“Testigos del Reino”, nueva serie de catequesis del obispo Ramón Castro sobre el martirio cristiano y la perseverancia

El presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y obispo de Cuernavaca inaugura una serie de catequesis que recupera la memoria de los mártires y actualiza el llamado a ser testigos de Cristo resucitado en tiempos de fidelidades frágiles.

“Testigos del Reino”, nueva serie de catequesis del obispo Ramón Castro sobre el martirio cristiano y la perseverancia

El obispo de Cuernavaca y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Ramón Castro Castro, ha puesto en marcha una nueva temporada de catequesis titulada “Testigos del Reino”. La serie, difundida a través de sus canales oficiales y de la propia CEM, se inserta en el contexto del centenario de la institución de la fiesta de Cristo Rey por el papa Pío XI y busca ofrecer a los fieles una reflexión profunda sobre el sentido cristiano del martirio y la perseverancia en la fe.

La iniciativa no es un simple ejercicio de memoria histórica. Como el propio prelado ha subrayado desde la primera entrega, la Iglesia “no celebra a sus mártires para alimentar nostalgias ni para enarbolar banderas”, sino porque en ellos contempla “hecha vida en carne mexicana, la única verdad que sostiene nuestra fe: que la muerte no tiene la última palabra y que la vida en Cristo es más fuerte que cualquier amenaza”.

La primera catequesis parte de un hecho histórico decisivo. Hace exactamente un siglo, el 11 de diciembre de 1925, Pío XI publicó la encíclica Quas Primas, con la que instituyó la solemnidad de Cristo Rey. Solo siete meses después estallaría en México una de las persecuciones religiosas más violentas del siglo XX. En esa tierra “empapada desde hacía cuatro siglos por la presencia de Santa María de Guadalupe”, el grito “¡Que viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!” se convirtió en el lema de resistencia de un pueblo que no aceptó la imposición de un Estado que pretendía borrar la fe pública.

Desde ese marco,  Castro se detiene en la etimología y el sentido teológico de la palabra “mártir”. “La palabra mártir no significa lo que muchos creen. No significa héroe, no significa soldado, no significa fanático. Significa simplemente testigo”. En el griego del Nuevo Testamento, mártir designa a quien ha visto algo y, por tanto, puede dar testimonio en un juicio. El cristiano es, por definición, testigo de Cristo resucitado. Las últimas palabras de Jesús antes de la Ascensión, recogidas por Lucas, lo dejan claro: “Recibirán la fuerza del Espíritu Santo… y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines de la tierra” (Hch 1,8). “Serán mis mártires”, podría traducirse: “serán los que vieron y por eso no podrán callar”.

El primer mártir cristiano, el diácono Esteban, apedreado hacia el año 35, resume en sus últimas palabras los tres rasgos que marcarán toda la tradición martirial: confianza en el Señor (“Señor Jesús, recibe mi espíritu”), perdón a los verdugos (“Señor, no les tomes en cuenta este pecado”) y muerte serena (“dicho esto, se durmió en el Señor”). Desde entonces, cada generación de cristianos ha conocido este mismo patrón. Tertuliano, hacia el año 197, lo sintetizó en la frase que ha recorrido dos milenios: “Semen est sanguis christianorum” —la sangre de los cristianos es semilla.

La segunda catequesis desarrolla la paradoja fundante de la historia de la Iglesia: “donde caía un mártir, brotaban muchos cristianos”. La Iglesia crece precisamente allí donde sus testigos son “cosechados”. Y no los olvida. Desde el siglo II, los nombres de los mártires se consignaron en los martirologios. San Ignacio de Antioquía, camino del martirio hacia el año 110, escribía a los cristianos de Roma: “Soy trigo de Dios; déjenme que sea molido por los dientes de las fieras para ser pan puro de Cristo”.

El primer calendario universal se atribuye a san Jerónimo; el Martirologio Romano más conocido lo redactó el cardenal Cesare Baronio en 1584 y la última edición importante la promulgó san Juan Pablo II en 2004. “Detrás de cada nombre del martirologio hay una vida concreta, recuerda el obispo. Un nombre escrito ahí es un nombre que la Iglesia no olvidará jamás”. Por eso, en cada altar de cada parroquia católica del mundo se conservan reliquias de mártires: la Misa se celebra sobre ellos. “La Iglesia entera está cimentada sobre sus testigos”.

Santo Tomás de Aquino, en el siglo XIII, ofreció la definición clásica: el martirio es actus maximi perfectionis caritatis, el acto más perfecto de la caridad, porque en él el cristiano ofrece a Dios el bien más grande que posee: la propia vida. Y lo ofrece perdonando al verdugo. Aquí, Castro introduce una distinción que considera esencial: “El mártir cristiano se distingue absolutamente del terrorista, del fanático, del kamikaze. El mártir cristiano da su vida, no toma la del otro; perdona, no odia; muere para que otros vivan. El terrorista quiere la destrucción del adversario. La distinción es absoluta”. Como lo expresó el papa Benedicto XVI, “el mártir no es un fanático, sino un hombre transformado por el amor de Dios”.

La tercera catequesis desciende de la doctrina a la carne concreta de un santo mexicano. San Sabás Reyes Salazar (1883-1927), vicario de Tototlán, Jalisco, es presentado como “mártir de la perseverancia”. Nacido en Cocula, Jalisco, cultivó una honda devoción a la Santísima Trinidad. Cuando la persecución llegó a su pueblo, pudo haber huido, pero no quiso “dejar a su pueblo sin sacramentos”. Fue atado a una columna durante tres días sin agua ni alimento; le quemaron las palmas de las manos, las mismas que habían sido ungidas para consagrar, y finalmente fue fusilado el 12 de abril de 1927. No dijo lo que le exigían. Perseveró hasta el último aliento.

Castro insiste en que la fortaleza de Sabás “no fue dureza de carácter, sino gracia”. La perseverancia final, llegar fiel hasta el último instante, “no es un logro de la voluntad, es un don que Dios concede a quien se abandona en sus manos”. En él se cumple la promesa de Jesús: “A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré delante de mi Padre”. La Iglesia, al declararlo santo, solo reconoció a quien Cristo ya había reconocido.

El prelado actualiza el testimonio de este sacerdote jalisciense con una referencia directa al magisterio reciente: “El papa León XIV, en Magnifica Humanitas, nos pide permanecer fieles a la verdad de modo perseverante en una época de fidelidades frágiles y compromisos a plazo, donde todo parece provisorio e irrevocable”. San Sabás, afirma, “nos grita que el amor verdadero no es un impulso que dura mientras dura el entusiasmo; es una decisión que se sostiene cuando cuesta”. La pregunta decisiva no es si se empieza bien, sino si se permanece: “en la oración cuando se enfría, en el matrimonio cuando pesa, en la palabra dada cuando nadie nos mira. Porque la corona no se promete al que arranca con fuerza, sino al que persevera hasta el final”.

La serie “Testigos del Reino” no se agota en la conmemoración de un pasado glorioso. Es “un acto de memoria agradecida y al mismo tiempo una propuesta para el discípulo de hoy”. En un contexto eclesial y social marcado por la fragilidad de los compromisos, la tentación del silenciamiento y la erosión de las convicciones, el obispo de Cuernavaca propone recuperar la figura del mártir no como un héroe lejano, sino como el testigo ordinario que, por haber encontrado a Cristo, no puede callar.

Las tres primeras entregas, disponibles en los canales de YouTube y redes sociales de la CEM, dibujan un itinerario claro: del significado originario del martirio como testimonio, a la memoria eclesial que lo custodia, y finalmente a la encarnación concreta de esa fidelidad en un sacerdote mexicano del siglo XX. El horizonte es el mismo que el de la oración sacerdotal de Jesús: “Ruego por ellos… para que sean uno como nosotros somos uno” (Jn 17).

Al concluir la tercera catequesis, Ramón Castro Castro invoca la intercesión de san Sabás Reyes Salazar y cierra con el grito que unió a los mártires mexicanos hace casi un siglo y que sigue resonando en la conciencia de la Iglesia en México: “¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!”.

Las catequesis pueden consultarse en los siguientes enlaces:

Primera entrega: https://www.youtube.com/watch?v=DL3nwG8FKd4

Segunda entrega: https://www.youtube.com/watch?v=No6Yeida5Lg

Tercera entrega: https://www.youtube.com/watch?v=nxwKkQF6JaM

 

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