Un grupo de 26 profesores, teólogos y responsables académicos de la Universidad Franciscana de Steubenville ha hecho pública una carta abierta dirigida al superior general de la Fraternidad Sacerdotal San Pio X (FSSPX), el padre Davide Pagliarani, y a su Consejo General.
Entre los firmantes figuran algunas de las personalidades más conocidas del panorama teológico católico estadounidense, como Scott Hahn, John Bergsma, Mark Miravalle, Michael Waldstein, Regis Martin y Petroc Willey, además del presidente de la universidad, el padre Dave Pivonka, TOR.
En la carta, los firmantes reconocen expresamente el amor de la FSSPX por la liturgia tradicional, la reverencia en el culto y su deseo de servir a Cristo, pero les piden que reconsideren la decisión de consagrar nuevos obispos sin mandato pontificio. A su juicio, ese paso «consolidaría y profundizaría la separación ya existente» entre la Fraternidad y la Sede de Pedro, provocando «una nueva herida en el Cuerpo de Cristo».
Apoyándose en el magisterio del Concilio Vaticano I, el Concilio Vaticano II y el Código de Derecho Canónico, los autores defienden que los tesoros de la Tradición «pertenecen al corazón mismo de la Iglesia» y no deben preservarse al margen de la comunión visible con el Sucesor de Pedro. Al mismo tiempo, reconocen que la Iglesia atraviesa una profunda crisis, pero sostienen que ninguna dificultad justifica una ruptura de la unidad eclesial.
A continuación ofrecemos la traducción íntegra de la carta:
«¿También vosotros queréis marcharos?» (Juan 6, 67)
Carta abierta a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (Casa General)
Querido padre Davide Pagliarani, Superior General:
Queridos miembros del Consejo General:
¡Queridos hermanos y hermanas en Cristo!
No os escribimos como adversarios, sino como hermanos cristianos que aman a la Iglesia, edificada sobre la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición, y que, como vosotros, anhelan la salvación de las almas.
Vuestro amor por la belleza de la liturgia tradicional y vuestra reverencia en el culto dan testimonio de vuestro sincero deseo de servir al Señor. Compartimos ese amor y ese deseo.
Con humildad os pedimos que reconsideréis la anunciada consagración de obispos, prevista para el próximo 1 de julio. Esta consolidaría y profundizaría la separación ya existente entre la Fraternidad y la Sede de Pedro. Nuestro Señor Jesucristo rogó al Padre «para que todos sean uno» (Jn 17, 21). La unidad en la Iglesia no es una cuestión meramente práctica; pertenece a la misma voluntad de Cristo. La Iglesia es una porque Cristo es uno. Estamos convencidos de que todo obispo, sacerdote y fiel católico está llamado a preservar y fortalecer esa unidad visible.
El Concilio Vaticano I enseñó que «por disposición divina, la Iglesia romana posee una preeminencia de potestad ordinaria sobre todas las demás Iglesias, y que esta potestad jurisdiccional del Romano Pontífice es verdaderamente episcopal e inmediata. Tanto los pastores como los fieles, de cualquier rito y dignidad, tanto individual como colectivamente, están obligados a someterse a ella por deber de subordinación jerárquica y de verdadera obediencia, no solo en las materias que pertenecen a la fe y a las costumbres, sino también en aquellas que se refieren a la disciplina y al gobierno de la Iglesia extendida por todo el mundo» (Pastor Aeternus, 3).
Haciéndose eco de esa misma Tradición, el Concilio Vaticano II enseñó que Cristo confió el cuidado de la Iglesia universal al colegio de los obispos unido a su cabeza, el sucesor de Pedro. El Concilio declaró que el Romano Pontífice es «el principio y fundamento perpetuo y visible de la unidad, tanto de los obispos como de la multitud de los fieles» (Lumen Gentium, 23). Recogiendo esta tradición, la Iglesia sostiene que «se llama cisma el rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia a él sometidos» (Código de Derecho Canónico, c. 751).
La Iglesia reconoce que, en determinados momentos del pasado, «comunidades bastante numerosas se separaron de la plena comunión con la Iglesia católica, a veces no sin culpa de los hombres de una y otra parte» (Unitatis Redintegratio, 3). Y, sin embargo, cualesquiera que sean las cuestiones o agravios legítimos que puedan existir, no constituyen una justificación para provocar un cisma.
El Concilio enseñó también que el Espíritu Santo continúa guiando a la Iglesia a lo largo de la historia. En todas las épocas, la Iglesia puede atravesar incluso graves crisis. San Pablo, Apóstol de los gentiles, es nuestro modelo en esos momentos, cuando declara: «Os ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que digáis todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros, sino que estéis perfectamente unidos en un mismo pensar y un mismo sentir» (1 Cor 1, 10). Pablo habló con franqueza y abiertamente con Pedro (Gal 2, 11) y, finalmente, no emprendió una misión diseñada por él mismo, sino la que le fue confiada por la autoridad de la Iglesia (Hch 15, 25; Gal 2, 9). Incluso frente a las crisis más graves, nos exhorta a «llevar los unos las cargas de los otros, y así cumpliréis la ley de Cristo» (Gal 6, 2).
Vivimos en un tiempo en el que la Iglesia afronta numerosas crisis. Sin embargo, permanecen las promesas de Cristo: «No os dejaré huérfanos» (Jn 14, 18) y «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20). La fidelidad a Cristo implica confiar en que Dios no ha abandonado ni abandonará jamás a su Iglesia, aunque la llamada a una continua conversión y renovación afecta a todos sus miembros, en todos los niveles. Los tesoros de la Tradición católica no pertenecen fuera de la comunión con Pedro; pertenecen al corazón mismo de la Iglesia. Una nueva consagración episcopal fuera de la jerarquía eclesiástica y sin mandato apostólico abriría una nueva herida en el Cuerpo de Cristo y situaría fuera del abrazo maternal de la Iglesia los dones que Dios ha confiado a la Fraternidad, dones que pertenecen a la Iglesia y están ordenados a la unidad con ella (Lumen Gentium, 8). Por favor, no hagáis esto. ¡Por favor, no provoquéis esta herida! Os rogamos que retoméis el diálogo con la Santa Sede y el camino hacia la plena comunión con la Iglesia.
Y a los fieles queremos preguntarles: «¿También vosotros queréis marcharos?» (Jn 6, 67). ¿Qué buscáis? ¿A quién buscáis? Cristo está aquí mismo, en su Iglesia, en sus sacramentos. Él ofreció su cuerpo en la cruz, y su Cuerpo místico, la Iglesia, no debe ser dividido.
Solo nos queda desearos que «la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros» (2 Cor 13, 14).
¡Que Nuestra Señora, Mater Ecclesiae, ruegue por vosotros y por todos nosotros!
En Cristo,
Los abajo firmantes, profesores de Teología y responsables académicos de la Universidad Franciscana de Steubenville
Dr. Donald Asci, profesor de Teología.
Dr. Mark Banga, profesor asistente de Teología, Catequética y Evangelización.
Dra. Hannah Barrett, profesora asociada de Teología.
Dr. John Bergsma, profesor de Teología.
Dr. Ron Bolster, profesor asociado de Teología y decano de la Escuela de Teología y Filosofía.
Dr. Scott Hahn, profesor de Teología.
Dr. Stephen Hildebrand, rector académico (Provost) y profesor de Teología.
Dr. Regis Martin, profesor de Teología.
Dr. Mark Miravalle, profesor de Teología.
Dr. Jeffrey L. Morrow, profesor de Teología.
Dr. William Newton, profesor de Teología y director del Departamento de Teología.
Dr. Shane Owens, profesor asistente de Teología y director del Máster en Ciencias Teológicas.
Dr. James Pauley, profesor de Teología y Catequética.
P. Dave Pivonka, TOR, presidente.
Diác. Bob Rice, PhD, profesor de Catequética y director de los Estudios de Posgrado en Evangelización y Catequética.
P. Shawn Roberson, TOR, capellán.
Dra. Amy Roberts, profesora de Teología y Catequética.
Dra. Deborah Savage, profesora de Teología y directora del Instituto para el Estudio del Hombre y la Mujer.
Dr. Alan Schreck, profesor emérito de Teología.
Dr. Scott Sollom, profesor de Teología.
P. Jonathan St. André, TOR, vicepresidente para la Vida Franciscana.
Dr. Michael Waldstein, profesor de Teología.
Dra. Katharina Westerhorstmann, profesora de Teología y Ética Médica.
P. Patrick Whittle, TOR, profesor asistente de Teología.
Dr. Petroc Willey, profesor de Teología y Catequética.
Dr. Jacob Wood, profesor de Teología y director del doctorado en Sagrada Teología.