Ha dicho el Papa que el tiempo se acaba, y sus palabras parecen proféticas en un sentido distinto del pretendido: se acaba la práctica del culto católico. Solo en este periodo de pandemia oficial, una vez levantadas las restricciones, la asistencia a Misa se ha reducido un 14% según un estudio realizado por el portal The Pillar.
El desalentador dato es parte de un estudio más amplio sobre Prácticas y Actitudes Religiosas, que también registra una casi proporcional reducción de las contribuciones económicas durante las celebraciones, en este caso del 12% durante el primer año de la pandemia, 2020.
El informe revela que el precepto dominical lo cumple de forma habitual solo un 41% de los que se confiesan católicos, la misma proporción que dice asistir a Misa de forma más esporádica. El 17% confesaba no ir nunca a Misa ya antes de la pandemia.
La pandemia cambió esos números, ya malos, a peor. Solo ligeramente más de un tercio, un 36%, de los católicos reconocen ir a misa semanalmente, suponemos que el domingo, incuyendo Misas online. También ha descendido el número de quienes asistían esporádicamente, mientras que quienes no van nunca han aumentado un 29%.