está disponible a un camino de diálogo y de entendimiento que el Espíritu Santo puede hacer posible y fecundo». No obstante, el marco del diálogo queda claramente definido: no se trata de negociar la doctrina, sino de que la Fraternidad desista de su «intento» —término que sugiere que Roma considera inminente algún movimiento por parte de Menzingen.

La carta concluye con una invocación de gravedad teológica: «Lacerar la Túnica inconsútil de Cristo es un pecado de extrema gravedad. El Señor ilumine vuestras conciencias y despierte vuestros corazones». El Papa confía estas intenciones «al Corazón Inmaculado de María, Madre del Buen Consejo».

Un contexto de tensión creciente

La carta llega en un momento de incertidumbre sobre el futuro de las relaciones entre la Santa Sede y la Fraternidad. Desde la muerte de Francisco, que había concedido a la FSSPX la facultad de confesar válidamente y celebrar matrimonios, el diálogo doctrinal permanecía estancado. La elección de León XIV —el cardenal estadounidense Robert Prevost— había generado expectativas dispares: algunos esperaban un acercamiento pragmático; otros, una clarificación definitiva del estatus canónico de la Fraternidad.

La fecha elegida para la misiva no es casual. La solemnidad de los santos Pedro y Pablo, patronos de Roma, subraya la dimensión petrina del llamamiento: es el Sucesor de Pedro quien habla, invocando expresamente su autoridad. Queda por ver cómo responderá Menzingen a esta carta que, bajo el ropaje de la paternidad, contiene una advertencia cuyas consecuencias canónicas podrían ser irreversibles.

 

 

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