Otro sacerdote asesinado

Otro sacerdote asesinado

El Semanario de Guadalajara.- Las causas de la violencia contra miembros de la Iglesia en México han mutado en los últimos años. Oficialmente, no existe una persecución contra la Iglesia, pero sí un claro hostigamiento. Sin embargo, al decir que las causas de la violencia han mutado, es porque existen muchos contrastes preocupantes.

La Iglesia católica en México siempre se ha interesado por la construcción de la paz. Notables ejemplos al respecto son los esfuerzos encabezados por el recién fallecido Arzobispo de Morelia, Carlos Garfias Merlos, y otros Obispos mexicanos, particularmente en los Estados de Michoacán, Jalisco, Guerrero y Morelos, para realizar esfuerzos de paz y promover treguas a fin de acabar con la violencia.

El crimen organizado en el país, que se ha infiltrado en instancias gubernamentales y militares, ejecuta una fuerte estrategia de violencia contra Sacerdotes católicos porque son “estabilizadores sociales”. Las amenazas son parte de la imposición de la narcocultura, la narcoeconomía y la narcopolítica en comunidades vulnerables, en donde también están siendo agredidos laicos de a pie, particularmente aquellos involucrados en el activismo o en labores pastorales parroquiales con influencia social.

Las consecuencias de los actos asesinos contra ministros de culto en comunidades mexicanas se traducen en una cultura del silencio y del terror, utilizados como ingredientes para la impunidad criminal; en la imposición de normas en amplios territorios, es decir, en el control de la economía local y el reclutamiento forzado y, finalmente, en estructuras de orden y poder que se configuran en verdaderos “narcogobiernos”.

El Centro Católico Multimedial ha documentado más del 80 % de impunidad en estos crímenes, lo que deja en claro la profunda ineficacia de los sistemas de seguridad federales, estatales y municipales, así como la tendencia inicial de las autoridades a minimizar el problema, atribuyendo los asesinatos a la “violencia generalizada” o a supuestos defectos personales de las víctimas. Otro problema es la polarización provocada desde la clase política. Se han identificado incidentes específicos de ataques mediáticos por parte de políticos o funcionarios públicos contra el clero católico en México.

Estos se centran en acusaciones de intromisión en la política o en la exposición de hechos incómodos para la clase política, como las críticas a la violencia, la inseguridad y las políticas de pacificación. Por otro lado, las extorsiones y los fraudes contra ministros católicos en el país van en aumento en los últimos siete años. Desafortunadamente, el número de extorsiones es superior al de las denuncias presentadas.

No se conoce la cifra relativa a las pérdidas económicas, ni qué grupos están dedicados a la extorsión y si se trata exclusivamente de bandas del crimen organizado. Tampoco se conoce una cifra exacta de las parroquias, en el país, que hayan denunciado el pago de derecho de piso. En lo que va del actual sexenio se han registrado cerca de 30 casos violentos contra de miembros de la Iglesia católica en diferentes lugares de esta nación, y hasta el momento un número indeterminado de ataques, robos y profanaciones a templos católicos en México. Seguiremos haciendo visible este lamentable fenómeno, donde no hablamos de frías cifras, sino de vidas y sueños de hombres y mujeres que no debieron morir.

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