Las fuerzas italianas de la misión de Naciones Unidas en Líbano (UNIFIL) restituyeron en la localidad de Debel el crucifijo que había sido destruido días antes por un soldado israelí, en un episodio que ha provocado una fuerte reacción en la Iglesia y en la comunidad cristiana internacional.
La reposición de la imagen se produjo en menos de 48 horas, en coordinación con la población local, en un intento de reparar el daño causado tras la profanación de uno de los símbolos centrales de la fe cristiana.
La profanación del crucifijo
El incidente tuvo lugar en este pueblo del sur del Líbano, de amplia mayoría cristiana, donde un soldado israelí fue captado golpeando con un martillo la imagen de Cristo crucificado. Las imágenes difundidas confirmaron la destrucción deliberada del crucifijo, lo que desencadenó una oleada de indignación.
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El propio Ejército israelí reconoció posteriormente el incidente, expresó su pesar y anunció la apertura de una investigación interna para depurar responsabilidades.
La primera reposición
Tras el suceso, las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) difundieron en sus redes sociales un mensaje en el que aseguraban haber sustituido «la imagen dañada» en coordinación con la comunidad local, acompañando la publicación con fotografías de una nueva cruz instalada en el lugar.

Sin embargo, la imagen mostraba una cruz pequeña apoyada sobre un árbol al costado del lugar original. El mensaje cerraba diciendo «Las FDI expresan profundo pesar por el incidente y están trabajando para asegurar que no vuelva a ocurrir en el futuro».
Reposición del crucifijo en menos de 48 horas
Posteriormente fueron las fuerzas italianas de la UNIFIL quienes procedieron a la reposición de un crucifijo acorde al que había sido destruido.
La intervención de los cascos azules se produjo en un breve plazo y con participación de la comunidad local, como reflejan las imágenes difundidas, en las que se observa la nueva cruz ya instalada en el emplazamiento original.

Un ataque que trasciende lo material
En comunidades como la de Debel, donde la presencia cristiana es histórica y mayoritaria, el crucifijo constituye una expresión visible de la fe y de la identidad del pueblo.
Por ello, el gesto ha sido ampliamente denunciado por responsables eclesiales, que lo han calificado como una profanación y una ofensa directa a la fe cristiana. La reacción posterior —con la reposición del símbolo y las disculpas oficiales— no borra la gravedad del hecho.
Tal como han señalado los obispos de Tierra Santa, este tipo de episodios no son aislados, sino que se inscriben en un contexto más amplio de vulnerabilidad de los símbolos cristianos en zonas de conflicto. La exigencia de sanciones y de garantías efectivas de respeto apunta precisamente a evitar que hechos de esta naturaleza vuelvan a repetirse.