Durante su intervención en el Desayuno Informativo del Fórum Europa organizado por Nueva Economía Fórum, el presidente de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Luis Argüello, fue preguntado por la cuestión migratoria, el próximo viaje del Papa a Canarias y las recientes tensiones entre la Iglesia y Vox a raíz del debate sobre la acogida de inmigrantes.
En su respuesta, Argüello defendió la necesidad de diálogo con todos los actores políticos, reflexionó sobre las causas profundas de la inmigración y criticó determinadas interpretaciones políticas del llamado Ordo Amoris utilizadas para justificar prioridades nacionales excluyentes.
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P: El Papa ha querido incluir Canarias y la cuestión migratoria en el centro del viaje. ¿Qué mensaje hay detrás? También se habla mucho de barrios periféricos y de evitar una imagen demasiado institucional ¿Ha sido deliberado? ¿La Iglesia quiere reivindicar una presencia más pegada a la realidad social, tal como usted ha venido diciendo? Laura Ramírez, de Europa Press, dice “Tras el cruce de declaraciones y acusaciones de los obispos con el presidente de Vox en las últimas semanas en relación con la acogida de migrantes, ¿han acordado alguna reunión? ¿Hay posibilidad de diálogo, o cree que tienen postura irreconciliables?
R: Posturas irreconciliables yo creo que en principio no hay con nadie. No quiere decir esto que todas las ideas den igual, ¿eh? No. Pero siempre, siempre, es preciso escucharnos y dialogar. La Iglesia, con respecto a los asuntos que tienen que ver con los empobrecidos, y digo empobrecidos, no solo pobres. Es una mirada, alzad la mirada, sorprendente, porque es una mirada que hace presente a Jesucristo juzgando la historia, juzgando la historia.
Entonces, claro, nuestro mundo, que por una parte es un mundo global, en trance de situarse en un mundo global multipolar, pues no puede dejar de, no podemos dejar de decir que por las reglas del juego de nuestro mundo, por las situaciones de unos países y otros, hay lugares del mundo donde se está diciendo a la gente “sal” y hay lugares del mundo como el nuestro, donde se está diciendo a la gente “ven”. Porque nosotros vivimos en un invierno demográfico. Mueren más personas de las que nacen.
“Sal” y “ven”. ¿Qué es lo que la Iglesia dice? Y puedo, sin más, repasar lo que dijo León XIV hace unas semanas, volviendo de África. Lo primero que debemos plantearnos son las causas de por qué la gente sale, Y los países que estamos en este otro lado del mundo, pensar en qué medida colaboramos en las causas que provocan que la gente salga. El dinero se mueve a la velocidad de la luz.
Las mercancías, bueno, ahora con los aranceles seguramente un poco más complicado, pero seguramente, si yo miro la etiqueta de esta chaqueta, pues, puede que su titular sea un potente empresario español, que el diseño de la misma se haya hecho en un estudio de diseño de Estados Unidos, y que las maquilas donde se ha confeccionado estén en alguno de los países del sur global. Muchos de los balones con los que juegan el Madrid y el Atlético, el Barça o el Espanyol al fútbol están hechos en Pakistán por niños esclavos.
Entonces, bueno, hay que plantearse las causas. Pero lo cierto y verdad es que los flujos migratorios se producen. ¿Cuál es el siguiente paso en la reflexión que hace la Iglesia?
Primero, las causas. Segundo, el Estado tiene derecho a regular sus flujos migratorios. Tercero, una vez que las personas han llegado, cualquiera que sea la circunstancia, también dice: “combatamos las mafias”. Cuando ha llegado, tenemos un deber que brota de la propia dignidad que no está reconocida, que no está otorgada, perdón, por las leyes, sino reconocida una dignidad sagrada de cada vida, que debe de movilizarnos. Esa es la cuestión.
Entonces yo creo que este asunto es un asunto mayor que precisa unas referencias éticas que nosotros llamamos dignidad humana, bien común y luego, a la hora de cómo se regula esto, es un asunto que seguramente el Estado español solo no puede. Precisa hacerlo, cuanto menos, en la Unión Europea y, desde ahí, es preciso escucharnos todos.
En España recibimos gente muy diversa. Vienen millones de turistas. Sobre eso tenemos (…) Pero hay un momento en el que algunas zonas de España dicen “estamos saturados de turismo”. Y algunos barrios o algunas ciudades que reciben cruceros dicen “bueno, bueno, primero nuestros barrios, porque si entra tanta gente ¿qué va a pasar aquí?”. Eso con los turistas, pero sin embargo decimos “¿cómo viviría España sin lo que aporta el turismo al Producto Interior Bruto?”.
Acabamos de vivir, estamos viviendo, el episodio del barco con el nuevo virus, con el virus este de las ratas. Y también ahí ha habido tensiones. ¿Qué es lo que procede? Estamos llamados por (…) a cuidar a los enfermos, a acogerles, pero al mismo tiempo estamos diciendo también hay que cuidar la salud de los que recibimos. Esta tensión no es fácil.
Lo que nosotros decimos, y ahí quizás pueda venir alguno d ellos puntos de contraste con una reflexión teológica y política que se hace desde Estados Unidos y que quizás Vox acoge es una reflexión sobre un asunto que a León XIV le interesa mucho: es el Ordo Amoris.
¿Cuál es el orden del amor? Hay un refrán castellano que dice “la caridad bien entendida empieza por uno mismo”. Hay otro refrán castellano que dice “el pan de mis hijos, que nadie me lo toque”.
Nosotros decimos que esto hay que superarlo, que no es verdad una lectura parcial de que la caridad bien entendida empieza por uno mismo, y que no es legítimo hacer trampas por el pan de los hijos. Pero es verdad que, en la reflexión teológico-pastoral, política, que hace el movimiento MAGA en Estados Unidos, hay una lectura del Ordo Amoris, para poder decir America First, para poder decir prioridad nacional o prioridad español, española.
¿Qué pasa hoy? Que además de que la dignidad es universal, el bien común ya no solo es local, no. El bien común tiene características, por supuesto, que se aterrizan en lo local, en lo nacional, y los Estados tienen esa responsabilidad del bien común en la nación. Pero está tan afectado, tan atravesado, por asuntos de economía multinacional y de política internacional, que el bien común ha de tener en cuenta también esta dimensión.
Desde ahí, hay que hacer un ejercicio de escuchar, diría Francisco, a todos, todos, todos. Ver las razones de cada cual, de cada uno, hacer un discernimiento, y luego, en las reglas del juego de la democracia que nos damos, pues tomar una decisión.
Es lo que puedo decir, al respecto que, a lo mejor, penséis que me he querido salir del diálogo concreto con Vox y, más en concreto, con Santiago Abascal. Ni qué decir tienes que la disponibilidad de la Iglesia para dialogar con todos es manifiesta. Os hablaría de mi experiencia a lo largo de estos años, en encuentros, la mayor parte informales, yo he hablado con personas de todos los grupos parlamentarios.