Un sacerdote argentino convierte Pentecostés en una «ensalada de frutas»

Un sacerdote argentino convierte Pentecostés en una «ensalada de frutas»

Una celebración infantil de Pentecostés en la diócesis argentina de Río Cuarto ha llamado la atención por la forma en que se desarrolló la liturgia. Durante la misa celebrada el pasado 24 de mayo en la parroquia de Nuestra Señora de la Merced, el sacerdote Carlos Costale preparó una ensalada de frutas ante los fieles mientras explicaba los dones y frutos del Espíritu Santo a los niños presentes.

Las imágenes, difundidas posteriormente en redes sociales y recogidas por diversos medios católicos, muestran al sacerdote vestido con un delantal del club Boca Juniors y un llamativo sombrero amarillo y azul inspirado en los Minions, mientras preparaba una ensalada de frutas ante los fieles. Cada ingrediente era asociado simbólicamente a un fruto del Espíritu Santo antes de ser repartido entre los asistentes.

Una catequesis que genera polémica

Según los defensores de la iniciativa, la actividad pretendía «acercar a los niños al significado de Pentecostés mediante un lenguaje visual y pedagógico adaptado a su edad».

Sin embargo, las imágenes demuestra una vez más una escena de abuso litúrgico provocado por las licencias que se permiten algunos sacerdotes durante la celebración de la Santa Misa. El blog argentino, Wanderer, calificó la escena como una «payasada» y planteó públicamente diversas preguntas al obispo de Río Cuarto, monseñor Adolfo Uriona, sobre la supervisión litúrgica en la diócesis.

La controversia no gira únicamente en torno a una actividad puntual. El problema reside en la creciente tendencia a transformar la liturgia en un espacio de animación o entretenimiento con el objetivo de captar la atención de los asistentes, especialmente de los más jóvenes.

Este tipo de iniciativas terminan desdibujando el sentido sagrado de la Misa y confunden la naturaleza de la celebración eucarística.

Las palabras de León XIV sobre la liturgia

Días después de la polémica surgida en Río Cuarto, León XIV recordó a los sacerdotes la importancia de respetar las normas litúrgicas de la Iglesia:

«Exhorto, por tanto, a todos aquellos llamados a preparar la celebración de los divinos misterios, en particular a los sacerdotes que ejercen el ministerio de la presidencia litúrgica, a custodiar siempre ese respeto por los textos y ordenamientos de la liturgia que nace de una actitud interior de disponibilidad y confianza en Dios, manifestando humildad ante su grandeza y sincera fidelidad a la comunión eclesial».

Durante la audiencia general, el Pontífice exhortó al clero a evitar modificaciones introducidas por iniciativa personal que puedan generar confusión entre los fieles, subrayando, además, que el legítimo desarrollo de la liturgia debe mantenerse siempre en continuidad con la tradición de la Iglesia y con los elementos esenciales recibidos de ella.

Un debate que trasciende Argentina

La discusión suscitada en Río Cuarto refleja un debate mucho más amplio presente desde hace décadas en numerosos países.

Mientras algunos defienden la necesidad de adaptar el lenguaje pastoral a las nuevas generaciones mediante «recursos creativos», otros advierten del riesgo de convertir la liturgia en un espectáculo pedagógico donde el protagonismo deja de recaer en el misterio eucarístico para desplazarse hacia dinámicas, representaciones o actividades ajenas al rito.

Las imágenes de Pentecostés en Río Cuarto dejan en evidencia hasta qué punto la «creatividad pastoral» pierde el sentido litúrgico de un rito que no necesita «improvisación» para atraer a los fieles. La Misa no necesita ser entretenida para ser comprendida, ni transformarse en un espectáculo para transmitir la fe.

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