La causa de canonización del jesuita Walter Ciszek, sacerdote estadounidense de origen polaco que pasó años en cautiverio en la Unión Soviética, ha sido detenida tras la evaluación de la Santa Sede. Así lo ha confirmado la diócesis de Allentown (Pensilvania), que ha concluido que la documentación presentada no permite avanzar hacia su beatificación.
Roma da por concluido el proceso
En una carta fechada el 9 de abril, monseñor Ronald C. Bocian —presidente de la hasta ahora Liga de Oración Padre Walter Ciszek— informó a sus miembros de que la diócesis había recibido la notificación de que el caso “no cuenta con el respaldo documental necesario” para continuar.
La decisión llega después de años de estudio por parte de los organismos competentes en Roma, encargados de examinar cada causa conforme a las normas de la Iglesia.
La diócesis de Allentown, que asumió la causa tras su apertura en la eparquía católica bizantina de Passaic (Nueva Jersey), ha indicado que la liga se transformará en la Sociedad Padre Walter J. Ciszek, con el objetivo de mantener viva su memoria y difundir su legado espiritual.
Un ministerio clandestino en territorio soviético
Walter Ciszek nació en 1904 en Estados Unidos, en el seno de una familia de inmigrantes polacos. Fue ordenado sacerdote jesuita en 1937 y se convirtió en el primer estadounidense en la orden dentro del rito bizantino, una de las tradiciones orientales en comunión con la Iglesia católica.
Formado en Roma en el marco de una iniciativa promovida por Pío XI para preparar sacerdotes destinados a Rusia, logró entrar en territorio soviético al inicio de la Segunda Guerra Mundial utilizando documentación falsa, con el fin de ejercer el ministerio de forma clandestina.
En 1941 fue arrestado por la policía secreta soviética acusado de espionaje y condenado a quince años de trabajos forzados en Siberia. Durante su internamiento en distintos campos, consiguió celebrar la misa y administrar los sacramentos en condiciones extremas.
Años de cautiverio y regreso a Estados Unidos
Tras cumplir su condena en 1955, no se le permitió abandonar el país y fue destinado a trabajar en una fábrica química. Durante años permaneció incomunicado, hasta que logró restablecer contacto con su familia en Estados Unidos, que lo daba por fallecido.
En 1963 fue liberado gracias a un intercambio de prisioneros negociado por el presidente John F. Kennedy. De regreso a su país, desarrolló su labor en el ámbito académico y espiritual, especialmente en el estudio del cristianismo oriental.
Falleció en 1984. Su experiencia quedó recogida en obras como He Leadeth Me y With God in Russia, escritas junto al jesuita Daniel Flaherty.
Un legado que permanece
Aunque la causa de canonización no seguirá adelante, la diócesis de Allentown ha subrayado que esta decisión no afecta al valor de su testimonio.
En un comunicado, ha señalado que su vida, marcada por la fe, la perseverancia y la confianza en Dios en medio del sufrimiento, continúa siendo un referente espiritual para numerosos fieles.
Asimismo, ha agradecido las oraciones y el apoyo recibidos durante años, y ha asegurado que el testimonio de Ciszek seguirá dando fruto más allá del proceso formal de canonización.