El papa León XIV ha reconocido el martirio de veinte sacerdotes de la diócesis de Ibiza asesinados por odio a la fe durante la persecución religiosa de 1936. La decisión, aprobada este jueves durante una audiencia con el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, abre el camino hacia la beatificación de Juan Torres Torres y sus diecinueve compañeros.
El decreto reconoce oficialmente que estos sacerdotes fueron asesinados in odium fidei entre agosto y septiembre de 1936, en los primeros meses de la Guerra Civil española. Con este reconocimiento, la Iglesia declara que murieron precisamente por su condición de sacerdotes y por su fidelidad a la fe católica.
La futura beatificación de estos veinte mártires se suma a las numerosas causas de víctimas de la persecución religiosa española reconocidas por la Iglesia en las últimas décadas, una memoria que sigue aflorando casi noventa años después de aquellos acontecimientos.
La mitad del clero de Ibiza y Formentera
Los veinte sacerdotes asesinados representaban aproximadamente la mitad del clero de Ibiza y Formentera en aquel momento. Su muerte se produjo en un contexto de creciente hostilidad contra la Iglesia que ya había comenzado años antes del estallido de la Guerra Civil.
La situación llegó a deteriorarse hasta el punto de que la diócesis suspendió las procesiones por motivos de seguridad. En 1934 fue profanada la parroquia de San Carlos y posteriormente se registraron ataques contra templos y edificios religiosos.
La persecución que se desencadenó en el verano de 1936 no se limitó a ataques aislados. Su objetivo era erradicar la presencia pública de la Iglesia en las islas. Entre otras medidas, llegaron a eliminarse referencias religiosas de la vida pública, incluyendo el prefijo «San» en algunos nombres de localidades.
Juan Torres Torres, cabeza de la causa y el más joven del grupo, era conocido por su humildad y espíritu de servicio. Su recuerdo, al igual que el de sus compañeros, ha permanecido vivo durante generaciones entre los fieles de Ibiza y Formentera.
Una de las mayores persecuciones religiosas del siglo XX
Durante la persecución religiosa desarrollada principalmente entre 1936 y 1939, miles de sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos fueron asesinados por motivos directamente relacionados con su fe católica. Iglesias, conventos, colegios y obras religiosas fueron saqueados, incendiados o destruidos en numerosas regiones del país.
Desde san Juan Pablo II hasta nuestros días, la Iglesia ha continuado reconociendo a muchas de aquellas víctimas como mártires, subrayando que su muerte no fue consecuencia accidental de un conflicto político, sino de una persecución dirigida específicamente contra la fe y sus representantes.
Cinco nuevos venerables
Junto al reconocimiento del martirio de los sacerdotes de Ibiza, el Papa autorizó también la promulgación de decretos sobre las virtudes heroicas de cinco siervos de Dios, que pasan a recibir el título de venerables.
Entre ellos destaca la mallorquina Clara Andreu y Malferit, religiosa jerónima nacida en Palma de Mallorca en 1596. Ingresó siendo niña en el monasterio de San Bartolomé de Inca, donde desarrolló una intensa vida de oración y una profunda experiencia espiritual. Sus fenómenos místicos despertaron el interés de las autoridades eclesiásticas, que ordenaron diversas investigaciones para discernir su autenticidad. Lejos de resistirse, aceptó con humildad todas las disposiciones que le fueron impuestas, convirtiendo la obediencia en uno de los rasgos más destacados de su vida espiritual. Falleció en 1628 con apenas 31 años y su fama de santidad se ha mantenido viva durante siglos en Mallorca.
También fue reconocido como venerable el sacerdote belga Júlio Maria De Lombaerde, misionero de la Congregación de los Misioneros de la Sagrada Familia y fundador de tres congregaciones religiosas. Su vocación misionera nació siendo adolescente tras escuchar la predicación de un obispo africano. Después de una primera etapa vinculada a las misiones en el norte de África, fue enviado a Brasil, donde desarrolló una intensa labor evangelizadora, educativa y social en regiones de difícil acceso. Recorrió extensos territorios dedicándose a la catequesis y a la formación de comunidades cristianas, hasta su muerte en un accidente de tráfico en la víspera de Navidad de 1944.
La estadounidense María Teresa Tallon, hija de inmigrantes irlandeses y fundadora de las Visitadoras Parroquiales de María Inmaculada, dedicó gran parte de su vida a la educación y a la atención de los más desfavorecidos. Durante una epidemia de difteria en San Francisco contrajo la enfermedad mientras atendía a los enfermos y continuó consolando a otros pacientes incluso durante su propia hospitalización. Más tarde fundó una congregación concebida para llevar la presencia de la Iglesia a los hogares, especialmente entre inmigrantes, enfermos y personas alejadas de la práctica religiosa.
Entre los nuevos venerables figura también María Inés Tribbioli, fundadora de las Pías Obreras de San José. Nacida en Florencia en circunstancias familiares difíciles, desarrolló una intensa actividad caritativa inspirada por la espiritualidad franciscana. Durante la Segunda Guerra Mundial acogió y protegió a judíos perseguidos, enfrentándose incluso a las autoridades alemanas. Por esta actuación sería posteriormente reconocida como Justa entre las Naciones, uno de los títulos más significativos concedidos a quienes ayudaron a salvar vidas judías durante el Holocausto.
Completa la lista la dominica italiana María Petra Giordano, nacida en Nápoles en 1912. Tras trasladarse con su familia a Roma, descubrió su vocación religiosa en la basílica de Santa María sopra Minerva. Ingresó en el monasterio dominico de Santa María del Sasso, en la Toscana, donde llegó a desempeñar responsabilidades de gobierno y formación. Fue maestra de novicias y posteriormente priora de la comunidad. Fallecida en 2006, su causa cuenta todavía con numerosos testigos directos que pudieron conocer de primera mano su vida de oración, fidelidad al Evangelio y entrega a la vida contemplativa.