Al concluir su CXX Asamblea Plenaria, los obispos de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) entregaron al Pueblo de Dios un mensaje de esperanza pascual sin evadir la crudeza de la realidad nacional. En el documento titulado Mensaje al Pueblo de Dios, los prelados denuncian la “lenta erosión de las instituciones en nuestra patria”, el “paulatino derrumbe del orden mundial” y, sobre todo, la “situación de inseguridad” que sigue marcando la vida cotidiana de millones de mexicanos.
El texto, presentado en rueda de prensa por el presidente de la CEM, Ramón Castro Castro, obispo de Cuernavaca, y el secretario general, Héctor M. Pérez Villarreal, obispo auxiliar de México, fue acompañado de un diálogo con los periodistas. Allí, los obispos insistieron en una frase que resume su postura: “No debemos ocultar el dolor que nos duele, pero tampoco dejar de vivir la fraternidad y hospitalidad que nos caracteriza”.
El mensaje llega en tiempo de Pascua cuando la Iglesia celebra la victoria de la vida sobre la muerte, pero los obispos reconocen que, en México, esa victoria aún se vive entre lágrimas. “Callar ante la inseguridad es traicionar el evangelio”, afirman con contundencia. Recuerdan los “acontecimientos del pasado mes de febrero” —sin detallarlos— como expresión de una violencia que “no solo destruye vidas, corrompe la esperanza”. Un país que “normaliza la muerte pierde vida”, subrayan.
Esta denuncia no es nueva en el episcopado mexicano, pero adquiere mayor fuerza al vincularla con el contexto global. Mientras los obispos sesionaban, el Papa León XIV iniciaba su viaje apostólico a África como “peregrino de paz”. Desde Argel, el Pontífice clamó: “¡Multipliquemos los oasis de paz, denunciemos y eliminemos las causas de la desesperación, luchemos contra quienes lucran con la desgracia ajena!”. Palabras que, según los obispos, “resuenan con fuerza particular en nuestra realidad mexicana”.
En rueda de medios, los prelados profundizaron en el drama de las desapariciones forzadas, una “herida abierta” que la Iglesia acompaña de cerca. “No se trata de cifras, sino de experiencia pastoral”, explicaron. Han estado con las madres buscadoras y las familias en duelo. “Estamos a favor de una verdad que haga justicia y de una atención digna a las familias”, reiteraron. A las madres de desaparecidos les enviaron un mensaje directo: “Estamos para seguir acompañándolas en este dolor que llevarán hasta el final”. Invitaron a mirar a la Virgen María como modelo de fortaleza.
Los obispos rechazaron cualquier intento de politizar su palabra. Su misión, aclararon, no es partidista, pero sí tiene “una dimensión social irrenunciable”: anunciar el Evangelio, denunciar lo que atenta contra la dignidad humana y acompañar a las personas en su realidad concreta. “La fe cristiana no puede ser espiritualista”, insistieron. Sobre la relación con el gobierno federal, señalaron que existe un diálogo “cordial y abierto”, principalmente a través de la Secretaría de Gobernación, enfocado en temas de paz y atención a víctimas, aunque no han sostenido reuniones directas con la Presidencia.
Otro eje del mensaje es la memoria cristera, cuyo centenario se celebra este año. Lejos de convertirla en bandera de confrontación, los obispos la presentan como “testimonio de fe” de miles que dieron su vida por la libertad religiosa “con valentía y fidelidad”. “No es una memoria de confrontación, se recuerda con gratitud, no para dividir, sino aprender y construir”, afirman.
El texto también destaca el valor de cada persona y la relevancia de la vocación. No se trata solo del ministerio sacerdotal o la vida consagrada, sino de la llamada personal que Dios dirige a cada bautizado para participar en la sociedad “desde su estado de vida y sus carismas”. La juventud, en particular, busca “dar sentido a su vida desde la fe” y necesita “escucha y acompañamiento con un lenguaje concreto”.
En un tono esperanzador, los obispos ven en el próximo Campeonato Mundial de Fútbol una oportunidad providencial. “Nos invita a los participantes y asistentes a hacer de este evento un signo de la vocación humana a la comunión entre los pueblos y una oportunidad para mostrar que es posible vivir la fraternidad en la diversidad”, escriben. En la rueda de prensa, al ser cuestionados sobre la contradicción entre la violencia interna y un evento de esa magnitud, respondieron que México puede mostrar “el rostro solidario del pueblo” sin negar el sufrimiento.
El mensaje cierra invocando a Santa María de Guadalupe, “Reina de la paz”, para que interceda y ayude a los mexicanos a “mirarnos como hermanos y a tender puentes con un futuro reconciliado, que brota de la justicia y la misericordia”.
Los obispos firman el documento con su bendición y cercanía. Lo encabeza Ramón Castro Castro como presidente y Héctor M. Pérez Villarreal como secretario general.
Con este mensaje la denuncia de la violencia y la erosión institucional es, a la vez, la insistencia de acompañar a las víctimas y llamar a la sociedad civil organizada a “seguir trabajando por la paz y la reconciliación en el país, y construir juntos una historia cuyos frutos lo gocen las futuras generaciones”.