TRIBUNA. La interpretación del cardenal Fernández sobre el caso Jon Sobrino: una lectura a la luz de Ratzinger

Por: Mons. Antonio Carlos Rossi Keller, obispo de Frederico Westphalen

TRIBUNA. La interpretación del cardenal Fernández sobre el caso Jon Sobrino: una lectura a la luz de Ratzinger

La conferencia del Cardenal Víctor Manuel Fernández acerca de la “teología contextual” suscita importantes cuestiones teológicas y eclesiológicas, sobre todo en lo que respecta a la interpretación de la Notificación de la entonces Congregación para la Doctrina de la Fe sobre las obras de Jon Sobrino, publicada en 2006 bajo la autoridad del entonces Cardenal Joseph Ratzinger.

Aunque el Cardenal Fernández procura presentar la Notificación como excesivamente restrictiva o desconectada de la realidad pastoral latinoamericana, una lectura atenta del documento demuestra precisamente lo contrario: la preocupación central de la Congregación no era negar la importancia de los pobres, de la experiencia histórica o del contexto cultural, sino preservar la primacía objetiva de la Revelación divina sobre cualquier mediación sociológica, política o existencial.

La cuestión fundamental nunca fue si los pobres poseen o no importancia teológica. La tradición católica siempre lo ha reconocido. El propio Evangelio coloca a los pobres en el centro de la misión de Cristo. La doctrina social de la Iglesia, especialmente desde el Papa León XIII hasta el Papa León XIV, reafirma constantemente la opción preferencial por los pobres.

El problema señalado por la Congregación se refería a una inversión metodológica: cuando la experiencia histórica de los pobres deja de ser objeto iluminado por la Revelación y pasa a convertirse en principio hermenéutico determinante de la propia fe cristológica.

La Notificación de 2006 insistía correctamente en que “el lugar teológico fundamental es solamente la fe de la Iglesia”. Esta afirmación no excluye la realidad histórica, sino que recuerda un principio clásico de la teología católica: la Revelación divina precede ontológicamente toda experiencia humana. La fe de la Iglesia no nace de la experiencia histórica; es la experiencia histórica la que debe ser juzgada, iluminada y purificada por la Revelación recibida de los Apóstoles.

En este punto, la posición de la Congregación encuentra sólido fundamento en la Constitución Dogmática Dei Verbum, que enseña que el depósito de la fe fue confiado a la Iglesia y transmitido apostólicamente. La teología no crea la Revelación a partir de la experiencia humana; ella profundiza la inteligencia de la Revelación ya dada por Dios en Cristo.

El Cardenal Fernández cita la instrucción Libertatis Conscientia para sostener que la Congregación habría admitido anteriormente una teología “partiendo de una experiencia particular”. Sin embargo, tal interpretación exige precisión.

La instrucción de 1986 reconoce legítimamente que experiencias históricas concretas pueden ayudar a explicitar aspectos de la Palabra de Dios todavía no plenamente percibidos. No obstante, esto no significa conferir a la experiencia histórica el estatuto de norma constitutiva de la fe. El propio documento insiste en que toda reflexión debe permanecer rigurosamente subordinada a la Revelación, al Magisterio y a la tradición apostólica.

Existe, por tanto, una diferencia decisiva entre:

  • una teología iluminada por la experiencia histórica; 
  • y una teología cuya normatividad nace de la experiencia histórica. 

La Congregación rechazó la segunda hipótesis.

Este punto es particularmente importante porque ciertas corrientes de la teología de la liberación terminaron absorbiendo categorías marxistas de análisis histórico, en las cuales la praxis social tiende a convertirse en criterio de la verdad teológica. Fue precisamente contra ese riesgo que la Congregación intervino reiteradamente en los documentos Libertatis Nuntius y Libertatis Conscientia.

Además, la referencia hecha por el Cardenal Fernández a la frase de Benedicto XVI — “quien cierra los ojos al prójimo se vuelve ciego también ante Dios” — no contradice la posición de la Notificación. Al contrario: Benedicto XVI jamás afirmó que el sufrimiento humano pudiera sustituir o relativizar el fundamento revelado de la fe. En toda su obra teológica, Ratzinger insistió vigorosamente en la prioridad del Logos sobre la praxis, de la Revelación sobre la experiencia y de la fe apostólica sobre construcciones sociológicas transitorias.

También merece atención el hecho de que el propio Fernández reconoce que posteriormente necesitó reformular sus posiciones, reafirmando explícitamente que la fe de la Iglesia es “el fundamento más sólido y profundo” para mirar a los pobres como Dios los mira. Esta corrección se aproxima precisamente a aquello que la Congregación procuraba salvaguardar desde el inicio.

En síntesis, la Notificación sobre Jon Sobrino no representó un rechazo de la opción preferencial por los pobres, ni una negación de la dimensión histórica de la teología. Su objetivo fue proteger la integridad de la cristología católica frente al riesgo de subordinar el misterio de Cristo a categorías históricas variables.

La tradición católica siempre ha reconocido que los pobres evangelizan a la Iglesia, interpelan su conciencia y manifiestan de modo privilegiado el rostro sufriente de Cristo. Sin embargo, ellos no sustituyen la Revelación apostólica como fundamento constitutivo de la fe. La Iglesia contempla a Cristo en los pobres precisamente porque antes lo recibió en la Revelación transmitida por los Apóstoles.

Separar la opción por los pobres de la prioridad de la Revelación conduce inevitablemente a una reducción sociológica del cristianismo. Por el contrario, cuando los pobres son vistos a la luz de la fe apostólica, la caridad y la justicia social encuentran su verdadero fundamento sobrenatural y cristológico.

 

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