La mañana de este este lunes 21 de septiembre de 2026, la Conferencia del Episcopado Mexicano publicó dos nombramientos que van reordenando el mapa episcopal del centro de México. León XIV aceptó la renuncia de Víctor Sánchez Espinosa al gobierno pastoral de la arquidiócesis de Puebla de los Ángeles y designó como sucesor a Jorge Carlos Patrón Wong, hasta ahora arzobispo de Xalapa, quien será el IX arzobispo de esa sede. Igualmente, se aceptó la renuncia de Fidencio López Plaza al frente de la diócesis de Querétaro y nombró como su XI obispo a Víctor Alejandro Aguilar Ledesma, hasta ahora obispo de Celaya.
Ambas renuncias cierran importantes tramos episcopales. Sánchez Espinosa nació el 21 de mayo de 1950 y López Plaza el 28 de abril de 1950, los dos habían cumplido ya los 75 años, edad en la que los obispos diocesanos deben presentar su dimisión al papa. El primero gobernó Puebla desde su nombramiento del 5 de febrero de 2009, cerca de diecisiete años. El segundo estaba en Querétaro desde 2020. Según informó la propia arquidiócesis de Puebla, Sánchez Espinosa permanecerá como administrador apostólico hasta la toma de posesión de Patrón Wong, anunciada para el jueves 19 de noviembre de 2026.
El nuevo arzobispo de Puebla, Jorge Carlos Patrón Wong, nació el 3 de enero de 1958 en Mérida, Yucatán. Fue ordenado sacerdote el 12 de enero de 1988 por Manuel Castro Ruiz para el clero yucateco. Cursó Filosofía y Teología en el Seminario Conciliar de Yucatán y, entre 1988 y 1993, obtuvo la licenciatura en Teología Espiritual y Psicología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. En 2022 la Universidad Marista de Mérida le concedió un doctorado honoris causa. Tras un breve servicio como vicario en Ticul y Tizimín, se consolidó como formador, entre 1994 y 2000 fue prefecto del seminario menor y de la etapa teológica, coordinador de la formación humana y profesor de Psicología, Antropología filosófica y Dirección espiritual. Fue capellán de religiosas, asesor del grupo universitario Omega y de la Escuela de Padres, catedrático y capellán en instituciones maristas, vocero de la arquidiócesis de Yucatán y coordinador de su comisión de medios. De 2000 a 2009 fue rector del Seminario Mayor Conciliar de Yucatán. En esos años presidió la Organización de Seminarios Mexicanos (2003-2008) y la Organización de Seminarios Latinoamericanos (2004-2009). Esa vocación formativa anticipa el cargo que más tarde lo llevaría a Roma.
Benedicto XVI lo nombró obispo coadjutor de Papantla el 15 de octubre de 2009; recibió la ordenación episcopal el 15 de diciembre de ese año y el 2 de mayo de 2012 quedó como ordinario de la diócesis. En el CELAM integró el Departamento de Vocaciones y Ministerios y en la CEM presidió la Comisión Episcopal para Vocaciones y Ministerios en el trienio 2012-2015. El giro decisivo llegó el 21 de septiembre de 2013, cuando el papa Francisco lo elevó a la dignidad de arzobispo y lo nombró secretario para los Seminarios de la Congregación para el Clero, responsabilidad que ejerció hasta febrero de 2022. Durante casi nueve años fue uno de los mexicanos con mayor incidencia en la formación presbiteral a escala universal. En paralelo, Francisco lo hizo miembro de la Congregación para la Educación Católica, consultor de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y consejero de la Pontificia Comisión para América Latina. En 2020 el Gobierno de México le otorgó el reconocimiento Ohtli por su trabajo con connacionales en el extranjero.
El 8 de diciembre de 2021 Francisco lo nombró V arzobispo de Xalapa. Tomó posesión el 8 de febrero de 2022, del dicasterio romano pasó, de un salto, a la sede metropolitana veracruzana. En Xalapa no cortó el vínculo con Roma ni con América Latina. En 2022 fue nombrado miembro del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos; en 2023, coordinador del CEBITEPAL del CELAM y asesor episcopal del Apostolado Serra en México y Centroamérica. En el trienio 2024-2027 volvió a presidir la Comisión de Vocaciones y Ministerios de la CEM. Ya con León XIV fue consultor del Dicasterio para la Evangelización, en junio de 2025, y otra vez consejero de la Pontificia Comisión para América Latina, en enero de 2026. El mismo pontífice lo envía ahora a Puebla. El itinerario es destacado, formador en Yucatán, obispo en Papantla, secretario vaticano de seminarios con Francisco, arzobispo de Xalapa y, cuatro años y medio después, titular de una de las mitras más antiguas del país, de mayor influencia pastoral, espiritual y de relevancia con los poderes públicos, en una de las zonas del país de más arraigo e historia de la Iglesia en México.
El 24 de enero de 1519, en esas casualidades de la historia, León X erigió con la bula Sacri apostolatus ministerio, el germen de la diócesis de Puebla, la diócesis Carolensis, pensada primero para Yucatán y reconocida como la primera circunscripción episcopal establecida para el territorio que sería la Nueva España. El dominico Julián Garcés fue su primer obispo. La sede se fijó en Tlaxcala y, entre finales de la década de 1530 y la cédula real de 1543, se trasladó a la ciudad de Puebla de los Ángeles, mejor dotada de templo y de posición. Durante siglos conservó el título de Tlaxcala. El 9 de agosto de 1903, Pío X la elevó a arquidiócesis metropolitana. En su episcopologio figuran el beato Juan de Palafox y Mendoza, Manuel Fernández de Santa Cruz y, ya en el siglo XX, Ramón Ibarra y González, gestor de la elevación; Octaviano Márquez y Toriz y Rosendo Huesca Pacheco, cuyo gobierno superó los 31 años. El 28 de enero de 1979, Juan Pablo II inauguró en el Seminario Palafoxiano la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano que dejó el nombre de Puebla unido de manera permanente a la historia de la Iglesia en el continente.
Hoy la Provincia Angelopolitana tiene como sufragáneas a Huajuapan de León, Tehuacán y Tlaxcala. El territorio propio cubre cerca de 21 mil kilómetros cuadrados. El Anuario Pontificio, con datos de finales de 2021, registra 5 millones 660 mil católicos bautizados sobre una población de 7.18 millones, es decir, cerca del 79 por ciento. La arquidiócesis se organiza en seis zonas pastorales y 31 decanatos, con más de 300 parroquias , 316 según esa misma estadística pontificia, y un paisaje de templos, santuarios y ermitas que rebasa los dos mil quinientos recintos. Es una Iglesia local antigua, densa y compleja, barroca en su patrimonio, contemporánea en su demografía. A ella llega un arzobispo cuya marca no es la de un pastor de una sola diócesis larga, sino la de un formador de seminaristas que conoció la Curia por dentro y gobernó después una metropolitana, con relativa distancia del poder público, ya que Patrón también ha sido crítico, de una forma moderada, de los poderes en turno.
El segundo movimiento tiene otra escala y otra geografía. El nuevo obispo de Querétaro, Víctor Alejandro Aguilar Ledesma nació el 5 de abril de 1965 en San Guillermo, municipio de Valle de Santiago, Guanajuato. Ingresó al Seminario Menor de Morelia en 1977, cursó Filosofía y Teología en el Mayor entre 1982 y 1989 y fue ordenado el 10 de diciembre de 1989 en la catedral de Morelia por Estanislao Alcaraz Figueroa. Entre 1997 y 1999 obtuvo en Roma la licenciatura en Teología del Matrimonio y la Familia en el Instituto Juan Pablo II de la Pontificia Universidad Lateranense. Ese sello familiar recorre su ministerio, vicario en Salamanca y Pátzcuaro, administrador parroquial en El Caracol, responsable del secretariado diocesano de evangelización y catequesis, rector de templos, profesor en el seminario, responsable de la Pastoral Familiar de la Arquidiócesis de Morelia entre 2003 y 2010, párroco del Señor de la Clemencia en Moroleón y vicario episcopal de zona.
Francisco lo nombró obispo auxiliar de Morelia el 1 de diciembre de 2015, con sede titular de Cástulo; recibió la ordenación el 25 de febrero de 2016. El 12 de junio de 2021 lo envió a Celaya, de la que tomó posesión el 12 de julio como su V obispo. En la CEM fue responsable de la Dimensión Episcopal para los Laicos en los trienios 2018-2021 y 2021-2024 y, para 2024-2027, preside la Comisión Episcopal para la Familia, la Juventud, la Adolescencia, los Laicos y la Vida. El traslado a Querétaro no lo saca del Bajío, nace en Guanajuato, se forma en Morelia, pastorea Celaya y asume ahora una diócesis que comprende todo el estado de Querétaro y siete municipios guanajuatenses ,Atarjea, Doctor Mora, San José Iturbide, Santa Catarina, Tierra Blanca, Victoria y Xichú. Es un obispo de la región que permanece en la región, en una sede de fuerte crecimiento urbano, corredor industrial y religiosidad popular densa.
Querétaro no tiene la antigüedad de Puebla, pero su historia es profundamente religiosa y ligada a la historia de México. Pío IX la erigió el 26 de enero de 1863 con la bula Deo optimo maximo, desmembrándola sobre todo de la arquidiócesis de México, en el mismo movimiento que creó otras diócesis y elevó a Morelia y Guadalajara. La bula se ejecutó el 7 de febrero de 1864. El primer obispo, Bernardo Gárate López de Arizmendi, llegó el 29 de enero de 1865, erigió cabildo y seminario y murió al año siguiente. La diócesis nació entre la Reforma, la Intervención francesa y el Sitio de Querétaro. Su catedral pasó de la parroquia de Santiago al templo de San Francisco y, desde 1921, a San Felipe Neri. En la lista de prelados, diez hasta López Plaza, pesan los años de persecución y de la Cristiada, el episcopado de Francisco Banegas Galván y la reconstrucción del siglo XX. Desde el 25 de noviembre de 2006 es sufragánea de la arquidiócesis de León, en la provincia eclesiástica del Bajío.
Las cifras más recientes del Anuario Pontificio sitúan a la diócesis en torno a 2.66 millones de católicos sobre una población cercana a los 2.97 millones, con unas 120 parroquias, más de 360 sacerdotes y 15 mil 326 kilómetros cuadrados. Voceros locales han hablado de contrastes extremos: parroquias urbanas de decenas de miles de habitantes y comunidades serranas de pocos miles. Esa pujanza demográfica y económica, y no solo el número de templos, explica el peso pastoral de la sede que Aguilar Ledesma recibe.
Leídos juntos, los nuevos nombramientos tocan dos de las entidades eclesiásticas de mayor relevancia con una proyección que venció varios pronósticos. Puebla, iglesia de medio milenio y de más de cinco millones y medio de bautizados, queda en manos de un arzobispo que formó sacerdotes desde Yucatán, Papantla y el Vaticano. Querétaro, diócesis de 1863 y motor del Bajío, queda en manos de un obispo guanajuatense especialista en familia y laicado que no abandona la región. Una sede que data de los inicios de la evangelización de México y otra decimonónica reciben el mismo día pastores distintos, pero ambos con oficio institucional y con el encargo concreto de traducir esa historia en comunidades vivas con la influencia que dieron sus antecesores.