Crédito A Quien Corresponda.- El semanario Desde la Fe publicó recientemente un decálogo en el que el cardenal Carlos Aguiar dirige diez consejos a los sacerdotes sobre la manera en que debe ejercerse el ministerio pastoral. El contenido del decálogo es, en sí mismo, irreprochable. ¿Quién podría oponerse a la transparencia, la cercanía con los fieles, la sencillez, la escucha o la esperanza?
Precisamente ahí radica la paradoja. Lo que provoca indignación no son los principios que propone, sino el profundo contraste que los sacerdotes y fieles perciben entre ese discurso y la forma en que ha sido gobernada la arquidiócesis primada de México durante los últimos ocho años. La autoridad moral no nace de las palabras, sino del ejemplo. Un pastor puede pontificar con sus discursos, pero convence únicamente con su vida.
A continuación se presentan algunas consideraciones sobre ese escandaloso contraste.
1.- Transparencia y rectitud
El cardenal exhorta a los sacerdotes a vivir con honestidad, rectitud y transparencia.
Es un principio esencial para todo ministro de Cristo. Sin embargo, la transparencia comienza por quien la exige. Durante su trayectoria han existido cuestionamientos públicos sobre la administración de recursos y sobre la falta de rendición de cuentas. Esa percepción se ha visto agravada por la ausencia de informes económicos anuales sobre la economía de la arquidiócesis o sobre las muchos bienes del patrimonio de la arquidiócesis que han sido vendidos sin las obligadas consultas que pide el derecho canónico. A donde se ha ido el dinero de esas ventas? Porque no se le informó a la Santa Sede? Cuando quien exhorta a la transparencia no logra generar confianza en este aspecto, el mensaje carece de autoridad.
2.- Conocer a las ovejas
Un pastor conoce personalmente a su pueblo. No gobierna desde la distancia.
Después de ocho años al frente de la arquidiócesis, numerosos sacerdotes consideran que el arzobispo sigue siendo un desconocido para sus fieles. La casi totalidad de las parroquias no han recibido su visita pastoral, las fiestas patronales no cuentan con su presencia, las confirmaciones son delegadas y el contacto directo con los párrocos ha sido nulo. Resulta difícil hablar de cercanía cuando una parte importante del pueblo apenas conoce personalmente a quien es su pastor.
3.- Guiar con el ejemplo
El ejemplo siempre vale más que los discursos.
El decálogo habla de cercanía, sensibilidad y entrega. Sin embargo, muchos sacerdotes perciben una realidad distinta: nula presencia junto a los pobres, escaso contacto con los jóvenes, ausencia en hospitales y cárceles, limitada cercanía con el presbiterio y una tendencia constante a delegar el gobierno cotidiano. El liderazgo pastoral no se ejerce únicamente mediante decretos o estructuras administrativas; se ejerce caminando con el pueblo.
4.- Apoyar en la dificultad
Los momentos de prueba revelan el verdadero rostro del pastor.
Muchos sacerdotes han experimentado soledad en la enfermedad, en la vejez o en situaciones personales difíciles. Esa percepción ha alimentado la idea de una autoridad distante, poco cercana al sufrimiento de su propio presbiterio. La cercanía pastoral no consiste únicamente en emitir mensajes de solidaridad, sino en hacerse presente cuando más se necesita. El cardenal Aguiar nunca visita a los sacerdotes ancianos o enfermos, no asiste a los funerales de los que fallecen, es más, a 8 años de su llegada no conoce personalmente a su presbiterio.
Fue escandaloso el trato al cardenal emérito Norberto Rivera, quien sirvió a la arquidiócesis de México por 22 años y que enfermó gravemente de COVID y a quien Aguiar Reyes se negó a pagar sus gastos de hospitalización.
5.- Conocer al pueblo
Ocho años representan tiempo suficiente para recorrer una arquidiócesis y conocer su riqueza, sus problemas y sus desafíos.
Muchos consideran que ese conocimiento nunca llegó a consolidarse. La impresión dominante es la de un gobierno ejercido desde las oficinas antes que desde las parroquias, con escasa presencia en la vida cotidiana de las comunidades. Esa distancia termina afectando inevitablemente las decisiones pastorales. Los fieles de la Ciudad de México, en su mayoría nunca han visto personalmente a su Pastor.
6.- Atraer a más fieles
La misión exige salir, escuchar, invitar y acompañar.
Sin embargo, el presbítero de la arquidiócesis percibe un estilo de gobierno que privilegia las decisiones verticales antes que el acompañamiento pastoral. La evangelización no puede sostenerse únicamente mediante planes administrativos; necesita un pastor visible, cercano y accesible. El cardenal Aguiar se ha negado, como no lo hicieron sus antecesores, a peregrinar con sus fieles a la basílica de Guadalupe en su peregrinación anual, ha cancelado la multitudinaria procesión de Corpus Christi, canceló el Rosario viviente y así, todas las manifestaciones populares y de fe que tenía la arquidiócesis de México, relegada ahora a la nula presencia pública.
7.- Vivir con sencillez
La sencillez no consiste únicamente en un estilo de vida sobrio. También significa disponibilidad, cercanía y facilidad de trato.
Durante estos años, la imagen proyectada ha sido la de un gobierno marcadamente burocrático, donde el contacto directo con sacerdotes y fieles ha sido prácticamente nulo y muchas responsabilidades han sido delegadas casi por completo en los obispos auxiliares. El arzobispos funge más como un burócrata que como el pastor y padre que debería ser.
Cuando viaja a Roma va en primera clase, con un costo del boleto que superan los 100 mil pesos, y se hace transportar en Roma por el coche oficial de la embajada de México ante la Santa Sede, lo que es un acto de corrupción y violacion del estado laico.
8.- Velar por la esperanza
La esperanza nace cuando el pueblo experimenta que su pastor camina con él.
Sin embargo, los sacerdotes describen el clima actual de la arquidiócesis como el más difícil de las últimas décadas. El desaliento, la desconfianza y la falta de comunión no pueden atribuirse únicamente a los cambios culturales; también interpelan el modo en que se ejerce el gobierno pastoral.
9.- Unir a la comunidad
En lugar de favorecer la comunión, se ha rodeado de un reducido grupo de incondicionales, caracterizados por la adulación y la falta de competencia. Ha promovido perfiles fácilmente manipulables, varios de ellos con serios problemas morales y personales que los hacen especialmente vulnerables a un estilo de gobierno autoritario.
Cuando muchos sienten que sus voces no son escuchadas, la comunión eclesial se resiente y las divisiones se profundizan.
10.- Escuchar con empatía
Quizá éste sea el punto más importante de todos.
Escuchar requiere tiempo, paciencia y humildad. El presbiterio afirma no haber encontrado espacios reales de diálogo con su arzobispo. Su estilo, más allá de sus finos modales y su sonrisa fingida es totalmente autoritario: A ello se suma una demanda constante de mayor transparencia en la administración de los bienes de la arquidiócesis y de una rendición de cuentas más amplia hacia el presbiterio y los fieles. La autoridad en la Iglesia se fortalece cuando escucha; se debilita cuando parece cerrarse al diálogo.
Como colofón de esta contradicción entre el discurso y los hechos, está el escándalo de la Basílica de Guadalupe. Este caso ha puesto en evidencia un clima de corrupción y opacidad que ha escandalizado al pueblo de Dios. Lejos de esclarecer los hechos, el cardenal Carlos Aguiar ha encubierto al rector Efraín Hernández y ha desoído reiteradamente las advertencias y denuncias del Cabildo de Guadalupe. Una vez más ha preferido imponer sus decisiones de forma arbitraria antes que escuchar a quienes, por su responsabilidad y conocimiento directo de la situación, le pedían una investigación transparente y una auténtica rendición de cuentas.
Los diez consejos de Carlos Aguiar publicados por Desde la Fe son valiosos y merecen ser escuchados por todo sacerdote. El problema no está en el contenido del decálogo, sino en la credibilidad de quien lo propone. En la Iglesia, las palabras solo convencen cuando van acompañadas por el ejemplo. Los fieles no esperan pastores perfectos; esperan pastores auténticos, cercanos, transparentes y capaces de escuchar. Esa ha sido siempre la enseñanza del Evangelio, y seguirá siendo el criterio con el que la historia juzgue el ministerio de cualquier obispo.
A Carlos Aguiar, arzobispo de México, se le puede aplicar aquello que Jesús decía respecto a los fariseos: “ hagan lo que ellos les dicen, pero no imiten sus obras”.
