José Manuel Vidal parece haber desarrollado una vocación que desborda ampliamente el periodismo para aproximarse, cada vez más, a la figura de portavoz no acreditado de Jordi Bertomeu. Cada vez que Infovaticana publica una información relacionada con el polémico comisario pontificio, Religión Digital activa de inmediato su particular servicio de urgencias: el artículo aparece con puntualidad casi litúrgica, acompañado del tono indignado habitual. Lo que no suele aparecer, sin embargo, es una respuesta real a aquello que efectivamente se ha publicado.
En esta ocasión, además, Vidal ha cometido un error que trasciende la torpeza acostumbrada. En su precipitación por limpiar la imagen de Bertomeu, ha terminado redactando una frase que no solo no rebate nuestra información, sino que acaba confirmándola. Y, de paso, sitúa al Papa Francisco en el centro de una operación que, utilizando exclusivamente las palabras del propio Vidal, únicamente puede describirse como una forma de coacción.
Una aclaración editorial previa
Antes de entrar en el fondo del asunto, conviene despejar una confusión que el entorno de Bertomeu lleva años alimentando de forma interesada: Infovaticana no actúa como portavoz del Sodalicio. Más bien sucede exactamente lo contrario. Llevamos advirtiendo desde hace tiempo de que la gestión de Bertomeu está dejando intacto aquello que verdaderamente importaba desmantelar. Porque existe una cuestión central sobre la que Bertomeu evita actuar y que, casualmente, a nadie en su entorno mediático le parece esencial:
El Sodalicio de Vida Cristiana acumuló durante décadas un entramado patrimonial de enormes dimensiones: fundaciones, sociedades, estructuras internacionales y activos dispersos en jurisdicciones opacas. Todo ese patrimonio continúa existiendo. Figari sigue vivo, protegido y sostenido económicamente dentro de órbitas vinculadas al universo sodálite. Y Bertomeu, el hombre enviado precisamente para desmontar esa estructura, lleva meses ocupado entre entrevistas, filtraciones y la construcción de un relato épico en torno a sí mismo.
El resultado práctico de todo ello apunta a que el resarcimiento real a las víctimas terminará siendo ridículo. Lo que sobreviva del Sodalicio tras este proceso —y parece que sobrevivirá bastante— habrá quedado blindado patrimonialmente mientras el comisario pontificio dedicaba más esfuerzos a convertirse en personaje que a realizar el trabajo técnico, silencioso y jurídicamente complejo que la situación exigía. Las víctimas que Bertomeu afirma defender recibirán migajas. Y las estructuras que asegura combatir seguirán existiendo, reconvertidas y protegidas, porque nadie decidió levantar el velo societario cuando todavía era posible hacerlo.
Eso es exactamente lo que denuncia Infovaticana. No la supresión del Sodalicio, que resultaba necesaria y justa, sino la chapuza con la que esa supresión se está ejecutando. Y, cada vez con mayor fuerza, emerge además la sospecha de que dicha chapuza quizá no sea accidental, sino la consecuencia de un comisario más interesado en acumular capital reputacional de cara a futuras aspiraciones episcopales que en afrontar el trabajo incómodo, discreto y técnicamente exigente que se le encomendó.
La frase que señala a Francisco
En el texto publicado por Religión Digital, Vidal escribe lo siguiente al intentar explicar por qué Francisco revocó la amenaza de excomunión contra los periodistas Giuliana Caccia y Sebastián Blanco:
“Francisco los recibió a ambos a cambio de cesar los ataques judiciales-mediáticos contra Bertomeu.”
Conviene leer la frase de nuevo.
Un periodista que durante años se ha presentado como voz crítica e independiente del periodismo eclesial acaba de describir una audiencia papal en la que el Romano Pontífice retira la excomunión —la máxima sanción contemplada por el derecho de la Iglesia— a cambio de que dos periodistas laicos abandonen sus denuncias contra un funcionario vaticano concreto.
En cualquier ordenamiento jurídico mínimamente civilizado, eso tiene un nombre bastante preciso. Condicionar la retirada de una sanción a que la persona afectada abandone acciones legales legítimas constituye una forma evidente de coacción. No hace falta ser canonista para advertirlo. Basta, sencillamente, con haber abierto alguna vez un Código Penal.
Nosotros, de hecho, no afirmamos nada de eso. Y no lo hacemos porque el testimonio de los propios afectados apunta en una dirección completamente distinta: Francisco escuchó su versión, comprendió el disparate jurídico que le habían puesto delante y revocó el precepto penal de su puño y letra, sin imponer condiciones de ningún tipo. Mientras la versión de los periodistas presentes describe a Francisco corrigiendo un error, la versión ofrecida por Vidal —presumiblemente construida a partir de información proporcionada por Bertomeu— presenta al Papa como árbitro de una suerte de pacto de silencio. Que cada lector extraiga sus propias conclusiones acerca de quién termina tratando peor la memoria del Papa.
Las diez preguntas que Vidal evita responder
El artículo de Religión Digital construye siete preguntas que nadie le había formulado para responderlas con gran aparato retórico. Se trata del manual clásico de comunicación que el refranero español describe con la expresón «¿De dónde vienes? Manzanas traigo». Lo que Vidal evita cuidadosamente es enfrentarse a las preguntas que Infovaticana sí ha planteado con toda seriedad. Conviene reproducirlas aquí para que el lector pueda medir el alcance de la evasión.
- ¿Puede un comisario pontificio utilizar la excomunión como instrumento de presión personal contra quienes le han demandado civilmente?
- ¿Quién redactó el precepto penal que amenazaba con la excomunión a Caccia y Blanco, y bajo qué fundamento canónico?Alguien redactó ese documento. Alguien decidió colocarlo delante de un Papa enfermo para obtener su firma. Y, sin embargo, la identidad de su autor y el fundamento jurídico del precepto continúan sin explicación.
- ¿Por qué un episodio que, en cualquier sistema jurídico serio, habría bastado para apartar a Bertomeu de sus funciones no tuvo consecuencia disciplinaria alguna?El propio Francisco tuvo que intervenir personalmente para desmontar aquello que su comisario había construido. ¿Qué consecuencias institucionales tuvo eso para Bertomeu? Ninguna que Vidal considere oportuno mencionar.
- ¿Dónde está el patrimonio del Sodalicio?Fundaciones, sociedades, estructuras internacionales y activos dispersos. ¿Cuánto se ha identificado realmente? ¿Cuánto se ha recuperado? ¿Y cuánto permanece todavía fuera del radar mientras Bertomeu concede entrevistas?
- ¿Cómo piensa resarcirse verdaderamente a las víctimas si el entramado patrimonial sigue intacto?Un resarcimiento que no vaya acompañado de un levantamiento serio del velo societario apenas pasa de lo simbólico. ¿Qué cifras maneja Bertomeu? ¿Qué garantías reales existen de que las víctimas no acabarán recibiendo simplemente migajas?
- ¿Por qué otras víctimas peruanas de abusos eclesiásticos, ajenas al foco mediático del caso Sodalicio, continúan sin respuesta dentro del sistema ordinario?Víctimas de la diócesis de Chiclayo, víctimas relacionadas con el Secretario General de la Conferencia Episcopal Peruana. ¿Por qué el modelo Bertomeu parece producir víctimas de primera y víctimas de segunda?
- ¿Qué justifica que Bertomeu pretenda pilotar personalmente las indemnizaciones derivadas de procedimientos Vos Estis Lux Mundi, invadiendo competencias que corresponden al cauce penal ordinario?La gestión de indemnizaciones ya dispone de un cauce establecido. ¿Por qué Bertomeu pretende controlarlo personalmente? ¿Qué interés institucional podría justificarlo?
- ¿Resulta compatible con las exigencias de reserva propias de una instrucción canónica la relación que Bertomeu mantiene con determinados medios eclesiales, incluidas filtraciones de conversaciones privadas y confidencias papales?El Derecho Canónico exige exactamente lo contrario de aquello que Bertomeu practica habitualmente. ¿Cómo justifica eso su portavoz oficioso?
- ¿Qué supervisión efectiva ejerce León XIV sobre la gestión de Bertomeu, más allá del aval formal de su continuidad en el cargo?El respaldo del nuevo Papa al comisario constituye un hecho. Pero el respaldo sin control difícilmente puede considerarse gobierno. ¿Qué mecanismos concretos de rendición de cuentas existen?
- ¿A qué aspira realmente Bertomeu cuando concluya su misión en Perú?Es una pregunta incómoda, pero perfectamente legítima. Un funcionario que acumula exposición mediática, construye un relato épico personal y actúa con márgenes de discrecionalidad impropios de su rango rara vez lo hace sin contemplar un horizonte concreto. ¿Cuál es el suyo?
Vidal no responde a ninguna de estas cuestiones. Prefiere responder, en cambio, a si Francisco era un Papa lúcido, a si la denuncia de Paola Ugaz estaba fundada o a si León XIV se muestra indiferente ante el caso. Preguntas legítimas, desde luego, aunque resulta llamativo que nadie se las hubiera formulado.
La urgencia como método
Existe, además, un detalle que merece ser señalado más allá del contenido concreto de los artículos. La rapidez con la que Religión Digital publica defensas de Bertomeu cada vez que Infovaticana revela nueva información sobre el caso no parece casual ni responde ya a una dinámica estrictamente periodística. Se asemeja mucho más a un servicio.
A estas alturas, la línea directa entre el comisario pontificio y la redacción de Religión Digital constituye probablemente uno de los secretos peor guardados del periodismo eclesial en español.
Un comisario pontificio que, según el propio Derecho Canónico, debería actuar bajo estricta reserva, encuentra tiempo y disposición para alimentar regularmente a su medio de cabecera con la versión de los hechos que más le favorece. Y ese mismo medio responde publicando dichas versiones sin formular una sola pregunta incómoda.