Del 7 al 14 de octubre de 2026 el Aula Pablo VI acoge el encuentro “A diez años de Amoris Laetitia: anunciar el Evangelio con las familias hoy”, convocado por León XIV con los jefes de las Iglesias católicas orientales y los presidentes de las conferencias episcopales. No es una asamblea del Sínodo de los Obispos ni la continuación formal de aquellas de 2014 y 2015 que precedieron a la exhortación de Francisco. Es, en palabras del propio Pontífice, un discernimiento sinodal, en clima de escucha recíproca, sobre los pasos que hay que dar para anunciar el Evangelio a las familias de hoy, a la luz de aquel documento y de lo que ya se hace en las Iglesias locales.
México llega con dos voces de peso. Ramón Castro Castro, obispo de Cuernavaca y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, asiste por razón de su cargo. Jaime Calderón Calderón, arzobispo de León, viaja por indicación de Roma e invitación de un selecto grupo papal; Calderón lo explicó también en redes sociales, en las conferencias de estas dimensiones, además del presidente, se pidió un acompañante y juntos llevan el estudio que, bajo la coordinación de Castro Castro, elaboró la dimensión de familia de la Conferencia a partir de los cuestionarios enviados por la Santa Sede.
El anuncio original es del 19 de marzo de 2026, fiesta de san José y décimo aniversario de la exhortación postsinodal firmada por Francisco en 2016. El 6 de julio se publicó el itinerario temático, preparado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida y la Secretaría General del Sínodo. El 2 de octubre, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Gabriella Gambino, subsecretaria de ese dicasterio, formuló la pregunta de fondo, ¿cómo renovar con vigor la pastoral y hacer que las familias participen cada vez más en la vida y en la misión de la Iglesia? Diez años, dijo, son tiempo suficiente para detenerse y escuchar a los obispos sobre el camino que las Iglesias locales recorren con las familias, en sociedades donde transmitir la fe se ha vuelto más difícil y donde los jóvenes necesitan redescubrir la belleza de la vocación matrimonial.
La cifra oficial de la conferencia de prensa es de 187 participantes a puerta cerrada. De ellos, 115 proceden de las conferencias episcopales,111 presidentes y cuatro delegados; 15, de las Iglesias orientales católicas sui iuris; dos representan a obispos sin conferencia; 22 son invitados personales del Papa; 11 responden de la organización. Se suman matrimonios de los cinco continentes, once parejas, según el recuento del Dicasterio llamados a dar testimonio, no a figurar. Entre los invitados de León XIV aparecen nombres que marcaron el debate familiar del pontificado anterior: los cardenales Blase Cupich, Robert McElroy, Joseph Tobin, Jean-Claude Hollerich, José Cobo, Víctor Manuel Fernández, Luis Antonio Tagle y Pablo Virgilio David. En esa designación pontificia figura también Jaime Calderón Calderón.
El método no busca un documento que sustituya a Amoris laetitia. El jesuita Giacomo Costa, responsable de la metodología, lo precisó: no se trata de borrar diferencias para fabricar un consenso. Una divergencia mejor comprendida puede ser fruto de la escucha. Cada jornada temática abre con oración, un testimonio de familia, una intervención episcopal y una de experto; sigue el trabajo en grupos y, por la tarde, una plenaria. Al final, una comisión redactará un informe de síntesis, la asamblea lo discutirá y el texto quedará en manos del Papa. El miércoles 14, León XIV preside la misa de las 10:00 en la plaza de San Pedro y, por la tarde, cierra con un discurso tras la presentación del informe.
Cinco núcleos ordenan la semana, los mismos que Calderón resumió como “cinco grandes temas, siempre de la familia, sólo matizados”.
El jueves 8: “Las familias hoy: realidad, belleza y desafíos”. Introducen el cardenal Filipe Neri Ferrão, arzobispo de Goa y presidente de la Federación de Conferencias Episcopales de Asia, y el profesor Vincenzo Rosito, del Instituto Juan Pablo II. La pregunta es cómo leer los signos de los tiempos desde la experiencia concreta, sin idealizar ni resignarse.
El viernes 9: “Los jóvenes y el descubrimiento de la vocación matrimonial”. Hablan monseñor Timothy Costelloe, salesiano, arzobispo de Perth, y monseñor Stephen Fernandes, auxiliar de Bombay. Aquí se cruza el itinerario de Calderón con el tema: en 2018, siendo obispo de Tapachula, fue padre sinodal de la XV Asamblea Ordinaria sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional.
El sábado 10: “La vida matrimonial. Los primeros años de matrimonio: un tiempo decisivo”. Intervienen el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, y la teóloga argentina María Marcela Mazzini.
El lunes 12: “En las dificultades de la vida: acompañar y sostener”. El cardenal Pablo Virgilio David, obispo de Kalookan, y la ética social Julie Hanlon Rubio abren la jornada más cercana al capítulo octavo de la exhortación de 2016: abandono, separación, divorcio, fragilidad, y la pregunta de cómo construir comunidades donde esas personas se sientan escuchadas y corresponsables.
El martes 13: “Las familias cristianas, sujetos de la misión de la Iglesia”. Cierran el cardenal Protase Rugambwa, arzobispo de Tabora, y Véronique Martin Lonchamp, delegada nacional de pastoral familiar en Francia.
La sesión inaugural, el miércoles 7 tiene saludos del cardenal Kevin Farrell, prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, y del cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo; el discurso de apertura de León XIV, y una meditación de sor Helen Alford, dominica, presidenta de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales.
Calderón ha descrito el encargo con una precisión que conviene retener. El Papa Francisco entregó Amoris laetitia para que se estudiara el misterio de la familia, esa Iglesia doméstica. León XIV quiso que quienes están al frente de las Iglesias reflexionaran con él. México no lleva sólo un diagnóstico. Lleva, según el arzobispo de León, la conciencia de que las familias no pueden verse simplemente como un ideal, hay que comprenderlas en las situaciones en que se encuentran y, desde ahí, acompañarlas. Y que sean las propias familias las que, poco a poco, acompañen a las nuevas generaciones. Espera volver con “buenas prácticas”, aprender unos de otros cómo se corresponde, en distintos rincones, a esa pastoral “tan bella pero también tan desafiada”.
En noviembre de 2018, Calderón, recién llegado de la asamblea sobre los jóvenes y ya obispo de Tapachula, describió el método de Francisco como un caminar de escucha, atento al fondo de los problemas y habló de la necesidad de reaprender a escuchar. De aquella asamblea salió nombrado miembro del Consejo Ordinario del Sínodo de los Obispos para el trienio siguiente. En octubre de 2023 y de nuevo en 2024 volvió a Roma como padre sinodal de la asamblea sobre la sinodalidad, entonces todavía al frente de Tapachula y, en la segunda sesión, ya como arzobispo de León, nombrado por Francisco el 4 de julio de 2024.
Para la Iglesia que peregrina en México, el dato relevante es concreto. Dos obispos con trayectorias distintas, el presidente de la Conferencia y un arzobispo que ya sentó en tres asambleas sinodales de Francisco y en su Consejo, llevan al Santo Padre el acento de dejar de mirar a la familia sólo como ideal y empezar por la situación en que se encuentra, especialmente ante la defensa de la vida, la dignidad de la persona y los embates contra la maternidad. Calderón prometió, a la vuelta, compartir los frutos. Lo que sí puede salir de esas mesas es una lectura más precisa de cómo, diez años después, la Iglesia anuncia el Evangelio con las familias y no sólo a ellas, especialmente cuando en México las realidades plantean múltiples desafíos, la familia ya no se concibe de forma tradicional y cada vez avanza el envejecimiento de la población que ha aplazado la tarea de la paternidad y maternidad a fases más tardías de la vida después de la consolidación de proyectos personales.