La izquierda mediática: «Sánchez y el Papa convierten España en la capital mundial de la lucha contra el tecnofascismo»

La izquierda mediática: «Sánchez y el Papa convierten España en la capital mundial de la lucha contra el tecnofascismo»
Foto: Europa Press

La visita de León XIV a España dejará probablemente frutos positivos que permanecerán mucho después de que desaparezcan los titulares. Más allá de imprecisiones sobre el multuculturalismo y una visión poco empática con un pueblo muy sufrido con la inmigración masiva, el Papa ha hablado de cuestiones que afectan al corazón mismo de la crisis occidental: la pérdida del sentido trascendente, la fragmentación social, el vaciamiento espiritual de las instituciones y la necesidad de reconstruir una cultura fundada en la dignidad de la persona. Son asuntos demasiado importantes como para quedar reducidos al consumo inmediato de la política diaria.

Precisamente por eso, la utilización política de la visita nunca fue una posibilidad remota sino una certeza prácticamente absoluta. Antes incluso de que León XIV aterrizara en España ya era posible anticipar que un Gobierno acosado por los escándalos intentaría convertir cualquier fotografía, cualquier saludo y cualquier gesto institucional en una oportunidad para reconstruir una autoridad moral seriamente erosionada. No era una predicción especialmente arriesgada. Era simplemente la consecuencia lógica de la situación política que atraviesa el Ejecutivo.

Lo sucedido durante estos días no ha hecho más que confirmar lo que muchos venían señalando desde el principio. A medida que las investigaciones, las revelaciones periodísticas y las pruebas contra distintos entornos del poder continúan acumulándose, la visita del Papa ha sido presentada por la maquinaria gubernamental como una especie de balón de oxígeno providencial. No porque el contenido del viaje tenga relación alguna con los problemas políticos que afectan al Gobierno, sino precisamente porque permite desplazar durante unos días el foco hacia un terreno mucho más favorable desde el punto de vista de la imagen pública.

España vive uno de los momentos de mayor deterioro institucional de su historia. En el centro de esa situación aparece José Luis Rodríguez Zapatero, convertido desde hace años en el auténtico tótem político e ideológico del sanchismo. El antiguo presidente ya no es percibido como un expresidente retirado que ofrece ocasionalmente consejos. Su figura emerge una y otra vez allí donde aparecen operaciones oscuras, intermediaciones difíciles de explicar y estructuras de influencia que funcionan al margen de cualquier control democrático efectivo.

La situación ha alcanzado una dimensión inédita. Zapatero se encuentra imputado en el denominado caso Plus Ultra por presuntos delitos de organización criminal, tráfico de influencias y falsedad documental. La Audiencia Nacional ha ordenado registros en sus oficinas y los investigadores han intervenido abundante documentación, dispositivos electrónicos y una caja fuerte que contenía decenas de joyas, relojes y otros objetos de valor cuya procedencia y valoración continúan siendo objeto de análisis judicial.

A ello se suma las pesquisas de esta última semana en la que Pedro Sánchez (P.S) ha entrado en una dinámica de confrontación permanente con aquellos órganos e instituciones que conservan capacidad de fiscalización. Las informaciones relativas a los papeles de Leire y la hostilidad camorrista hacia jueces, fiscales y medios críticos han alimentado una inquietud que ya no puede despacharse como simple enfrentamiento partidista.

En semejante contexto, la visita del Papa constituía inevitablemente una magnífica oportunidad para La Moncloa. Nada de eso invalida la importancia del viaje. Nada de eso disminuye el valor de los mensajes de León XIV. Pero tampoco obliga a fingir que el Gobierno no iba a intentar aprovechar políticamente un acontecimiento de semejante magnitud.

Quizá por eso algunos católicos observan con cierta perplejidad la coincidencia temporal del viaje. No se trata de cuestionar la visita, que puede ser valiosa y necesaria. Tampoco de poner en duda las razones pastorales que la justifican. Pero resulta legítimo preguntarse si en el Vaticano y en determinados sectores de la Conferencia Episcopal se valoró suficientemente el contexto político español y el uso inevitable que un Ejecutivo en apuros iba a intentar hacer de la presencia del Pontífice. El problema no es el viaje. El problema es que la realidad política española hacía perfectamente previsible que el viaje fuese instrumentalizado.

La confirmación más caricaturesca de todo ello llegó de la mano de El Plural, un medio cuya función dentro del ecosistema mediático gubernamental consiste desde hace tiempo en proporcionar cobertura ideológica a las necesidades comunicativas del sanchismo. Su titular, «Sánchez y el Papa convierten España en la capital mundial de la lucha contra el tecnofascismo», constituye una de esas piezas que obligan al lector a comprobar varias veces que no se encuentra ante una parodia.

Resulta difícil condensar en tan pocas palabras una cantidad semejante de propaganda. La fotografía de un encuentro institucional es transformada en una alianza moral planetaria. El Papa deja de ser el sucesor de Pedro para convertirse en actor secundario dentro del relato político de Pedro Sánchez. Y el presidente del Gobierno, cercado por los escándalos, emerge repentinamente como líder internacional de una cruzada civilizatoria.

La elección del término «tecnofascismo» merece además una consideración aparte. Se trata de una de esas expresiones nacidas en los laboratorios contemporáneos de ingeniería política, suficientemente abstracta para no significar nada concreto y suficientemente alarmante para justificar cualquier construcción propagandística. Nadie sabe exactamente qué es el tecnofascismo, dónde está o quién lo encarna, pero aparentemente Madrid se ha convertido en la capital mundial de su resistencia gracias a una fotografía entre León XIV y Pedro Sánchez.

La escena tiene algo de involuntariamente cómico. Mientras el mentor político del sanchismo prepara su defensa como imputado ante la Audiencia Nacional, mientras continúan apareciendo revelaciones que afectan al entorno gubernamental y mientras la confianza pública en las instituciones sigue deteriorándose, determinados medios consideran que la noticia verdaderamente importante es la creación de un eje moral León XIV-Sánchez destinado a salvar al mundo de una amenaza tecnológica de contornos misteriosos.

Lo verdaderamente revelador no es que el Gobierno intente aprovechar la visita. Eso era perfectamente previsible. Lo revelador es el nivel de exageración al que han llegado algunos de sus terminales mediáticos. La realidad resulta tan desfavorable que ya no basta con exhibir fotografías institucionales. Es necesario construir una épica. Hace falta presentar a Madrid como el centro moral del planeta, al Papa como legitimador indirecto del proyecto gubernamental y a Pedro Sánchez como protagonista de una batalla histórica por el futuro de la humanidad.

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