El presidente Donald Trump ha vuelto a poner el foco en la persecución sistemática de los cristianos en Nigeria, un drama que, pese a su magnitud, sigue siendo silenciado por gran parte de la comunidad internacional y los medios occidentales. En un mensaje difundido el 5 de noviembre a través de su red social Truth Social, Trump advirtió que el cristianismo “enfrenta una amenaza existencial” en el país africano, donde “miles y miles de cristianos están siendo asesinados” por “islamistas radicales”.
Sus palabras —recogidas por el National Catholic Register— han sido recibidas por numerosas organizaciones católicas y de derechos humanos, aunque expertos en el terreno recuerdan que la raíz del problema es profunda y compleja: una mezcla de fanatismo religioso, corrupción política y descomposición social que ha convertido al país más poblado de África en el epicentro de la violencia contra los fieles.
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Una declaración con consecuencias
Días antes, Trump había anunciado la inclusión de Nigeria en la lista de “países de especial preocupación” (CPC), una categoría reservada a los gobiernos que cometen o toleran violaciones graves de la libertad religiosa. La decisión se apoya en la Ley de Libertad Religiosa Internacional de 1998 y abre la puerta a sanciones económicas y restricciones diplomáticas.
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“Estados Unidos no puede quedarse de brazos cruzados mientras se cometen atrocidades contra los cristianos”, dijo el presidente, advirtiendo incluso que podría imponer medidas coercitivas si el gobierno nigeriano no actúa. También anunció la creación de una comisión liderada por el congresista Riley Moore para investigar la magnitud del genocidio religioso.
Una Iglesia que sufre y resiste
Las cifras son estremecedoras: solo en 2025, más de 7.000 cristianos han sido asesinados, a razón de unas 30 víctimas diarias, según datos citados por National Catholic Register. Los responsables son en su mayoría milicias islamistas fulani, el grupo terrorista Boko Haram y la filial regional del Estado Islámico.
La Agencia Fides del Vaticano confirma que entre 2015 y 2025 han sido secuestrados 145 sacerdotes y asesinados 11. En septiembre, el P. Emmanuel Asadu, de la diócesis de Nsukka, fue abatido mientras regresaba de una misión pastoral.
A pesar de la tragedia, la Iglesia en Nigeria continúa siendo una de las más vivas del mundo: el 94% de los católicos asiste a Misa cada domingo, el índice más alto del planeta. “La Iglesia no ha dejado de estar activa ni los fieles han dejado de confesar su fe”, afirma Edward Clancy, portavoz de Aid to the Church in Need (ACN-USA).
Obispos divididos ante la iniciativa de Trump
La medida de Trump ha sido celebrada por parte del episcopado nigeriano, mientras otros prelados piden cautela. Mons. Wilfred Anagbe, obispo de Makurdi, región asolada por los ataques, considera la designación “necesaria y esperada”. En cambio, Mons. Matthew Hassan Kukah, de Sokoto, teme que el gesto “endurezca las divisiones” y dificulte el diálogo interreligioso.
El gobierno nigeriano niega una persecución religiosa
El presidente Bola Tinubu, un musulmán moderado de etnia yoruba, rechazó las acusaciones de genocidio religioso y atribuyó la violencia a problemas de seguridad y criminalidad generalizada que afectan tanto a cristianos como a musulmanes. Sin embargo, fuentes eclesiales en el país señalan que el verdadero mal es la corrupción endémica que ha desintegrado el Estado.
Un líder católico nigeriano, citado por el National Catholic Register bajo anonimato por razones de seguridad, afirmó que el país vive un “nivel monstruoso de corrupción” y una “disfunción total” que permite que las milicias actúen con impunidad. “Al principio era violencia islamista —dijo—, pero ahora es algo mucho más caótico y descontrolado”.
Una esperanza política, un clamor espiritual
Para Nina Shea, experta del Hudson Institute, la decisión de Trump “reconoce por fin la persecución de los cristianos del cinturón central” y puede obligar al gobierno nigeriano a actuar. De igual modo, el intelectual católico Robert Royal, presidente del Faith and Reason Institute, subrayó que “es evidente más allá de toda duda que miles de cristianos son atacados por su fe” y pidió a la comunidad internacional que presione a Nigeria para proteger a los creyentes.
