León XIV inicia su visita a Barcelona en la Catedral y una oración ante santa Eulalia

León XIV inicia su visita a Barcelona en la Catedral y una oración ante santa Eulalia

El papa León XIV comenzó este martes su agenda en Barcelona con una visita a la Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia, donde presidió el rezo de la Hora Media junto al cardenal Juan José Omella y rezó ante la tumba de la patrona de la ciudad. El acto constituyó la primera cita oficial del Pontífice en la capital catalana tras aterrizar poco después del mediodía en el aeropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat.

Procedente de Madrid, donde concluyó su programa de actos con un encuentro con voluntarios en IFEMA, el Santo Padre llegó a Barcelona acompañado por miembros de la delegación vaticana. A su llegada al aeropuerto fue recibido por diversas autoridades civiles, entre ellas el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, antes de trasladarse directamente a la Catedral.

Las campanas anunciaron la llegada del Papa

La llegada de León XIV al templo catedralicio estuvo acompañada por el repique de las campanas, que comenzaron a sonar minutos antes de que el vehículo papal accediera al entorno de la plaza de la Seu.

A las puertas de la Catedral, el Pontífice fue recibido por el cardenal arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, y por miembros del cabildo catedralicio. Tras recibir la cruz y el agua bendita según el ceremonial previsto, accedió al interior del templo para realizar un primer momento de oración ante el Santísimo Sacramento.

Posteriormente recorrió la nave central mientras el coro interpretaba los cantos de bienvenida preparados para la ocasión.

Rezo de la Hora Media junto al clero de Barcelona

La Catedral acogió a continuación el rezo de la Hora Media, una de las horas litúrgicas de la oración oficial de la Iglesia. La celebración reunió a sacerdotes, religiosos, seminaristas y fieles de la archidiócesis de Barcelona en torno al Sucesor de Pedro.

El histórico templo gótico, dedicado desde hace siglos a la Santa Cruz y a santa Eulalia, se convirtió así en el escenario del primer acto litúrgico de León XIV en tierras catalanas.

Durante la celebración, el Santo Padre pronunció una homilía dirigida a los fieles presentes, intercambiando frases en español y catalán:

Estimats germans i germanes,

Amb gran goig començo la meva visita resant l’Hora sexta en aquesta Catedral amb tots vosaltres.

[Queridos hermanos y hermanas:

Con gran alegría inicio mi visita rezando la Hora sexta en esta Catedral junto a vosotros.]

El Concilio Vaticano II define el Oficio divino como «la voz de la misma Esposa que habla al Esposo» (Sacrosanctum Concilium, 84) y «la oración de Cristo, con su Cuerpo, al Padre» (ibíd.). También la Lectura que hemos escuchado subraya que todos «hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo» (1 Co 12,13). Podemos entonces dejarnos ayudar, en nuestra reflexión, precisamente por estas dos imágenes: la Esposa y el Cuerpo.

La primera nos recuerda que la Iglesia, y en particular esta asamblea, rica de dones y carismas y de la variedad de las historias de cada uno, es ante todo una Esposa amada. Dios os ha querido aquí, porque ama en vosotros y en vuestro estar juntos una belleza y una bondad únicas y sagradas. Él os ha elegido a vosotros para representar hoy la “comunidad de los santos” (cf. 1 Co 1,2) que está en Barcelona. Y es con esta conciencia que os invito a renovar, concordes, el propósito de caminar juntos, todos, fieles y Pastores, tras las huellas de Cristo, hacia la plenitud de la vida. La Iglesia es fruto de un acto de amor que la precede y que viene de Dios y, ante todo, crece dejándose amar por Él, unida, con corazón humilde y agradecido, porque sólo quien se deja amar por Dios puede construir, con los demás, las obras del amor.

A este respecto, el Papa Francisco, no hace muchos años, recomendaba a esta Comunidad diocesana iniciar «desde el encuentro con Cristo» para crecer «en fraternidad, en el anuncio de la Buena Nueva del Evangelio» (Videomensaje con motivo de la inauguración de la torre de la Virgen María de la basílica de la Sagrada Familia, 8 diciembre 2021), y, un año después, repetía a los seminaristas de esta misma Archidiócesis, peregrinos en Roma: «No dejen nunca de gustar y rememorar este amor de predilección que se derrama y se derramará abundantemente en su corazón […]. No apaguen nunca ese fuego que los hará intrépidos predicadores del Evangelio» (Discurso a la comunidad del Seminario de Barcelona, 10 diciembre 2022).

Sus palabras indican el clima que estamos llamados a difundir en nuestros ambientes, en las familias, en las parroquias, en los lugares de trabajo y de formación, en los ambientes de la Curia y en cualquier otro ámbito de vida: un clima de familia, en el que se vive juntos, conscientes de la filiación y de la llamada común, solidarios, abiertos, capaces de misericordia, de sacrificio, de atención recíproca, de perdón.

Estimats amics, Barcelona, en aquest sentit, té una gran tradició d’Església. Ho recordava sant Joan Pau II quan, en la seva visita aquí, lloava «l’ànim acollidor que al llarg de la història ha dut als barcelonins i catalans, a tots vosaltres, a compartir la ciutadania humana i cristiana amb moltíssima gent» (Àngelus, Barcelona, 7 novembre 1982), i us animava a «proclamar davant l’Església que aquesta ciutat i aquesta regió són un lloc ampli i obert a la fraternitat cristiana» (ibíd.).

Amb les seves paraules trobem rostres de tants germans i germanes que entre vosaltres s’han entregat i s’entreguen per construir harmonia i comunió, més enllà de tota polarització. I també avui hi trobem confirmació en la vitalitat de tantes obres d’anunci, de formació i de caritat de les quals tots vosaltres sou animadors i protagonistes.

[Queridos amigos: Barcelona, en esto, tiene una gran tradición de Iglesia. Lo recordaba san Juan Pablo II cuando, en su visita aquí, alababa el «ánimo acogedor que a lo largo de la historia ha llevado a barceloneses y catalanes, a vosotros, a compartir ciudadanía humana y cristiana con innumerables gentes» (Ángelus, Barcelona, 7 noviembre 1982), y os animaba a «proclamar ante la Iglesia que esta ciudad y esta región son un hogar amplio y abierto a la fraternidad cristiana» (ibíd.).

En sus palabras encuentran un lugar los rostros de tantos hermanos y hermanas que entre vosotros se han entregado y se entregan para construir armonía y comunión, más allá de toda polarización. Y también hoy ellas se ven confirmadas en la vitalidad de las numerosas obras de anuncio, de formación y de caridad de las que todos vosotros sois animadores y protagonistas.]

Esto nos lleva a la segunda imagen en la que queremos detenernos: la del cuerpo, objeto inmediato de la lectura que hemos escuchado (cf.1 Co 12,12-13). Si Cristo es el Esposo que nos amó primero, Él es también la Cabeza a la que estamos unidos como miembros de un único organismo, unos al servicio de otros, «hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nación» (Ap 5,9), todos animados por la acción del mismo Espíritu, todos llamados a la misma santidad. También esto es importante, porque nos recuerda que para nosotros trabajar juntos no es una elección de “estilo”, sino una necesidad fisiológica, fundada en la gracia concedida a cada uno «según la medida del don de Cristo» (Ef 4,7), y a la que correspondemos poniendo en juego los carismas recibidos en el respeto de los ministerios confiados. Es el Espíritu quien, como partes de una única estructura viva, nos impulsa no sólo a entregarnos sin reservas allí donde la Providencia nos llama, sino a hacerlo según los designios de Dios, en la obediencia y en la confianza.

Como en un cuerpo, también entre nosotros hay miembros más fuertes y otros más débiles, algunos visibles, que desempeñan funciones evidentes hacia el exterior, otros escondidos, que actúan desde dentro, en algunos casos sin detenerse nunca y cumpliendo funciones vitales, sin que nadie siquiera se dé cuenta.

Son muchas las imágenes con las que podríamos ilustrar la variedad y la importancia de los roles y de las misiones que encontramos entre nosotros, pero el mensaje es siempre el mismo: en la riqueza de los dones recibidos, somos fuertes porque estamos unidos, y estamos unidos porque estamos animados por el mismo Espíritu, el Espíritu de Cristo, que es Espíritu de comunión para la salvación de todos (cf. Ef 4,4). Por tanto, es importante, para cada uno de nosotros, no permitir que nada destruya la unidad en la que Dios nos ha constituido y hacia cuya plenitud nos conduce día tras día.

Barcelona és anomenada “Cap i Casal de Catalunya”. Això dóna a aquesta comunitat, i a tots vosaltres, barcelonins i catalans, una vocació i una responsabilitat especial per convertir-vos, amb l’ajuda de Déu, en constructors d’unitat.

Ara venerarem les restes de santa Eulàlia copatrona d’aquesta Catedral, d’aquesta Arxidiòcesi i d’aquesta Ciutat.

[Barcelona es llamada “Cap i Casal de Catalunya”. Lo que da a esta comunidad, a todos vosotros, barceloneses y catalanes, una vocación y una responsabilidad especial de convertiros, con la ayuda de Dios, en constructores de unidad.

Dentro de poco veneraremos los restos de santa Eulalia, copatrona de esta Catedral, de esta Archidiócesis y de esta Ciudad.]

San Agustín, hablando de los Mártires, decía: «No nos parezca poca cosa el ser miembros de aquel de quien lo fueron aquellos con quienes no podemos equipararnos […] obedecemos al mismo Señor […], perseguimos la misma caridad y abrazamos la misma unidad» (Sermón 280, 6).

Queridos hermanos y hermanas: con este espíritu es que también nosotros, en un mundo desgarrado por guerras y divisiones, en una sociedad cada vez más fragmentada e individualista, queremos ser “mártires”, es decir, testigos y profetas de unidad, de acogida, de concordia y de paz, incluso a costa de sacrificios y renuncias. Como la virgen Eulalia y tantos otros mártires, queremos responder nuestro “sí”, dispuestos, en lo que sea necesario, a morir a nosotros mismos, a perdernos para reencontrarnos, a renunciar a lo superfluo para construir sobre lo que es esencial y dura para siempre (cf. Mt 16,24-26).

Això ens ensenya el Crucificat, a això ens conviden l’apòstol Pau i els exemples dels sants, això volem fer plegats, segons l’oració de Jesús al Pare, durant el l’ Últim Sopar: « Que jo estigui en ells i tu en mi, perquè siguin plenament u. Així el món reconeixerà que tu m’has enviat i que els has estimat a ells com m’has estimat a mi» (Jo 17,23).

Que Maria, Mare de l’Església i Mare de la unitat, ens ajudi a ser fidels a aquest compromís i a aquesta missió. «Mare de Déu de la Mercè, pregueu per nosaltres».

[Esto nos enseña el Crucificado, a esto nos invitan el apóstol Pablo y los ejemplos de los santos, esto queremos hacer juntos, según la oración de Jesús al Padre, durante la Última Cena: «Yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí» (Jn 17,23).

Que María, Madre de la Iglesia y Madre de la unidad, nos ayude a ser fieles a este compromiso y a esta misión: «Santa Maria de la Mercè, pregueu per nosaltres».]

Oración ante la tumba de la patrona de Barcelona

Concluida la celebración, León XIV descendió a la cripta para rezar ante el sepulcro de santa Eulalia, una de las mártires veneradas de la Iglesia en España y patrona de Barcelona.

Santa Eulalia fue una joven cristiana que sufrió el martirio durante las persecuciones romanas y desde hace siglos su figura ocupa un lugar central en la espiritualidad y la historia religiosa de la ciudad.

La visita incluyó también un encuentro con un grupo de seminaristas, así como un recorrido por el claustro de la Catedral, donde el Papa pudo contemplar algunos de los espacios emblemáticos del conjunto catedralicio y saludar al cabildo y a diversas autoridades presentes.

Primer acto de una intensa jornada en Barcelona

La visita a la Catedral marcó el inicio de una agenda especialmente intensa para León XIV en Barcelona. Tras abandonar el templo saludó a la multitud. Finalmente, el Pontífice se trasladó a la Casa Arzobispal para continuar con los compromisos previstos durante la jornada.

Entre ellos destacan los encuentros institucionales, las reuniones con miembros de la Orden de San Agustín y la gran vigilia de oración con jóvenes programada para la tarde en el estadio Lluis Companys.

Ayuda a Infovaticana a seguir informando