El Semanario de Guadalajara / Arquidiócesis de Guadalajara.- La Copa Mundial de Futbol 2026 en México confirma una vieja tesis: los gobiernos usan el deporte como el pan y circo moderno. Los romanos y los griegos encontraron en esta fórmula la manera de despresurizar a la sociedad, especialmente cuando se encontraba en situaciones de crisis, cuando había inconformidad del pueblo, hartos por vivir cotidianamente desagusto por las desigualdades y por las injusticias de los que ostentaban el poder, reclamos por abusos que reflejaban estratos contrastantes entre los habitantes, etc., que hoy se manifiestan en situaciones concretas, diferentes, pero también que causan mucho malestar entre la población, como la inseguridad, la delincuencia, las desapariciones, el agua sucia, contaminada y escasa, etc., realidades que también necesitan desahogarse, y la mejor manera es “pan y circo”.
Las autoridades convirtieron el torneo en una coreografía de frivolidad donde la gestión pública se subordinó al espectáculo. Estando presente el show, lo demás se desvanece (por lo menos así lo piensan; como si la realidad fuera un acto de magia). El sedante futbolero y evasivo terminó. ¿Qué viene? Ni autoridades ni ciudadanos podemos vivir ya del equipo nacional de fútbol. ¿Ahora qué va a pasar? Los delincuentes medio se pusieron en paz, pero, ¿qué sigue con ellos? ¿Los jefes de los municipios de México ya se pusieron de acuerdo?, porque se viene un nuevo proceso electoral, con todo lo que esto provoca.
Mientras colonias padecen cortes de agua y hospitales saturados (dígase todo lo que pertenece al IMSS), se destinaron 2 mil 500 millones de pesos solo a remodelar el Estadio Azteca y se levantaron Fan Fests con pantallas y conciertos gratuitos. Es la “sociedad del espectáculo”. El Mundial ya no se organiza, se escenifica. Esa puesta en escena es populista por diseño. Programas sociales rebautizados como “Goles para el Bienestar”. La realidad de la pobreza se sustituye por el mapa del jolgorio oficial. Lo que decía el semiólogo italiano Umberto Eco sobre los mundiales, “suspenden la inteligencia colectiva” durante 30 días.
La manipulación de masas operó aquí con manual, y muchos medios de comunicación contribuyeron a ello: “El propósito de los medios masivos no fue informar, sino amasar consentimiento” (Noam Chomsky). El fútbol funciona verdaderamente como “opio del pueblo” actualizado. Eduardo Galeano lo escribió en “El fútbol a sol y sombra”: “En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol”. El poder lo sabe y lo explota: tribaliza la identidad para desactivar la crítica.
La frivolidad más grave es presupuestaria y simbólica. Se contrataron influencers para “activaciones” por 80 mdp, se iluminaron palacios de gobierno con los colores de la selección y se declaró “asueto” por partido de México. Se organizaron eventos que no resuelven problemas, pero producen lealtad. El Mundial se vuelve coartada. El resultado es un Estado animador, no administrador. Cuando el último turista se vaya, quedarán la deuda (como Argentina 78, o la deuda con los patrocinadores), las vallas y la resaca. El gol ya cumplió su función. “El deporte tiene el poder de cambiar el mundo”, dijo Mandela. El poder mexicano añadió: y de distraerlo.