La Fraternidad recurre la excomunión, viaje de León XIV a México, el Vaticano bendice a Aguiar, Zuppi en Ucrania, ¿un Papa arco iris?, la Roma Eterna y la Roma Conciliar, excomunión para la eutanasia, los mártires de Libia, Grünwidl prohibe escribir a Joachin Heimerl. 

La Fraternidad recurre la excomunión, viaje de León XIV a México, el Vaticano bendice a Aguiar, Zuppi en Ucrania, ¿un Papa arco iris?, la Roma Eterna y la Roma Conciliar, excomunión para la eutanasia, los mártires de Libia, Grünwidl prohibe escribir a Joachin Heimerl. 

Es un tiempo apasionante. Cuando pasan cosas límite, y vivimos momentos límite en tantos aspectos, eso nos lleva a pensar y profundizar en lo que sucede, los artículos de hoy forman parte de estas reflexiones y nos parece un día muy interesante. El reposo veraniego del Papa no supone que la vida no continué, lo hace y con fuerza.

Recurso preliminar de la Fraternidad de San Pío X.

Un nuevo capítulo se abre en torno a las consagraciones episcopales y su posterior excomunión. La Casa General de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X informa que ha presentado un «recurso preliminar» al Dicasterio para la Doctrina de la Fe contra el decreto de excomunión del 2 de julio. Parece que la Sociedad Sacerdotal de San Pío X parece reconocer el actual Código de Derecho Canónico de 1983 , que figuraba como quinto punto del Protocolo de Entendimiento entre la Santa Sede y la Sociedad Sacerdotal de San Pío X , firmado el 5 de mayo de 1988 por el Cardenal Joseph Ratzinger y Mons. Marcel Lefebvre y repudiado por este último al día siguiente. Esperamos que este reconocimiento, evidente y deseable, represente el primer paso hacia un diálogo constructivo entre la Santa Sede y la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X.

«La Sociedad Sacerdotal de San Pío X informa que, en respuesta al decreto publicado el 2 de julio de 2026 por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, presentó un recurso preliminar ante el mismo Dicasterio el 11 de julio, de conformidad con los cánones 1734 y siguientes del Código de Derecho Canónico. Esta iniciativa, que constituye el cumplimiento preliminar requerido antes de la posible presentación de una apelación jerárquica, tiene el efecto de suspender la ejecución del decreto, de conformidad con el canon 1353 del Código de Derecho Canónico. Con esta apelación, la Fraternidad pretende ejercer el derecho que la Iglesia reconoce a toda persona que crea haber sido perjudicada por un acto administrativo, a solicitar su rectificación, con espíritu de respeto a la autoridad eclesiástica y de fiel adhesión a la justicia, la verdad y el bien de la Iglesia. La Sociedad Sacerdotal de San Pío X encomienda esta petición a las autoridades competentes y recomienda esta iniciativa a las oraciones de todos los fieles». 

Viaje a México de León XIV

El arzobispo de Guadalajara, José Francisco Robles Ortega, afirma que al Santo Padre se le ha invitado en distintas ocasiones a tierras tapatías, donde se venera a la Virgen de Zapopan. El Papa León XIV le confirmó el deseo de viajar al país, para visitar la Basílica de la Virgen de Guadalupe y podrían incluir en el itinerario una visita a La Generala. “Sí tiene el deseo de venir a encontrarse con la Virgen de Guadalupe me lo dijo, lo que sí, no tiene la seguridad de cuándo podrá ser eso, esperemos el siguiente año. Eso depende de la agenda y las invitaciones que él tiene”.  Le invitó a su aniversario de ordenación: “Estuve con él personalmente un poco más de media hora y le llevé personalmente la invitación de mis festejos y me dijo desde luego que no. No me dio esperanza”.  “Yo lo invité a Guadalajara. Lo invité y le dije ‘ojalá cuando se dé este viaje a la Virgen de Guadalupe nos dé el honor y el gozo de recibirlo en Guadalajara”.

El Vaticano quiere pacificar Guadalupe.

Todo apunta a que tenemos viaje del Papa León a México y es impensable que no visite Guadalupe. Las aguas no están serenas y tenemos la impresión de que no lo estarán por mucho tiempo. Los medios del Vaticano se unen a los aplausos al inefable Aguiar y anuncian urbi et orbi que todo está solucionado.  «El Cardenal Carlos Aguiar Retes anunció el nombramiento del Canónigo Daniel Víctor Villalobos Ortiz como nuevo Rector de la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe, en el marco de una etapa de renovación institucional y pastoral rumbo a la celebración de los 500 años del Acontecimiento Guadalupano. El proceso busca fortalecer la misión evangelizadora del santuario, mejorar la atención a los peregrinos y consolidar una mayor organización al servicio de la Iglesia».  Se nos pretende vender que «esta renovación contempla la actualización de los procesos administrativos, operativos y pastorales, tomando como referencia los criterios aplicados en las Basílicas Papales de Santa María la Mayor y de San Pedro, en Roma, así como las disposiciones civiles y eclesiales vigentes, con el propósito de contar con una institución cada vez más organizada y al servicio de su misión».

Zuppi en Ucrania.

Matteo Zuppi, como representante especial de la Santa Sede, llega a Ucrania por segunda vez. El embajador de Ucrania ante la Santa Sede, Andrii Yurash, le da la bienvenida.  Zuppi tiene previsto visitar varios campos de prisioneros rusos. Tras una primera visita a Ucrania los días 5 y 6 de junio de 2023, Zuppi también viajó a Washington los días 17 y 19 de julio durante la administración de Joe Biden, y posteriormente a Moscú en octubre de 2024.

Los avances arco iris del Papa León.

No lo decimos nosotros, Dios nos libre, un sacerdote jesuita abiertamente homosexual, conocido por su activismo a favor de los derechos LGBTQ dentro de la Iglesia Católica, elogió al Papa León XIV por continuar con las «acogidas y los avances» del Papa Francisco hacia las personas homosexuales, lesbianas, transgénero y no binarias.   El padre Bryan Massingale, profesor de teología en la Universidad de Fordham, dirigida por los jesuitas en la ciudad de Nueva York, y que se declara abiertamente gay, dijo en una reciente entrevista que se siente aliviado de que el Papa León continúe la trayectoria LGBTQ del Papa Francisco.   “Tras la muerte del Papa Francisco, existía el temor de que un futuro papa llegara y deshiciera los gestos de bienvenida y los avances que se habían producido durante el pontificado del Papa Francisco”.  “Y una de las primeras cosas que hizo el Papa León fue decir: ‘No, no tengo ninguna intención de retroceder en lo que respecta a la comunidad LGBTQ’”. 

En un artículo publicado el 6 de agosto de 2020 en US Catholic , Massingale afirmó que para que las parroquias católicas tengan «credibilidad como la iglesia de Jesucristo» deben ofrecer una «bienvenida extravagante» a los «católicos LGBTQ». Durante una entrevista incluida en la película de 2021 «Wonderfully Made», creada por el cineasta judío Yuval David, un homosexual «casado» con un hombre católico, Mark McDermott, Massingale describió su «sueño de una iglesia donde dos hombres y dos mujeres puedan estar ante la Iglesia, proclamar su amor y que este sea bendecido en el sacramento del matrimonio», contraviniendo la clara enseñanza de la Iglesia sobre la naturaleza de la sexualidad y, de hecho, del matrimonio.  Su trabajo, faltaría más, ha sido elogiado por el infame padre James Martin, SJ.

Miembros católicos de un grupo LGBT marcharon en el reciente desfile del Orgullo de Roma portando   una gran cruz de colores del arcoíris a la que llaman la «Cruz de la Alianza».  El grupo ecuménico “ Mosaiko – Movimento Cristiani Arcobaleno ” , afirma que su misión es proporcionar “un espacio para el encuentro, el compartir la fe y la fraternidad entre los cristianos LGBT+”. “Desfilamos como cristianos arcoíris, orgullosos de la fe que albergamos en nuestros corazones y de cada color que refleja la belleza única de quienes somos”, escribió el grupo en una publicación de Instagram que incluía varias fotos de su participación en el desfile del Orgullo.  “En este día tan especial, la Cruz de la Alianza marchó junto a nosotros: una cruz arcoíris que nos acompañó paso a paso”.

En un comunicado de prensa previo a una audiencia con el Papa Francisco , el grupo Mosaiko escribió que se presentarán con sentimientos de reconciliación, instando a más encuentros para un camino dedicado e inclusivo, para que todos puedan sentirse hijos de una Iglesia que acoge no por lo que deberíamos ser, sino por lo que realmente somos: cristianos y testigos del mismo Evangelio, en el que cada persona, con su propia identidad, orientación e individualidad, puede vivir con transparencia y verdad.

Nuestro deseo es que la Iglesia adopte una postura más oficial y verdaderamente tangible a favor de un ministerio claro e inclusivo, sin más descripciones”. “Nos gustaría que en todos los rincones del mundo se reconociera la dignidad de las personas LGBT+ con respeto y sensibilidad, incluso en aquellos lugares donde todavía es un delito visibilizar la propia orientación sexual e identidad de género.”

La Roma Eterna y la Roma Conciliar.

La oposición entre una supuesta «Roma Eterna» —tradicional y ortodoxa— y una «Roma Conciliar» —modernista y herética, está detrás del todo lo que rodea el caso Lefebvre.  Esta expresión difícilmente es compatible con la doctrina católica sobre la unidad e indefectibilidad de la Iglesia. Por muy grande y profunda que sea la crisis actual, requiere un considerable esfuerzo teológico para justificarla.  Pero, algún fundamento hay, su fuerza reside en una intuición de que la crisis final de la Iglesia no vendrá exclusivamente de fuera de ella. El misterio de la iniquidad no se manifestará únicamente en forma de persecución externa, un emperador pagano o un poder hostil al cristianismo. La tradición bíblica y patrística siempre ha contemplado la posibilidad de la corrupción interna: una prueba que afectaría a la propia Iglesia en su existencia histórica.
Muchos católicos contemporáneos parecen incómodos con esta perspectiva. Acostumbrados —desde Trento— a una apologética defensiva que equipara cualquier referencia a la apostasía eclesial con una concesión al protestantismo, prefieren negar el problema en lugar de afrontarlo.  Cristo prometió que las puertas del infierno no prevalecerían contra su Iglesia.  San Pablo predijo una gran apostasía y la aparición del Hombre de la Iniquidad antes del fin de los tiempos . Ambas afirmaciones pertenecen al Apocalipsis, y ninguna puede sacrificarse en aras de la otra. El padre Julio Meinvielle articuló esta tensión mediante la conocida imagen de una Iglesia de las Promesas y una Iglesia de la Propaganda. La primera permanece fundada en la palabra infalible de Cristo; la segunda designa esa dimensión histórica de la Iglesia donde se hacen visibles las miserias, las concesiones, las ambiciones y las infidelidades humanas.  El misterio permanece abierto, precisamente porque ambas dimensiones coexisten en la misma realidad visible .
Santa Hildegarda de Bingen, consejera de emperadores y papas, y autora de tratados teológicos, científicos y musicales, ocupó un lugar excepcional en la vida intelectual y religiosa del siglo XII. A pesar de su inmensa autoridad en toda la cristiandad, durante la Reforma Protestante los luteranos utilizaron su figura para atacar al papado: de hecho, algunas de las visiones exegéticas de la santa sugerían una profunda conexión entre la Iglesia y el Anticristo . Esto la llevó a ser marginada durante siglos, periodo en el que su obra quedó relegada al olvido por sospechas. En 2012, el Papa Benedicto XVI la rescató de este ostracismo luterano al canonizarla y proclamarla Doctora de la Iglesia. Es difícil imaginar que Joseph Ratzinger, uno de los más grandes estudiosos modernos de la tradición patrística y medieval, desconociera una de las visiones más famosas e inquietantes de Scivias : aquella en la que el Anticristo nace de la IglesiaLa idea de que la Iglesia sufrirá una profunda crisis escatológica de origen interno no proviene de un blog tradicionalista, una teoría conspirativa ni una fantasía apocalíptica contemporánea. Forma parte de la obra de un Doctor de la Iglesia cuya enseñanza fue propuesta explícitamente por Benedicto XVI a todos los cristianos. 
La visión que nos interesa aparece en el Libro III de las Scivias , dedicado a la historia de la salvación y la consumación de los tiempos. Hildegarda contempla una inmensa figura femenina que representa a la Iglesia. La mujer aparece coronada y gloriosa, revestida de dignidad celestial. Sin embargo, a medida que la mirada desciende desde el ombligo hacia abajo, la imagen comienza a transformarse. Allí ve heridas, escamas, manchas y deformidades que simbolizan los pecados acumulados de los hijos de la Iglesia a lo largo de la historia. Y entonces ocurre algo inaudito. Precisamente en el lugar «donde la mujer se distingue», emerge una monstruosa cabeza negra, con ojos de fuego, orejas de asno y fauces de león: el Hombre de la IniquidadLa Iglesia permanece coronada, sigue sentada en su trono y continúa siendo la Esposa de Cristo. Sin embargo, de sus entrañas emerge la monstruosa cabeza del Anticristo.
El Anticristo no se presenta como una realidad completamente ajena a la Iglesia. Esta observación es crucial, ya que nos permite comprender simultáneamente tanto el acierto como el error de ciertos análisis tradicionalistas contemporáneos. Su acierto radica en reconocer que la crisis puede gestarse en el seno mismo de la Iglesia visible. Su error se hace evidente cuando intentan resolver esta intuición mediante una división simplista entre dos Iglesias distintas: la Roma Eterna frente a la Roma Conciliar. El protestantismo clásico procedió exactamente de la misma manera, identificando al Anticristo con el Papado. Dondequiera que observaba corrupción, concluía que la verdadera Iglesia debía encontrarse en otro lugar. La visión de Hildegarda es mucho más inquietante porque excluye tal simplificación . La mujer coronada sigue siendo la Iglesia; sus heridas no la transforman en otra cosa. La corrupción no da origen a una segunda Iglesia; el Anticristo emerge de sus heridas sin destruir su identidad.  Una crisis final surgida desde dentro de la Iglesia no constituye una anomalía, sino todo lo contrario : aparece más bien como la culminación usque ad summum de una dinámica que recorre toda la historia sagrada. La Iglesia de las Promesas y la Iglesia de la Propaganda no constituyen dos sociedades distintas. No tienen dos jerarquías, ni dos pontífices, ni existen como realidades separadas. Ambas permanecen misteriosamente unidas bajo la misma figura visible. El mismo Papa que preside la Iglesia indefectible puede encontrarse simultáneamente al frente de una estructura eclesiástica plagada de errores, concesiones y confusiones que favorecen el avance del misterio de la iniquidad. La tragedia reside precisamente en que ambas dimensiones coexisten.
Si la Iglesia fiel pudiera simplemente separarse de la Iglesia corrupta, el problema sería relativamente sencillo . Bastaría con abandonar la estructura decadente y congregarse en torno al pequeño remanente de los elegidos. Esa fue, en esencia, la solución de Lutero.  La exégesis católica es mucho más exigente. La Iglesia fiel permanece dentro de la Iglesia visible. Permanece bajo el mismo Papa. Permanece dentro de la misma estructura institucional que, al mismo tiempo, puede estar siendo utilizada por hombres cuyas acciones contribuyen a preparar las condiciones históricas para la manifestación del Anticristo.
La prueba final no consistirá en elegir entre dos Iglesias, sino en permanecer fieles a la única Iglesia precisamente cuando sus heridas sean visibles para todos. Aun cuando quienes ocupan los más altos cargos eclesiásticos colaboren, consciente o inconscientemente, con el avance de procesos contrarios al Reino de Dios, la Iglesia de las Promesas seguirá existiendo únicamente bajo el liderazgo de Pedro. La visión de Hildegarda no predice una Iglesia falsa destinada a reemplazar a la verdadera. Predice algo mucho más inquietante y mucho más difícil de aceptar: la Pasión de la Iglesia misma. Una Pasión en la que la Esposa sigue siendo la Esposa incluso cuando muchos de sus hijos se convierten en instrumentos del misterio de la iniquidad. La cabeza monstruosa emerge de sus profundidades, pero jamás la reemplaza. El Anticristo puede nacer junto a Pedro, puede valerse de Pedro e incluso beneficiarse de sus errores; pero jamás será Pedro .

Excomunión para los defensores de la eutanasia.

En una entrevista con France Catholique, Marc Aillet, obispo de Bayona, Lescar y Oloron, en Francia, ha declarado que los legisladores católicos que voten a favor del suicidio asistido en la próxima votación parlamentaria no podrán recibir la Sagrada Comunión. «La cuestión de la eutanasia o el suicidio asistido no es simplemente un asunto de creencias religiosas, tiene que ver con la ley natural, es decir, con el fundamento del respeto a toda vida humana en una sociedad civilizada». «Cuando un miembro del Congreso se identifica como católico y, al mismo tiempo, apoya una legislación que autoriza la eutanasia, se sitúa objetivamente en oposición no solo a la enseñanza constante de la Iglesia, sino también a un principio fundamental de la razón humana». «La instrucción Samaritanus Bonus , publicada por la Congregación para la Doctrina de la Fe, reafirmó claramente que la eutanasia es «un acto intrínsecamente malo, independientemente de las circunstancias»».“Un católico involucrado en la vida pública no puede ignorar esto.”

«Cada uno debe examinar su conciencia para asegurar la coherencia entre sus actos y la fe que profesa. El apoyo público a una ley que es seriamente contraria a la enseñanza moral de la Iglesia plantea un verdadero problema de coherencia eclesial». «Los legisladores católicos que votaron a favor de este proyecto de ley deben sopesar sus consecuencias. Si son conscientes de esta inconsistencia, ya no podrán recibir la comunión». «La Iglesia tiene razón al recordárselo, como ya lo han hecho algunos obispos en Estados Unidos. Quisiera invitarlos a un examen de conciencia sincero. ¿Tenemos derecho a justificar el suicidio deliberado como respuesta al sufrimiento?»

Aillet ha hecho un llamamiento a los fieles para que oren y se movilicen contra el proyecto de ley. En un comunicado  publicado en mayo titulado «No matarás», el obispo instó a la oración, el ayuno y la participación cívica directa para defender lo que él considera la prohibición fundamental de matar seres humanos, la cual sigue siendo necesaria para una sociedad civilizada. «La Iglesia sigue afirmando que el suicidio es objetivamente contrario a la voluntad de Dios, que es el dueño de la vida. Pero también tiene en cuenta situaciones concretas. El sufrimiento, la soledad, la depresión y las presiones familiares o sociales a veces son tan intensas que pueden menoscabar profundamente la libertad de una persona. Por eso, el discernimiento pastoral es esencial». “El papel del sacerdote es ayudar a la persona a redescubrir la esperanza, reconciliarse con Dios y renunciar a su plan. Este acompañamiento espiritual consiste en ayudarle a elegir la vida hasta su fin natural, nunca en justificar un acto letal». «En lo que respecta a los funerales cristianos, cada situación debe analizarse con cautela». «La Iglesia toma en cuenta muchos factores, en particular cualquier señal de arrepentimiento antes de la muerte. No se debe hacer nada que sugiera que la Iglesia aprueba la eutanasia». «Una sociedad se debilita cuando presenta la muerte como solución. Cristo vino para que las personas tuvieran vida, y la tuvieran en abundancia».

Nueva Jersey suprime la Misa tradicional.

Según un informe reciente, el obispo Joseph Andrew Williams de la diócesis de Camden, Nueva Jersey, ha decidido no renovar el indulto (permiso) para continuar celebrando la Misa Tradicional en latín que se ofrecía en la parroquia de Santa Gianna Beretta Molla en Northfield. La última Misa Tradicional  se celebró el domingo 28 de junio, justo antes de la jubilación del Padre Anthony J. Manuppella.  El sacerdote que se ha sustituido no tiene inconveniente en seguir con la celebración, pero al no tener permiso para hacerlo, ofrece en su lugar Misas del Novus Ordo en latín, ad orientem , los domingos al mediodía. La parroquia no publica información sobre sus misas del mediodía en su sitio web , después de que el padre Manuppella fuera «reprendido por el obispado por anunciar la misa del mediodía en latín en el sitio web parroquial y en el boletín».

Los anglicanos reconocen a los «21 Mártires de Libia».

El Sínodo General ha aprobado los planes para introducir en el calendario litúrgico de la Iglesia una conmemoración anual de los «21 Mártires de Libia», un grupo de hombres cristianos martirizados en 2015.   Los 20 cristianos coptos y un ghanés, fueron asesinados tras negarse a renunciar a su fe y  murieron con las palabras «Oh, mi Señor Jesús» en los labios.  También han sido reconocidos como mártires por la Iglesia Copta y por la Iglesia Católica.  El obispo Michael Ipgrave, presidente de la Comisión Litúrgica, dijo que la conmemoración fijaría «nuestra mirada en una playa de Libia donde el mismo Señor fue confesado por hombres cuyo poder mundano era pequeño, pero cuyo testimonio se ha vuelto inmenso».  La conmemoración tendrá lugar el 15 de febrero de cada año.   El Sínodo aprobó esta nueva conmemoración junto con el nuevo “ Festival de la Creación en Cristo ” mediante votación nominal de las tres Cámaras. Los obispos, 29, todos a favor; el clero 101, todos a favor y los laicos 120 a favor con uno en contra y una abstención. 

Lo que la  Iglesia no dice sobre los lefebvrianos.

El Dicasterio para la Doctrina de la Fe explica que los católicos no pueden participar en las misas de la Fraternidad, pero en China, el Papa restituyó a los obispos excomulgados por haber sido impuestos por el régimen, sin mayores problemas.
Una religión que no pide conversión, sino moderación; ya no dice «no peques», sino «intenta no excederte», es el triunfo del «de vez en cuando».

El pecado ocasional se convierte en una especie de indulgencia dominical, un pequeño respiro de la regla que,
en definitiva, hace la vida más llevadera. Es una transformación curiosa: el cristianismo reducido a una dieta. Los pecados son siempre pecados o nunca son pecados. Cristo dijo: «Que tu palabra sea “Sí, sí”; tu palabra “No, no”; todo lo que excede esto, procede del maligno» (Mt 5:37).

El cardenal Víctor Manuel Fernández, conocido como Tucho, nos dio un formulario, un documento con membrete del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, fechado el 2 de julio de 2026, que explica, con la delicadeza de un catequista parroquial y la sutileza de un jurista bizantino, quiénes pueden seguir llamándose católicos y quiénes no. El criterio es inusualmente flexible. Como con las dietas, uno puede cometer algún error. Puedes asistir a una misa de la Sociedad Sacerdotal de San Pío X, la de los lefebvrianos recientemente excomulgados por haber consagrado a cuatro obispos sin mandato pontificio, siempre que sea un evento ocasional. Incluso puedes ir con regularidad, pero sin compartir la doctrina del celebrante, quizás pensando en la lista de la compra. En ese caso, la excomunión no se activa, porque, según la Nota Explicativa, la imputabilidad requiere «pleno conocimiento y consentimiento deliberado», y «los laicos que han asistido a la Sociedad solo por razones litúrgicas o espirituales» (¿por qué otras razones se podría asistir?) no se consideran imputables, ni tampoco «aquellos que, aun siendo conscientes de las tensiones con la Santa Sede, no rechazan el Magisterio ni la autoridad del Romano Pontífice». Es el mismo estilo encantador de la Fiducia Supplicans, esa declaración firmada por Tucho y refrendada por el Papa Francisco en diciembre de 2023.

Se pueden bendecir las parejas no convencionales y a las parejas del mismo sexo: siempre y cuando, cabe destacar, el detalle es exquisito: la bendición fuera breve, de diez o quince segundos como máximo, «pastoral» y no «litúrgica», impartida fuera de
cualquier contexto festivo, de forma apresurada, casi furtiva. En todo esto, nadie debía realizar la labor teológica de caridad que exige advertir al pecador de su pecado. No informar al pecador de su pecado es la más grave y trágica de las faltas caritativas.
Quien se encuentra con dos personas con un estilo de vida homosexual y no les informa que están en pecado mortal,
o incluso bendice una unión que es un pecado que clama a Dios por venganza, se convierte en cómplice.  Guardar silencio es delicadeza, denunciar es violencia, amonestar es herir. La lógica es siempre la misma: el pecado no importa si se comete precipitadamente; la herejía no importa si se profesa sin convicción; el cisma no importa si se practica sin persuasión. Basta con ser superficial, y la Iglesia te absuelve. Basta con no tomarse en serio las cosas, y siempre estarás en comunión.

Hace ocho años, la Santa Sede firmó un acuerdo provisional y secreto con la República Popular China, renovado periódicamente,
según el cual los obispos católicos chinos son elegidos por sacerdotes locales, pero con la aprobación del Partido Comunista y la
ratificación final del Papa. Siete obispos previamente excomulgados han sido restituidos de oficio; otros han sido impuestos a diócesis cuyos obispos legítimos fueron enviados a esconderse en el campo o a pudrirse en una prisión en Henan. La llamada
Iglesia patriótica, brazo eclesiástico del régimen, celebra la Misa bajo la Bandera de cinco estrellas, sus seminaristas juran lealtad al pensamiento de Xi Jinping, sus obispos participan en los congresos de la Asamblea Popular Nacional, pero sus misas son válidas y la comunión con Roma está oficialmente restaurada.

No asistir a Écône con tranquilidad sin incurrir en la excomunión, puedo escuchar un sermón del Padre Pagliarani como si escuchara la radio en la cocina, mientras puedo participar pacíficamente en las misas de los obispos chinos designados por el partido, incluso adhiriéndome de todo corazón, con total tranquilidad: están en plena comunión, el Papa los quiso, el
Secretario de Estado los bendijo. Si alguien objetara que esos obispos aceptaron servir a un régimen que persigue a sus hermanos católicos clandestinos, que destruye cruces, que vigila los confesionarios con cámaras, respondería con Tucho: que necesitamos contextualizar.

El arzobispo de Viena prohibe escribir el Padre Joachin Heimerl.

Hay larga entrevista que el padre Joachim Heimerl que, como siempre, no tiene desperdicio: «Desde mi juventud tuve claro que me convertiría en sacerdote, y después de muchos desvíos, esta vocación finalmente se cumplió en Viena, la ciudad de mis antepasados».  «Cuando me ordené sacerdote, no tenía ninguna intención de volver a escribir, y mucho menos sobre temas relacionados con la Iglesia. Recuerdo una conversación con el cardenal Schönborn en la que le dije precisamente esto y le pedí que me asignara a la pastoral de los enfermos en Viena. Era mi gran deseo, y creía que era mi vocación: quería servir a los demás enfermos como sacerdote enfermo. Pero entonces, como suele suceder en la vida, las cosas resultaron completamente diferentes. Mi salud se deterioró más rápido de lo esperado, y después de la ordenación, prácticamente no me dediqué al trabajo pastoral durante todo un año, retirándome cada vez más por motivos de salud. Desde entonces, mi papel como sacerdote se ha limitado a la oración y la Santa Misa. Celebro la Misa exclusivamente en privado aquí, en la capilla de mi casa; ya no es posible hacerlo de otra manera, y no puedo imaginarlo de otra forma. Celebré mi primera Misa en la Catedral de San Esteban y me sentí completamente a gusto allí. Pero no me falta nada. Gracias a Dios. Eso lo hace todo mucho más fácil». 

«Por pura casualidad, durante este aislamiento, comencé a escribir para «  kath.net  » y más tarde para otras publicaciones, y disfruté especialmente escribiendo ensayos sobre ópera y literatura para la sección serializada del Tagespost. Mi homenaje a la gran Maria Callas fue probablemente el mejor texto que he escrito. Sin embargo, los temas relacionados con la Iglesia siguieron siendo los más solicitados, especialmente durante la crisis que estamos viviendo en la Iglesia». 

«Solo puedo elogiar al Cardenal Schönborn, quien me ordenó sacerdote y a quien tanto le debo. Que yo sepa, leyó todos mis escritos, y aunque no siempre estuvo de acuerdo con todo lo que dije, nuestros intercambios fueron siempre cordiales, correctos y profundamente humanos, jamás marcados por una actitud autoritaria. Al contrario, el Cardenal posee la rara cualidad de poder expresar la crítica con tanta amabilidad que es fácilmente aceptada e incluso aprendida. Lo admiro enormemente; tuve el privilegio de estar cerca de él durante mucho tiempo y lo tengo en alta estima. Posee lo que se llama «nobleza de espíritu», un don excepcional, mucho más que su título de conde. A su generosidad le debo la mayor gracia de mi vida: el sacerdocio». 

«No conozco personalmente al Arzobispo Grünwidl; me escribió algunas cartas que no fueron particularmente cordiales, sino más bien autoritarias, a la antigua usanza. Hace poco recibí otra carta suya bastante dura, en la que me imponía repentinamente una «prohibición de publicación». Curiosamente, su forma de dirigirse a mí fluctuaba entre «tu» y «lei» (formal), lo que sugiere que no se siente del todo seguro, y su lenguaje lo refleja a la perfección. Escribió que si no respetaba la «prohibición de publicación», habría «sanciones» que incluso podrían incluir la «suspensión».

«En mi caso, la situación es casi ridícula: estoy jubilado y ya no ocupo ningún cargo oficial. Además, nunca he recibido un salario ni nada parecido de la Iglesia; simplemente fui asistente pastoral voluntario en la Catedral de San Esteban, puesto al que renuncié hace tiempo. Pero, al parecer, quieren atacarme y convertirme en un ejemplo por mi presencia en los medios. Nadie puede detenerlos. Pero no es algo que me tome en serio ni que me preocupe especialmente. No dice nada de mí, sino mucho de la Iglesia actual y del arzobispo Grünwidl, que se está ridiculizando de esta manera. Le escribí que hoy en día es bastante común imponer «prohibiciones» a quienes profesan la fe de la Iglesia, mientras que los críticos del celibato y los herejes permanecen impunes y pueden expresarse libremente. Esta es la tendencia de nuestro tiempo, y los obispos la fomentan sin reparos. Una tragedia». 

Nunca hubo conversación entre Grünwidl y yo, ni ninguna discusión sustancial. Desconozco cuáles de mis textos fueron criticados, y el arzobispo, por su parte, no puede demostrar si los textos en cuestión fueron autorizados por mí o falsificados. La sanción del arzobispo carece de fundamento sólido y, por lo tanto, sería legalmente nula. Sin embargo, impone arbitrariamente una «prohibición de publicación», como si tuviera poder absoluto. Esto es o bien una muestra de exceso de confianza o, peor aún, la típica manera en que un obispo trata a uno de sus sacerdotes, como se observa en todas partes, muy alejada de cualquier supuesto «sinodalismo» y buenas maneras. En Múnich, estas prácticas siempre han sido comunes; mis compañeros sacerdotes, que las han sufrido durante mucho tiempo, me lo recuerdan constantemente». 

«Describiría el comportamiento de Grünwidl hacia mí como autoritario; casi parece una caricatura de una época pasada: un «príncipe-obispo» que emite decretos y decide a su antojo sobre asuntos que conciernen a sus subordinados. La imagen pública que proyecta, por supuesto, es muy diferente: «sinodal» y algo «franciscana», pero resulta demasiado ostentosa y transparente». 

«En cuanto a la «prohibición de publicación» impuesta por Grünwidl, todo el asunto presenta un aspecto extremadamente problemático, ya que constituye una violación clara y flagrante de los derechos fundamentales. Nadie tiene derecho a restringir la libertad de expresión, ni siquiera un arzobispo. Quien intente hacerlo debe ser comparado con sistemas autoritarios, desde el fascismo y el comunismo hasta la situación actual en Rusia o China. Cuando Grünwidl, como muchos obispos, hace campaña a favor de «nuestra democracia» de una manera eficaz en los medios de comunicación (¡como si esa fuera la tarea principal de un obispo!), no resulta convincente en este contexto: cualquiera que actúe en contra de la libertad de expresión porque presumiblemente considera a la Iglesia un espacio sin ley en el que un obispo puede hacer lo que quiera no tiene ni idea de lo que es la democracia». 

«Llevo un tiempo pensando en despedirme de mis lectores. Mi salud no mejora y, solo por eso, tarde o temprano tendré que dejar de escribir. Por cierto, eso mismo le dije al arzobispo. (…) Nunca he escrito nada que contradiga la fe de la Iglesia; al contrario, con mis escritos he proclamado el Evangelio y preservado la fe tradicional, como prometí en mi ordenación. La promesa de obediencia no es superior a otros votos de consagración, ni los limita de ninguna manera. Sin embargo, lamentablemente, se ha vuelto común que muchos, especialmente en círculos más tradicionales, malinterpreten la obediencia como obediencia ciega. Esto, sin embargo, es una distorsión del verdadero significado de la obediencia. Además, la obediencia nunca es una especie de «contraparte» de los derechos fundamentales; eso sería absurdo. Un obispo que prohíbe la libertad de expresión hoy restringirá aún más los derechos fundamentales mañana.»

«Otro ejemplo ilustra bien la situación: hace más de un año, el arzobispo Grünwidl me pidió que pagara el impuesto eclesiástico en Alemania (!) «por obediencia», lo cual me parece bastante peculiar. Aunque no insistió más (lo que probablemente cambie ahora), esto también es muy problemático: confundir la petición de dinero con la obediencia es absolutamente inaceptable, pero demuestra cómo funciona la Iglesia en este país: «¡Haz lo que te dicen!», «¡Paga y obedece!» y, finalmente: «Renuncia obedientemente a tus derechos fundamentales».

» Ningún sacerdote debería callar, especialmente ante los abusos en la Iglesia actual, cuya auténtica autoridad magisterial ha sido parcialmente suspendida. No, sé que estoy libre de todo temor por mi seguridad; nadie puede hacerme daño. Siempre he vivido sin dependencias externas, y esto, por supuesto, solo me provoca más; me he acostumbrado a ello a lo largo de mi vida. Los «castigos» que ahora se infligen a los sacerdotes ortodoxos son arbitrarios y tarde o temprano seguramente nos afectarán a todos los que permanecemos fieles a la «antigua» fe: «suspensión», «secularización», «excomunión», uno tras otro o todos a la vez; nadie lo sabe. Detrás de estos insignificantes «castigos», sin embargo, subyace nada menos que un cuestionamiento del sacramento del Orden Sagrado: uno es sacerdote para siempre, y ni siquiera un papa podría cambiar esto, independientemente del «castigo» que se le imponga. Cristo mismo permanece fiel a cada sacerdote, y por lo tanto, cada sacramento que administra en su nombre es válido sin excepción. Esto es un gran consuelo y una gracia inmensurable. En este contexto, las acciones punitivas contra los sacerdotes ortodoxos se han convertido en una farsa, y ya no las tomo en serio. En última instancia, son un distintivo para quienes permanecen fieles a la Iglesia». 

«En realidad, nadie sabe qué es el «sinodalismo». Es una fantasía dudosa del Papa Francisco que, lamentablemente, no murió con él. En realidad, la Iglesia no utiliza este término. Además, por su propia naturaleza, no es «sinodal», sino católica y apostólica. Quien afirme lo contrario no es católico, ni siquiera un obispo o un papa. Detrás de la palabra clave «sinodal» no se esconde nada más que el intento fácilmente identificable de introducir herejías protestantes en la Iglesia y presentarlas como «católicas». En definitiva, es probable que Francisco y sus seguidores copiaran este método de los dictadores del siglo XX, pero sin duda no de Jesucristo. En resumen, la «Iglesia sinodal» es el legado de un pontificado desastroso, y parece que León XIV llevará a consumar este desastre, que lleva demasiado claramente la impronta del enemigo.

Descubrí la Misa Tradicional durante mi oposición al documento del Papa Francisco “Traditiones custodes”, e inmediatamente comprendí su riqueza. Por supuesto, la llamada «nueva misa» también es válida, pero como sabemos al menos por la «intervención de Ottaviani», presenta deficiencias notables. La Misa Tradicional, por otro lado, refleja plenamente la fe católica; refleja la esencia de la Iglesia en su forma más pura y sublime. La misa tradicional se ha convertido así en un punto de referencia para la ortodoxia y en un signo de la división que desde hace tiempo existe dentro de la Iglesia.

Personalmente, solo conozco a un sacerdote de la Sociedad Sacerdotal de San Pío X; aparte de eso, no tengo ningún contacto personal con ellos. Rara vez he tenido la oportunidad de participar en una Misa de la Sociedad Sacerdotal de San Pío X. Respecto a las ordenaciones episcopales: me llenó de alegría ver a los nuevos obispos consagrados. Debo decir que, por fin, hombres relativamente jóvenes que abrazan plenamente la fe de la Iglesia y que no habían llamado la atención antes de su ordenación con declaraciones que cuestionaran la fe católica. El mecanismo romano de la excomunión pertenece a la más oscura Edad Media, no a nuestra época; hoy en día ya no es aceptable para nadie, y a pesar de su modernidad y su actitud conciliadora hacia el mundo, esto no debería haber pasado desapercibido. La Iglesia se ha quedado rezagada de forma equivocada y luego se pregunta por qué casi nadie la comprende ya. Roma podría haber demostrado mayor magnanimidad y generosidad hacia la Fraternidad de San Pío X. Habría sido un gesto noble y apropiado, digno del Papa. Pero allí hay demasiada gente mediocre, como el cardenal Fernández o el cardenal Roche, enemigos declarados de la tradición católica y de mente muy estrecha. No desean la reconciliación con la Sociedad de San Pío X ni con nadie que comparta la fe tradicional. Al contrario, deliberadamente quisieron provocar lo que ahora afirman: un supuesto «cisma». Tarde o temprano, esto habría ocurrido de todos modos, no porque la Sociedad de San Pío X lo deseara, sino únicamente por voluntad de las autoridades romanas.

¿Te confesarías con un sacerdote de la Sociedad de San Pío X? ¿Por qué? En general, aconsejaría a todos los católicos que se confiesen con frecuencia, y yo mismo lo hago. Lo ideal sería confesarse semanalmente. Siempre agradezco la oportunidad de confesarme y la aprovecho siempre que puedo. Naturalmente, cada persona es libre de elegir a su propio confesor, y esto también se aplica a los confesores de la Sociedad Sacerdotal de San Pío X. Quien desee confesarse allí podrá hacerlo. Nadie será tratado con condescendencia. Yo mismo nunca me he confesado en la Sociedad Sacerdotal de San Pío X, simplemente porque nunca se me ha presentado la oportunidad. La afirmación de que las confesiones administradas por la Sociedad Sacerdotal de San Pío X ya no son válidas es un completo disparate. Si bien es cierto que un sacerdote necesita el permiso del obispo para oír confesiones, esto es simplemente una cuestión canónica que no afecta ni la autoridad sacramental del sacerdote ni la validez de la confesión en sí. La facultad de perdonar válidamente los pecados se confiere a cada sacerdote únicamente mediante su ordenación válida. De lo contrario, un obispo también podría autorizar a los laicos a confesarse, y solo entonces las confesiones serían verdaderamente inválidas. Una confesión válida dentro de la Sociedad Sacerdotal de San Pío X siempre es posible bajo cualquier circunstancia. Quien lo niega, niega en última instancia el carácter sacramental de la ordenación sacerdotal, así como el de la confesión.  ¡Ni siquiera el Papa puede declarar la validez de los sacramentos con un simple trazo de pluma! Esta autoridad pertenece solo a Dios, y tenemos todo el derecho a insistir en este punto ante el Papa.

 

«En verdad os digo que en el día del Juicio Sodoma será tratada con menos rigor que tú». 

Buena lectura.

 

 

 

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