La última parada del Papa en Madrid: un encuentro con los voluntarios de la Iglesia

La última parada del Papa en Madrid: un encuentro con los voluntarios de la Iglesia

El papa León XIV concluyó este martes su estancia en Madrid con un encuentro dedicado a los cientos de voluntarios que han colaborado en la organización de los actos de su viaje apostólico. La cita, celebrada en el pabellón 3 de IFEMA Madrid, quiso reconocer el trabajo de quienes durante meses han contribuido de forma discreta al desarrollo de las distintas actividades programadas durante la visita papal.

Antes de entrar en el recinto, el Santo Padre recorrió parte de las instalaciones en un vehículo eléctrico para saludar a los fieles congregados. Posteriormente fue recibido por el arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo Cano, con quien presidió el acto de agradecimiento a los voluntarios.

El reconocimiento al «ejército silencioso»

La organización quiso poner en valor el papel de quienes han trabajado detrás de las cámaras para hacer posible el viaje apostólico. El encuentro comenzó con la proyección de un vídeo titulado El ejército silencioso, una expresión utilizada para describir a las numerosas personas que han prestado su tiempo y sus capacidades en tareas de acogida, logística, coordinación, atención a peregrinos y apoyo a los distintos eventos.

Durante el acto también se escucharon los testimonios de Mercedes Rodríguez Loeb y Nuño Adam Castrillo, dos voluntarios que compartieron su experiencia de servicio en la preparación de la visita papal. La celebración incluyó además una actuación musical y diversos momentos de agradecimiento dirigidos a quienes han colaborado en la organización.

León XIV destacó precisamente la generosidad de quienes han dedicado jornadas de trabajo, vacaciones e incluso meses de preparación para hacer posible el desarrollo de los actos previstos en Madrid.

Un mensaje centrado en la gratuidad y el servicio

En su intervención, el Pontífice quiso ir más allá del agradecimiento personal para reflexionar sobre el significado cristiano del voluntariado. Tomando como referencia la parábola evangélica de la levadura, afirmó que los cristianos están llamados a llevar al mundo «la levadura de la gratuidad».

El Papa subrayó que el servicio desinteresado constituye una respuesta necesaria en una sociedad donde con frecuencia predominan criterios económicos y utilitaristas. Según explicó, la gratuidad contribuye al crecimiento humano, ético y espiritual de los pueblos y representa uno de los signos más visibles de la presencia del Reino de Dios.

Asimismo, recordó que la transformación cristiana de la sociedad no depende únicamente de grandes iniciativas, sino también de la entrega cotidiana de quienes sirven a los demás sin buscar reconocimiento.

Último acto antes de partir hacia Barcelona

Tras el discurso del Santo Padre, el cardenal José Cobo dirigió unas palabras de agradecimiento y tuvo lugar el tradicional intercambio de obsequios. El encuentro concluyó con la bendición papal y un canto final.

La cita con los voluntarios puso punto final a la agenda madrileña de León XIV. Poco después, el Pontífice se trasladó al aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas para volar a Barcelona, donde continuó su visita apostólica con una intensa jornada marcada por los encuentros institucionales, la oración en la Catedral y una multitudinaria vigilia con jóvenes.

Discurso del Santo Padre León XIV a los voluntarios

Eminencia,

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Este encuentro es el último de la etapa madrileña de mi viaje apostólico, y me alegra mucho que sea con vosotros, voluntarios y voluntarias de Madrid y de tantas partes de España. Os merecéis un “gracias” muy especial, porque habéis ofrecido vuestra presencia y vuestro servicio, y lo habéis hecho por amor al Señor, a la Iglesia y al Papa. ¡Gracias de todo corazón!

Agradezco a los dos “portavoces” que nos han brindado sus testimonios y a quienes han realizado el vídeo y la actuación musical.

He sabido que, desde el principio, vuestra respuesta a la convocatoria ha sido entusiasta: en pocos días habéis superado las cifras solicitadas y así las necesidades han quedado ampliamente cubiertas. Os habéis tomado días libres en el trabajo, algunos de vosotros os habéis dedicado a tiempo completo durante meses, pero cada uno ha dado lo que ha podido, entregando corazón, manos, ideas, talentos, sonrisas. ¡Que Dios os recompense como sólo Él sabe hacerlo!

Me gustaría compartir con vosotros una sencilla reflexión, que resumiría así: los cristianos están llamados a llevar al mundo la levadura de la gratuidad.

Jesús utilizó la imagen de la levadura en una parábola sobre el Reino de los cielos, recogida por el evangelista Mateo: «El Reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta» (Mt 13,33). Vuestra experiencia de estos días, como la de tantos hermanos y hermanas, voluntarios en circunstancias similares —pienso en el Jubileo del año pasado—, es un signo del Reino que viene, y lo es por un aspecto esencial: la gratuidad.

La gratuidad es una levadura que hace crecer la calidad humana, ética y espiritual de una sociedad, porque podríamos decir que es un rasgo típico de la “ciudad de Dios”. En un mundo continuamente influenciado por la lógica del interés y del lucro, donde el término “crecimiento” se reduce a la dimensión económico-financiera, es necesario pensar y vivir según la lógica más verdadera, es decir, la de un crecimiento humano integral. Es la lógica del Evangelio, que dice: «Y si hacéis bien solo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo. Y si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis?» (Lc 6,33-34).

Queridos hermanos, Jesucristo vino a traer al mundo la levadura del Reino de los cielos; la mezcló con la masa de nuestra humanidad enferma para sanarla desde dentro, con el agua y la sangre de su sacrificio y con el fuego de su Espíritu Santo. Y tras su muerte y resurrección, envió a sus discípulos, con la fuerza del mismo Espíritu, para que fueran en el mundo signos e instrumentos de su Reino de amor, justicia y paz. Esto se realiza mediante la predicación, pero también, y diría más aún, a través de un estilo de vida, una forma de pensar y de comportarse que es la del Evangelio. Pues bien, un rasgo esencial de este estilo es la gratuidad que habéis testimoniado estos días aquí en Madrid. ¡Gracias! Quizá las estadísticas no lo registren, pero sabemos que, en estos días, también gracias a vosotros, esta ciudad ha crecido, está más cerca del Reino de Dios. ¿Mérito nuestro? ¡No! ¡Todo es gracia suya! Este es el secreto: el amor de Dios, que mueve el sol y los astros, y mueve los corazones de quienes han encontrado al «Señor Jesús, que dijo: “Hay más dicha en dar que en recibir”» (Hch 20,35).

Hermanas, hermanos, ¡sigamos por este camino! Con humildad y mansedumbre, sin ninguna presunción, pero firmes en la fe y generosos en el servicio. Que la Virgen María os conceda ser levadura del Reino siempre y en todas partes. ¡Gracias! ¡Nos vemos en Roma!

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