El obispo de Cuernavaca y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Ramón Castro Castro, ofreció recientemente una catequesis dentro de la serie “Testigos del Reino” que ha dejado una profunda huella en los fieles. Bajo el título “La oración, fuerza del testigo”, el prelado evocó la figura de San Miguel de la Mora de la Mora, protomártir de Colima, para mostrar cómo la oración se convierte en sostén de la fidelidad cristiana en medio de la persecución y la adversidad.
El relato que compartió el obispo es contundente: un sacerdote frente al pelotón de fusilamiento, sacando de su bolsillo el rosario y comenzando a rezar. Ese gesto resume toda una vida y se convierte en símbolo de resistencia espiritual. San Miguel nació en 1874 en Tecalitlán, Jalisco, y fue ordenado sacerdote en 1906. Sirvió en la catedral de Colima con sencillez y entrega, especialmente hacia los pobres y enfermos. Dos amores definieron su ministerio: la Eucaristía y la Virgen María, cuyo rosario llevaba siempre consigo.
La catequesis recordó que Colima fue el primer estado en aplicar la Ley Calles, que buscaba restringir la acción de la Iglesia. Ante ello, el padre Miguel se mantuvo firme: prefirió esconderse y seguir atendiendo a su comunidad antes que ceder a las presiones. Finalmente, fue apresado y fusilado, cayendo abatido con el crucifijo en la mano y la oración en los labios. Su muerte, presenciada por su hermano, se convirtió en testimonio de fidelidad y valentía.
Para Castro Castro, el ejemplo del mártir revela que la oración no es evasión de la realidad, sino energía secreta que sostiene la fidelidad hasta el final. En un mundo marcado por el ruido y la distracción, recordó las palabras del Papa León XIII sobre la necesidad de custodiar la vida interior. El rosario de San Miguel, dijo, es escuela de interioridad y denuncia serena frente a la injusticia. Ninguna potestad puede mandar sobre la conciencia ni sobre el culto a Dios. La oración, lejos de ser un refugio pasivo, se convierte en arma espiritual que permite resistir sin violencia, con la contundencia de la verdad y la mansedumbre del testimonio.
La catequesis planteó una pregunta incisiva: ¿de dónde sacó la fuerza San Miguel para ser fiel cuando costaba la vida? La respuesta, señaló el obispo, está en la oración. Quien reza de verdad, permanece. Invitó a los fieles a tomar el rosario en las manos, siguiendo el ejemplo del mártir. En tiempos de crisis cultural y relativismo, la oración se presenta como camino de resistencia y afirmación de la dignidad humana. “San Miguel de la Mora ruega por nosotros”, concluyó, reafirmando el lema que acompañó a tantos mártires mexicanos: “¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!”.
Más allá de la evocación histórica, la catequesis se inscribe en un contexto pastoral más amplio: la necesidad de fortalecer la vida interior de los creyentes frente a las presiones externas. La figura del mártir se convierte en espejo de la actualidad, donde la fe se ve desafiada por ideologías, sistemas políticos o dinámicas culturales que buscan relegar lo religioso al ámbito privado. El obispo insistió en que la oración es también denuncia: un acto que revela la primacía de la conciencia sobre cualquier poder. En este sentido, el testimonio de San Miguel interpela a la sociedad mexicana, recordando que la fidelidad a los valores trascendentes puede exigir sacrificios, pero nunca pierde vigencia.
La catequesis de Ramón Castro Castro no se limitó a una rememoración histórica. Fue un llamado a redescubrir la oración como fuerza transformadora, capaz de sostener la fidelidad en medio de la adversidad. El ejemplo de San Miguel de la Mora, mártir del Rosario, se convierte en faro para los creyentes de hoy: un recordatorio de que la verdadera resistencia no se libra con armas, sino con la perseverancia en la fe y la oración. En palabras del obispo, la oración es la respuesta sencilla y radical que permite permanecer fieles cuando todo parece perdido. Y en esa fidelidad, se encuentra la fuerza del testigo.
La catequesis completa puede verse aquí: