La petición de perdón de Catacaos queda bajo sospecha: cámaras, Bertomeu y la sombra de un documental

La petición de perdón de Catacaos queda bajo sospecha: cámaras, Bertomeu y la sombra de un documental

La petición de perdón de la jerarquía peruana en Catacaos, presentada como un acto histórico de reparación hacia las víctimas vinculadas al caso Sodalicio, ha quedado envuelta en una nueva polémica tras la publicación de una grave denuncia de La Abeja: la ceremonia habría sido utilizada también como una puesta en escena para obtener imágenes destinadas a un documental centrado en monseñor Jordi Bertomeu.

El acto celebrado en la parroquia San Juan Bautista de Catacaos fue descrito oficialmente como una misa de acompañamiento y reparación simbólica a las comunidades campesinas del pueblo originario Tallán. La Conferencia Episcopal Peruana señaló que la celebración respondía a una solicitud presentada por comuneros de Catacaos ante Bertomeu y que participaban en ella cardenales, arzobispos, representantes de la sociedad civil, autoridades y miembros del cuerpo diplomático. Vatican News también presentó la escena como un gesto de reparación, destacando que Bertomeu, tras dos semanas dedicado a un canal de escucha en la Nunciatura Apostólica del Perú, concelebró la misa con los cardenales Carlos Castillo y Pedro Barreto y con otros obispos peruanos.

La dimensión oficial del acto está clara. Lo que ahora se discute es otra cosa: si esa ceremonia fue, además, preparada o aprovechada como material audiovisual para la construcción pública de Bertomeu como protagonista del caso Sodalicio. Según el artículo firmado por Luciano Revoredo en La Abeja, en distintos videos difundidos en redes sociales se observa la presencia de un camarógrafo y un asistente en primera fila, así como varias cámaras registrando los gestos de Bertomeu y de los obispos presentes. El medio identifica al hombre de la cámara como Salvador del Solar, actor, cineasta y ex primer ministro peruano, y afirma que no se trataba de un fiel, periodista o agente pastoral.

La denuncia no se limita a Catacaos. La Abeja sostiene que durante varios días del canal de escucha de víctimas del Sodalicio en la Nunciatura Apostólica del Perú, en Lima, un hombre con equipo audiovisual estuvo grabando y registrando quién entraba y salía, además de entrevistar a algunas personas que abandonaban la sede. El mismo artículo afirma que Bertomeu salió en una ocasión a conversar con un grupo de presuntas víctimas y llegó a subirse al vehículo del hombre de la cámara.

Ese dato es especialmente delicado porque el canal de escucha no fue una actividad privada menor. El comunicado oficial del Comisario Apostólico establecía que entre el 4 y el 22 de mayo de 2026 se habilitaría en la sede de la Nunciatura Apostólica en el Perú un “Canal de primera escucha” dirigido a personas que se considerasen víctimas no debidamente resarcidas de abusos físicos, sexuales, espirituales, de conciencia, de autoridad, económicos u otros atribuidos a miembros de la denominada familia espiritual sodálite.

Si lo denunciado por La Abeja se confirma, el problema no sería ya si la petición de perdón fue o no oportuna. El problema sería mucho más grave: víctimas convocadas por una instancia pontificia, una sede diplomática de la Santa Sede y una liturgia pública habrían servido como escenario para producir imágenes destinadas a un relato audiovisual de autopromoción clerical.

La secuencia plantea preguntas que Roma no puede despachar como una simple polémica mediática. ¿Quién autorizó la presencia de Salvador del Solar o de cualquier otro equipo audiovisual junto a Bertomeu? ¿Grababa para archivo interno, para prensa, para una productora o para un documental? ¿Fueron informadas las personas que acudieron a la Nunciatura? ¿Hubo consentimiento expreso de quienes entraban y salían de un canal de escucha de víctimas? ¿Existe una autorización de la Santa Sede para utilizar imágenes de ese proceso en una producción audiovisual? ¿Sabía el nuncio apostólico en Perú lo que estaba ocurriendo?

El punto no es menor. Una cosa es documentar institucionalmente un proceso delicado. Otra muy distinta es rodear de cámaras a víctimas y obispos para alimentar el relato visual de un comisario convertido en personaje principal. La Iglesia puede y debe pedir perdón cuando ha fallado. Lo que no puede hacer es convertir ese perdón en una escena rentable para la cámara.

La ceremonia de Catacaos ya había sido cuestionada por el uso de la liturgia como soporte de un gesto de fuerte carga política y mediática. InfoVaticana publicó entonces que el problema no estaba en pedir perdón, sino en hacerlo “ante cámaras” y dentro de la acción litúrgica, transformando el altar en escenario de un mensaje ajeno al rito. La nueva denuncia agrava esa lectura: si había una producción audiovisual detrás, la frontera entre reparación y representación queda completamente desdibujada.

Bertomeu no es un sacerdote cualquiera en este expediente. Es oficial del Dicasterio para la Doctrina de la Fe y comisario apostólico encargado de la liquidación de las instituciones vinculadas al Sodalicio. Precisamente por eso, su exposición pública requiere más prudencia, no menos. Cuanto mayor es la autoridad recibida, mayor es la obligación de separar el servicio a las víctimas de la construcción de una imagen personal.

La Santa Sede, la Nunciatura Apostólica en Perú y el propio Bertomeu deben aclarar de inmediato si existió un proyecto documental, quién lo impulsó, quién grabó, con qué permisos, con qué finalidad y dónde están esas imágenes. Porque si una misa de reparación y un canal de escucha fueron utilizados para fabricar el perfil heroico del comisario pontificio, entonces Catacaos no fue solo una ceremonia discutible. Fue la conversión del dolor ajeno en material de rodaje.

Ayuda a Infovaticana a seguir informando