La profanación a martillazos de una imagen de Cristo en el sur de Líbano ha provocado indignación entre la comunidad cristiana local y ha terminado obligando al propio Ejército israelí a reaccionar. La secuencia de los hechos, tal como ha ido emergiendo en las últimas horas, apunta a un episodio ocurrido en la localidad de Debel, en el distrito de Nabatieh, donde un soldado de las Fuerzas de Defensa de Israel aparece golpeando con un martillo una estatua de Jesucristo crucificado. La gravedad del caso ha llevado a las FDI a anunciar una investigación interna, al tiempo que un portavoz ha admitido que las imágenes difundidas “no son compatibles con los valores del ejército”.
El primer elemento que activó la difusión internacional del caso fue la publicación, por parte del periodista palestino Younis Tirawi, de un fotograma en el que se ve a un militar uniformado descargando un golpe contra la cabeza de la imagen sagrada. Su trabajo ha sido referenciado en distintas ocasiones por medios internacionales, se trata de un periodista de prestigio sin antecedentes de fakes, lo que ha contribuido a que el material difundido adquiriera rápidamente visibilidad más allá del entorno de redes sociales.
La difusión de ese fotograma fue seguida por una respuesta procedente de la propia comunidad cristiana de la zona. Una cuenta local identificada como “Debel Alerts” publicó la imagen de la misma estatua intacta, tomada en el mismo enclave. El marco paisajístico —la cruz, el muro de piedra, la vegetación y la disposición del terreno— coincide plenamente con el escenario que aparece en la instantánea del ataque, lo que refuerza la continuidad de la escena y sitúa los hechos en un mismo lugar.
La verificación pública del caso dio un salto cualitativo cuando el diario israelí Haaretz, uno de los decanos de la prensa israelí, informó de que un soldado de las FDI había sido grabado destruyendo una estatua de Jesús en el sur del Líbano. El propio medio recoge la respuesta oficial del Ejército, que reconoce el incidente hasta el punto de anunciar que será investigado “a fondo”, subrayando además que tales acciones son incompatibles con la conducta esperada de sus soldados.
La convergencia entre el material visual difundido, la corroboración desde el terreno por parte de la comunidad local y la reacción institucional de las FDI sitúa el episodio en un nivel de verosimilitud elevado. No se trata únicamente de una imagen viral, sino de un hecho que ha alcanzado suficiente entidad como para provocar una respuesta oficial y abrir un proceso de investigación dentro del propio Ejército israelí.