La carta del cura de Almería que tuvo que incardinarse en la diócesis de Málaga

carta cura almeria
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La carta del sacerdote de Almería, Carlos María Fortes García, la ha publicado nuestro bloguero Paco Pepe de la Cigoña en su blog.

Este sacerdote, muy cercano al ya obispo emérito de Almería, Adolfo González Montes, se dirigió a sus compañeros sacerdotes de la diócesis de Almería a través de una carta para explicar los motivos por los que ha tenido que salir de Almería para ir a Málaga. Carlos María Fortes lamenta en su carta que el entonces obispo adjutor y actual obispo de Almería, Antonio Gómez Cantero y su equipo de gobierno «se han tragado todas las acusaciones, que son falsas, sin verificar nada».

A CONTINUACIÓN LA CARTA COMPLETA:

CARTA A MIS HERMANOS SACERDOTES
Almería, 23 del IX del 2021
Querido hermano sacerdote:
Te escribo tras conocer la carta abierta que el Sr. Obispo-Coadjutor ha enviado en fecha de hoy a los Sacerdotes y Diáconos permanentes informando que un servidor ha solicitado la “excardinación” de Almería para incardinarme en la diócesis de Málaga; y lamentándose de “que deje de formar parte de este presbiterio en el que se ha formado y ha desarrollado su ministerio”. Al conocer este comunicado algunos sacerdotes me habéis llamado sorprendidos, mosqueados y alguno escandalizado e incluso llorando. Pero estad tranquilos: no soy víctima de nada y de nadie.
Por razones de veracidad (no consideraba en modo alguno escribir nada) debo informarte, a grandes trazos, de lo sucedido desde el mes de mayo hasta hoy.

1.- Llevamos ya varios años en los que el Obispo Diocesano, D. Adolfo, y sus colaboradores más cercanos estamos siendo calumniados y puestos en entredicho por algunos hermanos sacerdotes, como todos sabemos. Se ha montado una trama contra el Obispo Diocesano para acabar con él, acusándole de tres cosas falsas: actitud inmoral de algunos sacerdotes, situación nefasta del seminario y una economía mal gestionada. Contra mí han enviado anónimos y pseudónimos a la Conferencia Episcopal Española, a Roma e incluso a varios obispos acusándome falsamente.

2.- A primeros de mayo de 2021 le quitaron el gobierno de la Diócesis a D. Adolfo en base a unas denuncias falsas, que no verificaron; eso ha sido una injusticia gravísima. Ello provocó el cese de todos los vicarios alegando “falta de lealtad” en una reunión de todo el presbiterio, pero sin decir a quién se había faltado ni los motivos del cese. Y se nombró un nuevo equipo de gobierno.

3.- En el comunicado a los sacerdotes el Coadjutor decía: “Han sido varias las conversaciones mantenidas con él (conmigo) por el Obispo coadjutor y sus Vicarios para que permaneciera en Almería, pero no ha sido posible”. Es verdad que han mantenido varias conversaciones conmigo, pero no dicen el contenido de las mismas, sin el cual no puede entenderse mi decisión.

4.- Antes de terminar el mes de mayo fui llamado por el nuevo vicario general, tras solicitarle yo audiencia (a quien siempre he apreciado) y me dijo que “por todo lo que se decía de mí” tenía que dejar la parroquia de Vera; abandonar la Fundación civil que presidía (que no está sujeta al derecho canónico); dejar la Casa de oración; no realizar la fusión del patronato de la residencia de Canjayar con el de la fundación que presidía (dos patronatos civiles que no están bajo la autoridad eclesiástica). Y todo ello: “por mi propio bien… para cuidarme”. Fui removido de todos los cargos y oficios eclesiales sin motivación expresa y sin decirme de qué se me acusaba ni quién me acusaba. Preferí aceptar sin protestar por sentido de obediencia y respeto al Coadjutor. Me dijo que sería conveniente que estuviera
en unos pueblecitos para ejercer allí el ministerio.

5.- El día 25 de junio tuve una segunda audiencia con el Vicario General, convocado por él, en la que insistió que era tan grave lo que decían de mí que, aunque estuviera en unos pueblecitos seguiría estando dentro de la diócesis, sería
mejor aún poner tierra por medio y me propuso ir unos años a Argentina. Puedes comprender que saliera desolado de esa audiencia.

6.- A mediados de julio me recibió el Sr. Coadjutor y me dijo que ya no veía mi salida de Almería (ese día le hice saber que haciendo caso a la primera petición ya había decidido salir). Desde ese día quise buscar una salida digna por un tiempo y le pedí poder estar un tiempo fuera. En esa audiencia con el Obispo-Coadjutor me dijo: “Lo de Argentina fue una idea… que he sabido que te sentó muy mal… He pensado unos pueblecitos”. Como puedes suponer, para ese momento mi determinación de salir de Almería ya estaba forjada y se lo dije.

7.- A finales de agosto fui recibido nuevamente y de manera cordial por el Sr. Coadjutor. Me ofreció atender dos Capellanías y ayudarle en algunas tareas personales de servicio a él, sin determinar en qué consistían. Le agradecí la muestra de buena voluntad, a pesar de percibir que quería ganarme para su causa teniéndome cerca. Le hice ver que mi postura era irreversible y que necesitaba el permiso para ir a Málaga.

8.- El día 6 de septiembre fui citado por el Vicario de Pastoral. Pero yo ya llevaba mi carta para solicitar el traslado a la Diócesis de Málaga, continuando como sacerdote de Almería. El Coadjutor me escribió una carta, con fecha del 9 de septiembre, en la que no respondía a mi petición, sino que era más bien “una reflexión espiritual”, dando por hecho que mi conducta no había sido honrosa.

9.- Ante dicha situación, tan compleja y difícil, tuve que solicitar mi excardinación de Almería, el día 13 de septiembre, adjuntando una carta de acogida por parte de D. Jesús Catalá, que estaba dispuesto a incardinarme en Málaga. Nunca pensé haber tenido que tomar esta decisión; pero me encontraba en una gran pesadilla y con una fuerte presión psicológica y espiritual.

10.- A día de hoy ni el Obispo-Coadjutor ni el Vicario general me han dado las razones de la remoción de todos mis cargos. Solamente me han llegado comentarios de terceros que se decía de mi persona que había traído dinero de la
mafia, que había hecho operaciones de blanqueo de dinero para abastecer las megalomanías del Obispo Diocesano, que había realizado gastos sin justificar y que es tal mi inmadurez personal que no tengo las habilidades necesarias para gestionar una parroquia y menos su economía. Todas esas acusaciones son falsas; y lo peor de todo es que el Coadjutor y su equipo de gobierno se las han tragado sin verificar nada.

11.- El Rvdo. Miguel-Ángel Gil Lopez, sacerdote de Murcia fallecido, me ayudó mucho en el campo de la catequesis y en mi vida espiritual. Ello hizo que conociese a D. Jesús Catalá, obispo de Málaga, que es experto en teología pastoral y catequética. Él me conoce bien desde hace tiempo y sabe lo que me ha ocurrido. Por eso he solicitado ir a Málaga. Además, la situación de mis padres, afectados por lo que me ha sucedido, no me permite ir a un país lejano.

12.- He servido siempre a mi Obispo, como lo prometí el día de mi ordenación sacerdotal (2010), y por ello sufro ahora esta condena. He permanecido en silencio. Salgo de mi tierra a la que amo; pero es el único modo de salvar el ministerio sacerdotal, que es el mayor regalo que he recibido del Señor.

13.- Me voy a Málaga agradeciendo al Señor que me haya abierto providencialmente un camino. Y espero algún día regresar a nuestra querida Diócesis, cuando haya pasado esta tormenta tan nefasta. Quiero a D. Adolfo porque ha sido mi Obispo desde los 15 años y he aprendido mucho de él y sacramentalmente estamos obligados a ser fieles hasta el final. Me voy sin desafección a ningún hermano y tampoco al nuevo equipo de gobierno. He
reiterado al Coadjutor mi deseo de unión, comunión y mi oración. Querido hermano, era de justicia darte esta explicación. Recibe el cordial abrazo de un hermano que te quiere y que cada día te tiene presente ante el Sagrario.
Un fortísimo abrazo. ¡Dios te bendiga!
Carlos María Fortes García

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5 comentarios en “La carta del cura de Almería que tuvo que incardinarse en la diócesis de Málaga
  1. Al menos ha podido incardinarse en otra diócesis, incluso con derecho de retorno. Normalmente la Misericorditis bergo liante que padecemos no acostumbra ser tan sutil, sino la patada en el culo a todo católico que se precie.

  2. Ya se ve que las diócesis andaluzas andan especialmente movidas. Volviendo a Don Demetrio y su resbalón, por calificarlo suavemente, imperdonable, tengo una pregunta ¿Por qué los sacerdotes que celebran la misa tradicional deben demostrar su fidelidad a la Iglesia concurriendo algunas veces al años a la misa renovada y, en cambio, los sacerdotes que sólo celebran la misa renovada no deben demostrar su fidelidad a la Iglesia de más veinte siglos, y que no se fundó en 1970, celebrando ocasionalmente el rito de S. Pío V?

    1. Este comentario debe de ser el único en el que estoy de acuerdo con usted desde que sigo a Infovaticana (hace dos o tres años). Me parece hasta juicioso el adverbio «ocasionalmente».

    2. Mal se puede facilitar una comunión eclesial cuando se tiene ya plena por ser fieles católicos de pleno derecho y provenientes en su gran mayoría del Novus Ordo. Es decir, nada de sentimientos de vinculación a un pasado desconocido sino plena elección de lo que consideran mejor para su salud espiritual. La presencia lefebvriana en España es tan testimonial y desconocida que es más fácil encontrar un ba´hai, al que buscan con lupa para su aquelarres ecuménicos, que a miembros de S. Pío X pero hay que arrear y poner la sombra de la sospecha y del cisma en fieles normales y corrientes que quieren dar culto a Dios como esos miles de mártires lo hicieron en tiempos muy cercanos y a los que estos fariseos les elevan ahora sepulcros, ceremonias y libros mientras ayudan a terminar la obra de descristianizar España de sus perseguidores y asesinos con su inanidad, cobardía y mutismo.

  3. Es evidente que hay palabras que utilizan los papas para enviar mensajes Juan Pablo I que para muchos era un revolucionario dijo «Dios los perdone por lo que habéis hecho» murió a los 33 días en el Vaticano y pretendía profundizar el camino del CVII, el que se hizo llamar papa Francisco I dijo las mismas palabras «Dios los perdone por lo que habéis hecho» y buscó respaldo y apoyo en Santa Marta. Los dos tomaron muy medidas similares. Es evidente que Bergoglio enviaba una información clave al obispado y a los sacerdotes en el sentido de que estaban no frente a un papa como había existido siempre sino frente a otro nuevo Luciani, un nuevo Juan Pablo I y que continuaría las políticas del grupo de Sant Galles y del NOM.

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