El más reciente informe del Observatorio de Ciudadanía Católica y Análisis Social desnuda una realidad que el discurso oficial se empeña en ocultar: México atraviesa una crisis humanitaria profunda, marcada por la violencia criminal, la desaparición forzada de personas y el desplazamiento interno de miles de familias. Lejos de enfrentar estas tragedias con políticas eficaces, el gobierno de la Cuarta Transformación las agrava mediante su enferma autorreferencialidad: una obsesión por construir y defender su propia narrativa de éxito que termina revictimizando a quienes ya han sufrido lo indecible.
Publicado en días recientes, el documento recopila datos alarmantes sobre la magnitud de la emergencia. Cifras oficiales y conteos independientes coinciden en señalar más de 128 mil personas desaparecidas y decenas de miles de cuerpos sin identificar bajo custodia del Estado. A esto se suman miles de desplazados internos que huyen de sus comunidades ante la imposibilidad de vivir bajo el yugo del crimen organizado. El informe advierte que estas víctimas no solo padecen la violencia inicial, sino una segunda victimización institucional: la indiferencia, la minimización y el abandono que derivan de un poder más preocupado por autocelebrarse que por proteger a su pueblo.
Uno de los casos más lacerantes ocurre en la sierra de Guerrero. Entre el 9 y el 10 de mayo de este año, comunidades indígenas de los municipios de Chilapa, como Tula, Xicotlán y Acahuetlán, sufrieron ataques armados sistemáticos por parte de grupos de la delincuencia organizada. Los agresores emplearon armas de fuego de alto calibre y explosivos lanzados desde drones. Más de 800 familias —casi tres mil personas— se vieron obligadas a abandonar sus hogares en cuestión de horas. Muchas buscaron refugio en iglesias o comisariados improvisados, donde relatan escenas de pánico: casas incendiadas, ganado robado y amenazas de muerte.
Los testimonios recogidos son desgarradores. Mujeres indígenas cargando a sus hijos en brazos, ancianos que dejaron atrás décadas de trabajo en la tierra, niños que vieron cómo sus escuelas y centros de salud quedaban vacíos. Las autoridades estatales reconocieron inicialmente solo 70 familias desplazadas, una cifra que contrasta dramáticamente con los reportes de las propias comunidades. Esta subestimación no es un error administrativo: forma parte de la lógica autorreferencial del régimen. En lugar de asumir la dimensión real de la tragedia y desplegar recursos inmediatos, el gobierno federal prioriza discursos que exaltan supuestos logros en seguridad y “abrazos, no balazos”. La sierra de Guerrero se convierte así en un espejo incómodo que el poder prefiere no mirar.
El Observatorio de Ciudadanía Católica y Análisis Social argumenta con datos y testimonios que esta autorreferencialidad enferma opera en varios niveles. Primero, mediante la manipulación o minimización de las estadísticas: desaparecidos se convierten en “no localizados” y desplazados en “movimientos voluntarios”. Segundo, a través de la centralización de la narrativa: cada acto de violencia se atribuye exclusivamente al crimen organizado, eludiendo cualquier responsabilidad por omisiones estructurales. Tercero, con la revictimización burocrática: familias que denuncian enfrentan trámites interminables, falta de atención psicológica y ausencia de respuestas concretas. Mientras tanto, el discurso oficial gira en torno a la defensa del proyecto transformador, como si reconocer la crisis equivaliera a admitir un fracaso ideológico.
Esta dinámica no solo perpetúa el dolor de las víctimas, sino que erosiona la confianza en las instituciones. En la sierra de Guerrero, los desplazados no piden discursos; exigen seguridad inmediata, atención humanitaria digna y un Estado que deje de mirarse el ombligo. El informe del Observatorio de Ciudadanía Católica y Análisis Social es un llamado urgente: mientras la Cuarta Transformación se regodee en su autorreferencialidad, la crisis humanitaria no solo persistirá, sino que se profundizará. México no puede permitirse un gobierno que, ante la sangre y el destierro, elija primero cuidarse a sí mismo.
El reporte completo puede leerse aquí:
Ciudadania Catolica y Analisis Social 55