En Infovaticana nos hemos hecho eco de las sorprendentes declaraciones del arzobispo de Luxemburgo, cardenal Jean-Claude Hollerich, y del presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, Georg Bätzing, en el sentido de que la Iglesia tiene que cambiar su doctrina moral sobre la homosexualidad. Ahora es el cardenal australiano George Pell quien en una nota pública pide a Roma que corrija a ambos prelados en este punto.
Pell, en una entrevista concedida a la televisión alemana K-TV, ha solicitado a la Congregación para la Doctrina de la Fe que reconvenga públicamente al jefe de la comisión de las conferencias episcopales de la Unión Europea y al jefe del episcopado alemán, Hollerich y Bätzing, respectivamente, por lo que ha calificado de “rechazo total y explícito” de la enseñanza de la Iglesia sobre moral sexual.
El cardenal australiano espera que la congregación “intervenga y emita un juicio” sobre los comentarios que han vertido en los medios Jean-Claude Hollerich, relator general del Sínodo sobre la Sinodalidad, y el obispo Georg Bätzing, presidente de la Iglesia Alemana. Conferencia Episcopal. Es decir, que condene lo expresado por dos de los prelados más poderosos de Europa, el primero de ellos elegido expresamente por el Santo Padre para un papel clave en la próxima reunión de obispos, de la que tanto se espera.
Ambos pastores europeos han urgido a reformar las enseñanzas de la Iglesia para adoptar una visión más ‘comprensiva’ ante las prácticas homosexuales, juzgando “errónea” y “desfasada” la actual.
Lo erróneo, insistió Pell, era lo que sostenían ambos prelados, ya que “no solo contradice las antiguas doctrinas judeocristianas contra la actividad homosexual, sino que socava y la enseñanza sobre el matrimonio monógamo, la unión exclusiva de un hombre y una mujer”.
Para Pell, la única respuesta a la sangría de fieles en los países germanófonos debería ser “redescubrir las promesas de Jesús” y abrazar más de cerca el “depósito de la fe sin merma”. ”
Hizo hincapié en que la solución es “ no seguir los dictados cambiantes de la cultura secular contemporánea”, y agregó que, “como señaló el Papa Pablo VI hace muchos años, este es un camino hacia la autodestrucción de la Iglesia”.