TRIBUNA. Así habla un obispo: Mons. Pedro Schumacher

Por: Yousef Altaji Narbón

TRIBUNA. Así habla un obispo: Mons. Pedro Schumacher

Los principales ingenieros del desastre provocado con el Concilio Vaticano II como medio, se gloriaban y jactaban de haber utilizado el arma de la ambigüedad para poder conquistar sus objetivos en los textos conciliares. Dijo el Padre Henri de Lubac (SJ) lo siguiente: “El título de la primera parte, aún más en francés que en latín, tiene un tono ambiguo, y sin duda esta ambigüedad era necesaria para que pudiera abarcar todo el ámbito de la exposición.” (Cf. Athéisme et sens de I’homme – Une double requéte de ‘Gaudium et spes’ (Paris: Cerf, 1968), p. 92.). Tenemos el testimonio oscuro de Karl Rahner donde explica el proceder de esta táctica perniciosa: “Naturalmente, en algunos casos, la unidad de todos en la libertad se buscó y se logró con diligencia en este Concilio mediante la táctica de dejar cuestiones sin resolver o por otros medios que, a primera vista, pueden parecer un compromiso desafortunado. Pero incluso en estos casos, se alcanzó la verdadera unidad en un clima de auténtica libertad” (Cf. Karl RAHNER, Vaticano II: Um comego de renovagéo (Sao Paulo: Herder, 1966), p. 12).

Sin ahondar más en lo previo, por ser un tema extenso, podemos ver en la actualidad cómo este fenómeno se ha vuelto el diario vivir en todos y cada uno de los ámbitos eclesiales. Lo manifestado por estos artífices de la calamidad conciliar es hoy la norma a seguir, proliferada por todas partes. Para puntualizar de manera más enfática, la falta de claridad deliberada es la conducta reiterada de los altos jerarcas tanto en la Santa Sede como en todas las diócesis del orbe cristiano. El perfil moderno de los sucesores de los apóstoles se puede resumir en: falta de claridad, falta de carácter, sentimentalismo, generalidades sumamente amplias, preocupación por cualquier cosa menos la salvación de las almas, buen ánimo para simpatizar con la política secular en ambientes corruptos y, lo peor de todo, perseguir a muerte la tradición bimilenaria de la Santa Madre Iglesia. Nada de esto se dice con gusto ni gozo; muy al contrario, es motivo de pedir piedad al cielo. Que verdaderamente los obispos, cardenales y el mismo Papa puedan ser claros y cónsonos con el Magisterio perenne del Cuerpo Místico de Cristo. 

La manera en que deberían ser los jerarcas es diametralmente opuesta a lo disponible en las diócesis; no es ni una enésima parte del rigor exigido, demostrado por la historia y casos concretos en la Iglesia, de lo que la feligresía necesita tener como pastor y guía para confirmarlos en la fe. Son copias de copias, algunos con matices más reverentes y respetuosos, pero permiten el error dentro de su jurisdicción. Veamos el ejemplo reciente de los obispos de la Conferencia Episcopal Española reunidos en un café cuando una joven, a imagen de Santa Catalina de Siena, les hizo cuestionamientos sobre el Valle de los Caídos ¿Qué hicieron ellos? Lo esperado: victimizarse, replantear la situación, preguntas abiertas que buscan redirigir la temática y silencios incómodos. En esta, no lamentable, sino asquerosa, situación, se puede tomar como la mejor vista panorámica del estado de salud de nuestros gobernantes eclesiales. 

Habiendo ya hecho un rayos X explicativo de lo presente, busquemos cómo tienen que ser las cosas. ¿Cuál es ese mínimo? ¿Cuál es ese perfil ¿Cómo tienen que ser nuestros pastores? ¡Una montaña interminable de héroes para mencionar! ¡Qué gloria inmensa de la Esposa del Cordero Inmaculado por todas las gestas de sus campeones! Vamos a tomar el modelo de un obispo poco conocido, pero que contiene en sí una doble virtud: una voz de león por su celo apostólico y el cuidado dulce y paternal con sus amados fieles.

Monseñor Pedro Schumacher (1839-1902) fue el obispo de la diócesis de Portoviejo desde 1885 hasta su exilio en Colombia —provocado por los liberales revolucionarios— y muerte en 1902. Su modo cuidadoso y consciente de desempeñarse en esta diócesis se puede evidenciar por medio de sus cartas pastorales y la acción ejercida a raíz de lo manifestado en las mismas. Este prelado dedicó su vida a escribir para sus fieles, elaborar cartas de catequesis, cartas para enmendar y advertir sobre los errores modernos, exhortar sobre la vida espiritual, incentivar la vocación religiosa, entre otras acciones para cumplir con su labor como sucesor de los apóstoles. Invirtió gran parte de su tiempo en enfocarse en la tutela de la formación básica para los jóvenes de su dependencia. 

A continuación, nos vamos a deleitar leyendo algunos extractos de su libro titulado “La sociedad civil cristiana: según la doctrina de la Iglesia Romana. Texto de enseñanza moral para la juventud”. El libro se explica por su solo título; es un tratado fácil de entender sobre cómo tiene que ser la sociedad cristiana y cuáles son sus enemigos. Preguntémonos rápidamente: ¿cuándo fue la última vez que el obispo de mi diócesis habló de algo remotamente cercano? ¿El obispo que tanto admiro en mi región ha hecho algo similar a Mons. Schumacher? ¿Cuáles son las acciones y planes en mi diócesis para emprender en obra semejante? El ilustre obispo resuena la campana obediente de la claridad doctrinal del Magisterio de los Pontífices que dieron combate abierto a los venenos implantados por la Revolución. Vean su claridad, vean su precisión, vean su cuidado, vean su manera de esgrimir los temas; es simplemente espléndido. El común denominador de los purpurados no le llega ni a los talones de monseñor Schumacher. Así es como tiene que hablar un obispo. Con gallardía, bravura, sin miedos, sin respetos humanos, diciendo las cosas exactamente como son, de los temas más peligrosos pero dando todo por amor a Cristo. Leamos con atención. 

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Extractos del libro de La sociedad civil cristiana: según la doctrina de la Iglesia Romana. Texto de enseñanza moral para la juventud. Por Monseñor Pedro Schumacher.

La Iglesia – el Reino de Dios

“El objeto para el cual los hombres, movidos por la naturaleza, se reúnen en sociedad civil es que cada uno alcance los medios para llegar al fin que Dios le ha señalado, y es verdadero bienestar temporal en esta vida y felicidad eterna en la vida futura…”

“La sociedad civil organizada y ordenada según la ley divina es el reino de Dios en la tierra, porque semejante sociedad reconoce a Dios por Legislador y soberano suyo; le adora y le sirve. Esto es precisamente lo que el Liberalismo llama teocracia, afectando desprecio para una teoría que tanto ennoblece a la sociedad humana, pues ¿qué cosa puede ser más gloriosa para el hombre que reconocer a Dios por Señor, según está escrito? ‘Le adorarán todos los reyes de la tierra: todos los pueblos le servirán.’ (Salm. 71, 11.)”

El Reino de Satanás – la Francmasonería y el Liberalismo

“Los enemigos más declarados del reino de Dios forman en el día de hoy una sociedad oculta o secreta que se llama francmasonería, con la cual está íntimamente unida la secta del liberalismo, porque tiene el mismo fin y los mismos principios.”

Los masones se tienen escondidos y no quieren ser conocidos; la secta liberal por lo contrario se manifiesta públicamente, ofreciendo a los pueblos progreso, civilización y felicidad nunca vista, con tal que se separen de la Iglesia de Dios. Del mismo modo engañó Satanás a nuestros primeros padres, ofreciéndoles que llegarían a ser iguales a Dios negándole la obediencia.”

“El liberalismo se vale principalmente de los medios siguientes: 1º Procura que los pueblos y sus gobiernos excluyan a Dios de la constitución y de sus leyes, alegando que la religión nada tiene que ver con la política. 2º Enseña que cada uno puede creer, hablar y escribir lo que quiere, sea verdad o mentira, bueno o malo. 3º No consiente que en las escuelas públicas se enseñe la religión a los niños. 4º Quiere excluir a Dios de las familias, haciendo que los esposos no se unan con el sacramento del matrimonio, sino que vivan en mal estado o concubinato.” 

“El pretendido pacto social es cosa absurda y fantástica considerado en sí mismo, y sistema sumamente pernicioso en sus consecuencias.”

De la ley

“El orden establecido por Dios se llama ley natural y lo que es conforme a este orden es bueno, lo que le es contrario es malo.”

“La falsa igualdad ante la ley consiste en aplicar unas mismas disposiciones legales a todos los ciudadanos, sin tomar en cuenta la diversidad y desigualdad de sus aptitudes, derechos y méritos, porque de esta manera se falta a la justicia que pide dar a cada uno lo que se le debe.”

De los gobiernos. Gobiernos cristianos y gobierno ateo o liberal

Gobierno cristiano es el que toma por norma y regla de sus actos el Evangelio o la doctrina de Jesucristo. Ateos o liberales son los gobiernos que excluyen de la vida pública la religión, pretendiendo que ésta no tiene nada que ver con la política.” 

La Iglesia enseña que los revolucionarios, atacando a la autoridad legítima, atacan al mismo Dios, y son responsables de las muertes que causan y de todos los daños de la revolución, ni más ni menos como los homicidas y ladrones.”

“Los gobiernos son independientes de la Iglesia en todas aquellas disposiciones que no interesan a la religión o al orden moral; esto es, en las cosas indiferentes; pero cuando se trata de la religión o de los principios de conciencia, los gobiernos deben escuchar a la Iglesia y obedecerla.”

De lo que llaman “Sobernía popular”

“Quieren persuadirnos que los pueblos y sus gobiernos no tienen otro superior en lo religioso y en lo civil que su propia voluntad.”

“1º La razón enseña que sólo Dios es soberano, en el sentido de que todo depende de Él, y Él no depende de nadie; la misma razón nos hace ver que el pueblo depende de la ley natural de Dios, en cuanto debe necesariamente ajustar sus leyes a la voluntad de Dios. 2º La soberanía popular en el sentido del liberalismo, es opuesta a las enseñanzas católicas; oigamos al Papa León XIII: ‘Toda autoridad viene de Dios como de su fuente principal; así lo atestigua la naturaleza. La soberanía popular al contrario, la cual pretende derivar naturalmente de la muchedumbre, sin tomar a Dios en cuenta, no se apoya en ninguna razón plausible, es buena tan sólo para excitar y encender muchas pasiones’ (Enc Immortale Dei).”

De la libertad de conciencia

“No es permitido jamás hacer lo que la conciencia nos hace ver como acción mala, porque, de lo contrario, sería permitido tener la intención o voluntad de quebrantar la ley de Dios. También es pecado dejar de hacer lo que la conciencia nos representa como un deber nuestro, en la suposición de que esta conciencia sea verdadera conciencia, ordenando con certeza y claridad, sin duda, tergiversación o pasión.”

“…a conciencia debe ser un juicio cierto, una convicción íntima del alma, pero fuera de Dios no hay regla fija para juzgar de la bondad o maldad de las acciones humanas, todo queda incierto y abandonado al capricho de cada uno.”

Enseñanza sin Dios y escuelas ateas

El liberalismo, en la guerra que hace a Dios, trata de apoderarse de las escuelas y de los establecimientos de educación, y, consecuente con su principio fundamental, excluye la religión de la educación y de las materias de enseñanza pública. Su propósito es arrebatar a Dios las almas de los niños, y formar una generación nueva que prescinda de Dios y viva sin religión. Varios gobiernos de Europa y América, entrando de lleno en este liberalismo práctico, han dispuesto que no se enseñe religión alguna en las escuelas públicas. Estas son las escuelas ateas, laicales o secularizadas. Y, a fin de obligar indirectamente a los padres de familia a que envíen sus hijos a estas escuelas irreligiosas, impiden con todos los medios posibles el establecimiento de escuelas cristianas.”

De la libertad de imprenta

“Por libertad de imprenta entiende el liberalismo lo que expresan los llamados ‘derechos del hombre’, a saber: el derecho para cada uno de expresar libremente sus pensamientos por la prensa.”

“…esto ya no sería libertad, sino inmoralidad. No puede ciertamente haber derecho para expresar pensamientos injuriosos a Dios o contrarios a la verdad y a la justicia.”

“Los efectos de esta falsa libertad no pueden ser más perniciosos; he aquí los principales: 1º Esta falsa libertad ataca la autoridad de Dios, y niega las verdades de la divina revelación. 2º Destruye toda moral por su pretensión de mentir y calumniar libremente. 3º Es un semillero de revoluciones contra la autoridad pública, y de enemistades entre las familias y los particulares.”

 

Nota: Los artículos publicados como Tribuna expresan la opinión de sus autores y no representan necesariamente la línea editorial de Infovaticana, que ofrece este espacio como foro de reflexión y diálogo.

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